| |
|
| |
Clientes dispuestos a empeñar en el Monte de Piedad |
Mario Andrés Landeros
En el Monte de Piedad es posible ver joyas y alhajas por montones, a granel. Lo que para cualquier comprador son unos gramos de oro, para una familia pudiera ser una promesa, un compromiso o un recuerdo que ha pasado de generación en generación.
Lorenza acudió ayer al Monte de Piedad. Ha ido varias veces y cree que no hay mejor opción para salir de apuros. Todas las veces ha ido a empeñar las arras que su marido le entregó haca ya más de veinte años "para que no falte el dinero en nuestro hogar, sí cómo no" ríe.
Contra lo que se esperaba, la cantidad de personas que han acudido este enero a empeñar bienes en el Nacional Monte de Piedad ha sido más bien escasa, "la magnitud de la crisis no se medirá en la cantidad de gente que vaya a empeñar, sino en el índice de abandonos que se podrían presentar en esta temporada" cuentan trabajadores del Monte. Esperamos que en abril, mayo y junio los empeños aumenten, ahí sí nos pegará el golpe, señalan.
Se llama abandono cuando una persona no refrenda una prenda empeñada en un plazo de 15 meses. El índice de abandonos es por lo general el 30% de las prendas empeñadas, es decir, de 10 personas que empeñan, 3 pierden lo empeñado. Esta temporada el índice de abandono poco a poco ha empezado a aumentar, valuadores del centro de empeño esperan que el abandono llegue hasta el 60%, es decir, que de 10 personas, 6 pierdan el objeto por falta de pago.
Y en realidad no hay con qué sacarlas, comenta Jesús Ibarra que ya ha perdido un par de cadenas y espera no perder una escalva que acaba de empeñar: "las he perdido no porque quiera, sino porque no he podido sacarlas a tiempo, espero que con mi escalva no pase lo mismo".
Son varios los elementos que ayudaron a que este enero el edificio de empeño no se desbordara con personas dispuestas a dejarlo todo, entre ellos la difusión que ha tenido la crisis, pues "la gente ha sido más precavida al gastar su dinero. De esta manera ha gastado poco en posadas, regalos y vacaciones, y ha ahorrado para el regreso a clases, por lo que no se ha presentado en grandes cantidades como en otros años", relataron funcionarios.
"Fue en el 94', con la salida de Carlos Salinas de la Presidencia cuando más gente hubo en el Monte" recuerda Odilón García, cliente de la institución, "en ese año, sin trabajo, tuve que empeñar antigüedades de la familia que con tiempo y mucho esfuerzo pude recuperar".
Conforme se camina por las vitrinas es posible encontrar anillos de compromiso, de matrimonio, de graduación, aretes que en otro tiempo fueron una disculpa o bien un regalo suntuoso. El metal puede valuarse, pesarse y medirse, el afecto emocional que se tenga por una joya no, eso lo saben bien los valuadores.
También hay medallas olímpicas. Preseas que en algún tiempo fueron el reconocimiento mundial a los mejores de cada disciplina; hoy lucen como testigos de tiempos duros, más duros aún que competencias de alto rendimiento.
A la entrada del edificio en la colonia Centro es posible encontrar a los coyotes, personas que preguntan qué se vende y prácticamente compran de todo, desde alhajas hasta boletas de empeño. "Te rasguñan bien feo - se queja Goyo, cliente de varios años - de lo que en realidad vale la prenda te dan una miseria, y por lo general la gente que vende sus cosas es por que de plano ya está desesperada y se conforma con cualquier cosa, que da sus bienes por perdidos".
"Hay personas que no hacen uso del Monte como casa de empeño, sino como caja fuerte" asegura Miguel, pues en sus años como comprador ha visto como la gente deposita sus pertenencias no porque necesite el dinero, sino porque tiene la confianza de que en el Monte de Piedad la prenda está segura, muchas veces más que en su casa.
"Es por los años y la confianza que la gente tiene en la institución. También vienen muchas personas que son solas o ya muy grandes y que no tienen ya con qué mantenerse - continua - en realidad y si me pongo a pensar, no todos pueden darse el lujo de venir a empeñar, digo, no todos tienen en su casa alhajas o aparatos o algo con qué disponer para casos de emergencia. Los deveras jodidos no vienen para acá" reflexiona.
Doña Juanita, también asidua a la casona recuerda que "anteriormente se aceptaban juguetes, pero esto ya no pasa, porque los papás bien gandallas le quitaban el juguete al niño e iban a pagar el préstamo que habían pedido, y luego lo sacaban para dárselo. Ahora no sé qué otras cosas podremos empeñar" finaliza.
|