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En ausencia de esperanzas el mundo mira a Obama. Nietzsche decía que la esperanza es el peor de los males. Pero creo, que en ésta ocasión, la esperanza global se convierte en refugio al que acudimos los que deseamos escapar del laberinto del pesimismo. La esperanza no es el peor de los males, carecer de ella genera una bocanada de indolencia; es decir, de una posible intoxicación de los sentimientos.
Obama supo que él representa la esperanza global el día en que visitó Alemania durante su campaña electoral. Los alemanes se entregaron a sus brazos. Ese día McKain se enteró que ganar la elección sería una misión imposible. Tú, lector, me dirás que el mundo no votó en las elecciones de los Estados Unidos. En efecto, pero la figura de Obama, con su historia, con su sangre africana y estadounidense, con sus mensajes frescos, sedujo al mundo. Las redes desdobladas por la globalización lo convirtieron en un metapresidente.
Y es que para resolver los problemas globales se necesita de un metapresidente, es decir, un presidente global. Un liderazgo que reinvente la confianza erosionada por la corrupción de los financieros, de los políticos; de las pirañas omnipresentes.
Su mensaje de toma de posesión, realista. Es decir, dejó a un lado la retórica que tanto gusta a las emociones y a la nostalgia. De esa retórica de lo inútil. Porque con la retórica también se miente (con palabras de terciopelo). Su discurso desmontó la ficción publicitaria que se origina en toda campaña electoral.
Independientemente de los resultados que arroje la administración del presidente Obama, Estados Unidos ya cambió. Y cambió por los ocho años en que Bush levantó la bandera del odio. Su obsesión fue arreglar los problemas de la globalización a través de la guerra. Marginó a la política como lenguaje de la civilización. No creía en la globalización. Se burlaba. Las balas fue su legado perverso. Estados Unidos cambiará con Obama simplemente por la razón de que Obama es un negro geocéntrico: Antropología política; sociología de las percepciones que motivan cambios; psicología que azuza al bienestar. Bush agotó la confianza el día en que ordenó el ataque a Irak. Primera víctima: la ONU. Se acabó.
Junto a la figura de Obama, algunos personajes se convertirán en caricatura, algunos ya lo son. Muchos otros se convertirán en actores cuenta chistes. Pensemos en Hugo Chávez, en Ortega, de Nicaragua, en Berlusconi, el actor machista. ¿Y qué decir de los dictadores?
Junto a las políticas que Obama esbozó durante su campaña, algunas propuestas de los caricaturizables son abominables. Pensemos en México y el interés por multar a quienes expresan su amor a través de un beso. ¿Regresamos a la novela orweliana, 1984, en la que los personajes tenían que marcharse de la ciudad al campo para besarse, claro, dudando de que detrás de los ojos de un bello pájaro estuviera una cámara de video?
La frase del discurso de Obama del día de ayer: “Extenderé la mano esperando que otros abran el puño”.
La globalización necesita de Obama; Obama necesita de la globalización.
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