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Anteayer el jerarca de la Iglesia Católica, Joseph Ratzinger, dijo en Camerún, África, que el condón no era un método eficaz para evitar el contagio con el virus de la inmunodeficiencia humana causante del Sida, sino la abstinencia sexual. Camerún es un país donde han fallecido 25 millones de personas por este síndrome; 22 y medio millones son seropositivos.
La semana anterior el nuevo presidente de Estados Unidos, Barak Obama, quitó las restricciones legales que había impuesto su predecesor George Walker Bush para la investigación científica con células “troncales”, las primeras células de ser humano que aún no tienen una función definida y, por lo mismo, podría conocerse cómo inducirles en laboratorio una función.
El avance en la investigación podría en corto plazo ayudar a restaurar tejidos o reemplazar órganos deteriorados.
El joven e informado presidente estadounidense arguyó que, a su juicio, la investigación científica debe normarse con criterios científicos y no con criterios ideológicos o creencias. Ello no quiere decir que los doctores Frankenstein (si los hay) hagan lo que se les pegue la gana, como el nazi Menguele. Un aplauso para el presidente Obama, aunque bien cabría preguntarle ¿cuál es el criterio que se usará para producir armas químicas, bacteriológicas o nucleares en su país?
En el caso Ratzinguer, egresado de la heredera del Santo Oficio, la Congregación para la Propagación de la Fe (la inventora de la propaganda), si como suponemos y queremos creer que ha sido célibe, que de esas cosas de las relaciones sexuales desconoce porque no las ha practicado por votos de fe, por voluntad propia, ¿con qué calidad define que la manera eficaz de enfrentar el Sida es ¡con la abstinencia!?
Homo sapiens surgió bastantes millones de años antes de los 40 mil años que dicen las santas escrituras. Somos desde entonces una especie mamífera (y no hace tres mil años) que se reproduce sexualmente, la sexualidad es sustantiva en nuestro ser vivos. Proponer la abstinencia sexual para evitar enfermedades venéreas es tanto como sugerir dejar de comer para no enfermarse del estómago y no, mejor, inducir el hábito o educación para la higiene como lavarse las manos antes de comer o de manipular alimentos; lavar las frutas, verduras y legumbres o hervir el agua, freír las carnes y los pescados.
Por demás, con al avance civilizatorio, el enriquecimiento de la cultura con el arte, la ciencia y las humanidades hemos desarrollado el erotismo, la sexualidad ya no es sólo una función reproductiva. El (retro)virus de la inmunodeficiencia humana, como en su momento lo fue el causante de la poliomielitis o la devastadora viruela, no se logrará erradicarlo con cubetadas de moral, agua bendita, con imposiciones sustentadas en ideologías o creencias, como bien ha dicho el presiente Obama, sino con conocimientos surgidos de la investigación científica.
Por ahora sabemos que quienes se contagian del VIH es por ignorancia, hipocresía o narcodependencia. Las relaciones sexuales sin condón no son la única vía de contagio del VIH, también lo es introducirse agujas o cualquier otro objeto contaminado con el virus pero, sobre todo, la ignorancia de todo lo relativo a las relaciones sexuales.
Los millones de muertos y contagiados por Sida en Camerún, señor Ratzinguer, es por la pobreza, el egoísmo de las democracias occidentales obesas a las que bendice (y de las que forma parte), carencia de hospitales bien equipados, escuelas, universidades, institutos y centros de investigación, fuentes de trabajo y siglos de colonialismo europeo. ¡Por favor, a esos humanos no les pida abstinencia, que es pedirles dejar de ser humanos! ¿O acaso es una nueva propuesta de “solución final” para los negros? (“Solución final” es el eufemismo que usó Hitler para eliminar a los judíos).
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