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Los propósitos de año nuevo guardan la insatisfacción no reconocida. Se busca al azar para que nos rescate del marasmo. ¿No queremos darnos cuenta de que la libertad la tenemos a nuestro alcance?
Se ha convertido una obsesión en buscar al azar. En ganar la lotería; en que el banco nos condone la deuda; en ganar 1000 por ciento más de los merecemos; en que los políticos hagan algo por nosotros; en vivir en Disneylandia; en que el Estado le retire la concesión a Salinas Pliego (TV Azteca); en que la felicidad se encuentra en la buena figura.
Buscamos al azar porque estamos desesperados.
Se busca la honorabilidad del fanatismo, del esoterismo cubierto por bromas. Buscamos, buscamos, buscamos porque nos encontramos insatisfechos.
Pero qué buscamos. Tuvimos 365 días para ser mejores. Para no mentarle la madre al que conducía el auto que tardó 5 segundos en percatarse en que el semáforo se encontraba en verde; tuvimos 365 días para percatarnos que teníamos que pagar impuestos; tuvimos 365 días para no creerle a la burbuja mediática que nos dibujaba otro México; tuvimos 365 días para darnos cuenta que el narcotráfico no forma parte de la ciencia ficción. Pero no. Valoramos a los propósitos como un enfermo de los pulmones valora al tanque de oxígeno.
Nos deseamos felicidades; nos abrazamos, brindamos, sonreímos, cantamos los últimos 10 segundos del año; simulamos la esperanza; y, finalmente, buscamos al azar.
Buscamos la felicidad como protagonistas de un spot publicitario. Pero la buscamos en el iPod; en el Wii; en el coche del año.
Somos esclavos del consumo porque en él encontramos lo que no vemos en la pareja, en los amigos, en los vecinos. Nos encontramos en peor momento de la deshumanización y aún no nos percatamos.
Los propósitos de fin de año se repiten desde hace décadas. Adelgazar, ahorrar, evitar las borracheras y los desfiguros. ¿Son propósitos o se trata de un conjunto de puerilidades?
Nuestro problema es que no conocemos la distancia que separa nuestras circunstancias con lo que vemos en la televisión. ¿Los políticos nos escuchan?
Veamos lo que nos obsequia el 2008, un año que resume a los anteriores siete. Época de incredulidad.
1. Concluyen los ocho años de máxima mediocridad en el liderazgo presidencial en los Estados Unidos.
2. Las finanzas se desnudan. Ahora sí vemos a la ambición y al poder como los generadores de la crisis global. La concupiscencia nos excita.
3. Israel despide al 2008 matando a niños, es decir, a la esperanza.
4. La voz de Hugo Chávez se apaga conforme disminuye el precio del petróleo.
5. Cristina Kirchner se convierte en apóstol del populismo.
6. Lula da la cara por América.
7. Sarkozy se percata que el pragmatismo genera rating.
8. López Obrador comienza a pagar el costo de la irresponsabilidad.
9. Felipe Calderón se percata de que la virtualidad de las campañas provoca ceguera; monopoliza su agenda en el narcotráfico ¿o son los medios que rentabilizan el miedo?
En fin.
Mi propósito de año nuevo es olvidarme del azar.
Feliz 2009
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