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Un reportero con pretensiones de cronista intentó pasar una noche en el Metro de la capital. Para lograrlo no se le ocurrió nada mejor que pedir permiso. Craso error. En este país sigue siendo mejor pedir perdón que solicitar permiso. Con el pretexto de que vería cómo se le daba mantenimiento nocturno a la red de transporte colectivo, le concedieron la gracia de entrar alas vías junto con un equipo de Tele Azteca encabezado por un presentador estrella de los noticiarios. La cita era a la medianoche en la estación Miguel Ángel de Quevedo, línea 3, al sur del Distrito Federal, cerca de Ciudad Universitaria (a dos paradas sobre la misma línea) y a un paso de las librerías Gandhi y El Sótano. Acompañaban al presentador estrella dos camarógrafos y un técnico de sonido. El equipo de exploradores que fue creciendo de forma notable. Carlos León Reyes, de protección civil del Metro, daba las consignas antes de poder bajar a las vías. "A la barra guía no hay que tenerle miedo,pero sí respeto", decía. A las 0:27 horas pasa el último tren en dirección a Universidad procedente de Indios Verdes. En la dirección opuesta hace tiempo que pasó el postrer convoy. La estación cierra oficialmente a las 0:30 horas. El ingeniero José García Bazán, designado por el Metro como el guía de los exploradores nocturnos, explica frente a las cámaras lo que se disponen a presenciar: van a ver el trabajo de una cuadrilla que dará "mantenimiento preventivo" a las vías. 00:45 horas. Suena una alarma que indica que la energía de las vías ha sido cortada. Todavía hay que esperar a que den el aviso por los altavoces, que llega 10 minutos más tarde. A las vías se accede por una escalinata que siempre se verá infinitamente más pequeña al momento de estar pisando los peldaños. No es fácil caminar en eltúnel del Metro. Al centro de los rieles de seguridad, que constituyen las vías propiamente dichas, hay enormes manchas de grasa que pueden hacer la función de cáscara de plátano y llevar al transeúnte directo a la lona o, mejor dicho, a las lajas que forman un lecho de piedras para las vías. Además están los durmientes que sobresalen ligeramente de tanto en tanto. Los de la cuadrilla, que son los únicos que de verdad tienen trabajo y, seguramente, mucha más costumbre de andar por los túneles, se adelantan al resto de la comitiva y sin mayor protocolo se ponen a darle a su dura faena sin importarles ni mucho ni poco las cámaras que se acercan. Se escucha el golpeteo de metales. Trabajan en un cambio de agujas. ¡Clang, clang,clang, clang! Se oye el choque constante entre la herramienta y la barra. El presentador estrella entrevista a uno de los obreros, que suda como un manantial. La pregunta es elocuente: "¿Es pesado el trabajo?". A manera de respuesta lo podía haber salpicado de sudor, pero el tipo le responde con su mejor sonrisa: "Sí, está pesado". El presentador transpira lo suyo. No es que haya hecho un gran esfuerzo, pero el calor del túnel, la chamarra de piel y la luz del reflector también producen su efecto. Cumplido el trámite con el breve interrogatorio, los exploradores de este miniviaje al centro del planeta se adelantan unos cinco metros más sobre el túnel para hacer la toma del presentador con el equipo de mantenimiento al fondo. Una mera escenografía de la odisea nocturna. Se encienden las luces. ¡Silencio!, comienza la toma. "Son las tres de la madrugada y aquí, en el Metro, el trabajo no para", dice elpresentador. El reportero consulta su reloj que marca la 1:45. "Bueno, ya tenemos suficiente material", afirma el presentador e inicia el regreso sin que nadie en la tierra o abajo de ella se atreva a contradecirlo. Pasan quince minutos. Los periodistas salen a la superficie. Son las tres de la mañana... en el reloj de TV Azteca. El del reportero aprendiz de cronista marca las dos de la madrugada. En tres horas más se reanudará el servicio. NOTA: Les informo a los tres lectores de este blog que comienzo una nueva etapa en mi vida y que si nada lo impide ya les iré informando en este espacio de la evolución. El escrito anterior lo realicé para un taller de crónica que se impartió en EL UNIVERSAL hace ya tres años. Espero que les haya interesado.
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