Del esteticismo navideño de antaño sólo queda la seducción publicitaria: “Lo único que quiero, es que sepas lo que quiero”.
Siegfried Kracauer, un crítico cultural que trabajó en un despacho de arquitectos, contemplaba en el estadio olímpico de Berlín, en 1927, a las Triller Girls, un grupo de bailarinas disfrazadas con traje de baño. Todas ellas, sincronizadas, alzaban sus piernas al unísono, como en la actualidad lo hacen las porristas animadoras en los partidos de futbol americano. Las chicas representan el espejo estético de los espectadores alineados en las tribunas: “Las manos de la fábrica corresponden a sus piernas”, escribió Kracauer. Ellas formaban parte de un fenómeno más global de la vida urbana que incluía música, viajes, fotografía, best sellers y, como el ejemplo del estadio olímpico, espacios para los espectáculos deportivos, y que Kracauer denominó ornamento de masas.
La Navidad en el siglo XXI se ha convertido en un espectáculo del capitalismo informacional, estetizante y globalizador. Del estadio olímpico del que nos hablaba Kracauer a las tiendas Zara a las que acuden miles de personas para recibir una serie de adiestramientos con el objetivo de pertenecer a ese ejército posmoderno llamado moda. De los desfiles fascistas energetizados por el nacionalismo (patología etnocentrista que azuza a los sentimientos bélicos) a los desfiles en los centros comerciales energetizados por el aspiracionismo, patología egocentrista/ comercial cuyo síntoma se encuentra en el número de tarjetas de crédito.
La Navidad es un disfraz con el que cubrimos el alma debilitada por la realidad. El personaje del año 2008 mexicano es el miedo. El presente año será recordado por la cifra de los más de cinco mil ejecutados y por la semiótica trágica de las familias Martí y Vargas. Por lo tanto necesitamos simular el carácter indolente que nos ayudará a recibir el 2009. Qué mejor que la apreciación esteticista del ornamento navideño: millones de focos que deslumbran las capas racionales; árboles que ayudan a abandonar la cultura del asfalto para regodearnos con el olor de los pinos que simulan el hábitat de un bosque; seres infantilizables como Santa Claus y su vestimenta subliminal de la chispa de la vida, alias Coca Cola o los tres Reyes Magos distribuyendo Wii, Xbox o el iPhone.
Las principales calles, pueblos, viviendas y todos los espacios públicos se revisten con el ornamento navideño. Uno de esos espacios emblemáticos es el Zócalo del DF. El espacio que acumula historia política lo convierten en el parque temático de la fantasía: pista de hielo con nieve simulada de los Alpes franceses, toboganes similares a las resbaladillas rusas y fábrica de muñecos de nieve mimetizados de películas hollywoodenses. La democracia de la ludopatía; la revolución de las ficciones; la victoria de la Navidad, la moda y el nihilismo. Así será la Navidad 2008.
Al final de la reflexión sólo nos quedan los dictados de la publicidad: Las Triller Girls del siglo XXI. “Lo único que quiero, es que sepas lo que quiero”. La publicidad como el molde ideológico que nos invita al Matrix navideño. En el nihilismo parece que todo sucede, que todo es posible. Que la estética es una oferta democrática. Pero en realidad, todo es un cascarón vacío.
Feliz Navidad si logra salir del Matrix ornamental. Feliz Navidad si logra quitarse el disfraz con el que cubre su alma debilitada. “Lo único que quiero, es que sepas lo que quiero”.
“Lo único que quiero, es que sepas lo que quiero”... la frase es endemoniadamente buena, solo alguien que sabe de la construcción de la subjetividad humana, en especial de la subjetividad femenina, pudo haberla diseñado... da en lo más profundo del ser... imagina nada más todo lo que encierra! saludos,
RESPUESTA DEL AUTOR: Eva María, la frase, para mí, es tan ambigua como lo es la retórica.
Saludos
Enviado por Eva María - 17-diciembre-2008 a las 22:56
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La Navidad como democratización del derecho al consumo (no importa si al playera Abercrombie no se consigue en Palacio de Hierro, seguramente Tepito también la tiene y cinco veces "más bara"; los mercados informales garantizan la "inclusión" al poner los objetos emblemáticos de la globalización al alcance de todos; la Navidad como simulación del turismo, como pretexto para recrear hermosos paisajes en la miseria del entorno urbano ("señora, señor, niño, damita: ya no tiene Usted que viajar hasta las Rocallosas, los Alpes suizos o a Bariloche para disfrutar de la nieve o de los deportes invernales; ahora se los traemos precisamente hasta acá, hasta el meritito corazón de la gran ciudad, a unos pasos del Metro Zócalo y Pino Suárez. En la renta de un par de patines llévese una orden de tamales oaxaqueños o unos tlacoyos surtidos"). Los pobres sueñan con patinar; los políticos como Ebrard en construir clientelas satisfaciendo los deseos más recónditos de las masas frustradas: "Jamás me imaginé que mi hijo fuera a conocer la nieve", dice una conmovida madre, mientras su vástago hace los pininos asistido por una atenta instructora de patinaje contratada por el Gobierno del Distrito Federal. El Zócalo, el espacio público más simbólico de la capital, "secuestrado" por una celebración navideña cuyo espíritu es el cálculo político; ya nomás nos hace falta que René Bejarano sea el encargado de entregar los pases de entrada a la pista, previa afiliación de los visitantes al Movimiento Nacional por la Esperanza. Querido Fausto, como siempre te felicito por la inteligencia de tus apuntes de cada semana.
RESPUESTA DEL AUTOR: Mario: mencionas que se democratiza el consumo, pero yuo preguntaría si el consumo, en particular la moda, ¿será un ingrediente fundamental en la democracia? Creo que sería mucho más importante que la aplicación de la ley se democratizara. Suena feo. Pensar que las leyes no se aplican por igual es pensar en un Estado sin derecho.
Gracias
Enviado por Mario García - 17-diciembre-2008 a las 19:44
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El consumo es vida. Vivimos a través de la materia, lo metafísico es un simple complemento. En este sentido, la navidad no es más que festejar la vida y sus medios. Cuando estemos muertos nada será materia, todo no será. Saludos.
RESPUESTA DEL AUTOR: Me quedo con tu frase: "El consumo es vida". ¿Y la vida es consumo?
Saludos
Enviado por Manolo - 17-diciembre-2008 a las 18:51
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Asi es Fausto estamos Globalizados , pero la Publicidad es pilar de las 4 Ps de la Mercadotecnia : Precio , Plaza , Producto y Promocion Base de las Ventas en Todo el Mundo no podemos escapar de esa realidad no lo veo Mal es como ir a una Jugueteria y ver todos los Juguetes ahi cada quien compra lo que quiere y puede nadie te obliga con una Pistola . Ademas esta Mercadotecnia Paga LAS CUENTAS de todos Nosotros al venderse los Productos/Servicios que promocionamos , vendemos , diseñamos , administramos , mostramos , etc. Lo CUAL NO ESTA NADA MAL !! Ya el Sentido que Cada quien le de a la Navidad es problema de uno !!!
RESPUESTA DEL AUTOR: En efecto, estamos en la plenitud de la globalización del imperio del marketing. Ya conocemos los efectos negativos.
Saludos
Enviado por JL - 17-diciembre-2008 a las 16:43
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Pues la gran cosa sería poder comprar todo lo que la publicidad sugiere, pués significaría que hay trabajo y sueldo suficiente para hacerlo y con ello generar un virtuoso círculo con el que puedes hacer ganar a México. La verdad es que todo se queda en esperanzas frustadas. La navidad son regalos, y si no puedes darlos, se desmorona el alma. Regalar afecto no es cuestión de un día, sino una labor constante, demostrarlo, es conseguir el fin del esquema de supervivencia de toda la industria: sin consumo no hay salida de la crísis. ¿Cómo vamos a hacerlo?
RESPUESTA DEL AUTOR: Gracias por tus comentarios pero disiento de tu frase: "La Navidad son regalos, y si no puedes darlos, se desmorona el alma". Ufff. Es dura.
Saludos
Enviado por Susana Jauregui - 17-diciembre-2008 a las 13:44
Nos dicen que la globalizació es culpable de todo lo que ocurre en el planeta Tierra. Y quizá en Marte también. Lo mismo reposa en los sillones una cafetería que en los pasillos de Wall Street.
Convierte museos en parques de diversiones; cómicos en políticos y a políticos en cómicos.
A la mercadotecnia la hace mutar en un nuevo planeta en el que viven los aspiracionistas, el único segmento social que podrá vivir, imaginariamente, bajo las nuevas condiciones climatológicas del mercado.
Algo sucede en el mundo para que personajes como Damien Hirst se haga pasar como artista y cobre 63 millones de euros por una calavera cubierta por 8,601 diamantes o que, en Irán, al clérigo Mohamed al Munajid, se le haya ocurrido emitir un edicto de muerte contra Mickey Mouse por considerarlo un soldado de Satán.
Globali...¿qué?