Nació en París aunque es universal, se inspiró en la guerra pero busca la paz, y a sus 60 años es más actual que nunca. La Declaración Universal de los Derechos Humanos cumple hoy 60 años y pareciera que se escribió ayer.
Debido a las atrocidades desencadenadas por la Segunda Guerra Mundial, en 1948 la Organización de las Naciones Unidas impulsó una declaración que puntualizara todos los derechos humanos a los que un hombre, mujer o niño, mínimamente, podría aspirar. Con guerra o con paz.
De esta forma, casi al mismo tiempo que la bomba atómica, esta carta de derechos fundamentales poco a poco creció en fuerza y en difusión; no por nada se ha traducido a 330 idiomas, equiparándose en cantidad sólo con la Biblia cristiana.
La declaración era joven cuando al miso tiempo, el mayo francés, la primavera de Praga y el 68 mexicano soñaban con una sociedad más equitativa para el mundo. La consigna era simple: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.
En 1979 y teniendo 31 años, la parisina promovió, de manera indirecta, la convención internacional contra la discriminación hacia las mujeres. Su madurez llegó cuando caía el muro de Berlín. Con él, otra utopía que nunca alcanzó a ser.
A México llegó de manera formal en 1990, con la creación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, encargada de procurar, difundir y vigilar los principios básicos de existencia en el territorio nacional.
Acteal y la guerra sucia de los 70 son sus más grandes pendientes.
Su influencia es tal, que ha inspirado diversas convenciones. La de 1984 en contra de la tortura, la de los derechos de los niños y la creación de la Corte Penal Internacional (CPI) en 1998 pueden ser considerados vástagos de la parisina idealista.
Más que un pacto o un tratado internacional, sus 30 artículos son una declaración de principios a los que toda nación debe aspirar.
Sin embargo, como no tiene carácter coercitivo, la declaración poco ha podido hacer ante los genocidios en Ruanda y en Bosnia, así como en el conflicto árabe-sraelí, nudo de la región desde mucho antes que la declaración naciera.
La parisina tampoco ha impedido que, en su nombre, se cometan atrocidades como violaciones sistemáticas bajo argumentos como la seguridad del Estado o la seguridad nacional, tales como los vacíos legales de la cárcel de Guantánamo o las incursiones militares en Afganistán e Irak.
A sus 60 años cabría preguntarse si su jubilación está cercana, si es ya obsoleta o si necesita actualizarse de acuerdo a los tiempos que corren.
A diario, artículos como el segundo que, garantiza la igualdad entre hombres y mujeres, o bien, el 26, que aboga por el derecho a la educación, son pisoteados e ignorados. Hacen pensar que la declaración es más una lista de buenos deseos que principios fundamentales a todo ser humano.
Sin embargo, la declaración no debe ser interpretada como un documento caduco y obtuso, sino como un “ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse”.
Desde su nacimiento no fue nunca impositiva, es más bien una promesa de alcances universales, que requiere del esfuerzo de millones de personas durante muchos años, de todos hacia todos.
Es un consenso de un mundo mejor, un esfuerzo por redefinir al hombre, a partir de su dignidad. Sin distinción.
Es un texto muuy inspirador... “Seamos realistas, pidamos lo imposible” es algo que todos deberíamos aplicar siempre, no sólo en este aspecto. Gracias por escribir así.
Enviado por Ruth Joshavel Muñiz - 10-diciembre-2008 a las 21:15
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Para Elí:
Me parece muy hermosa la analogía que haces; en efecto, la Declaración se ha vuelto una mujer hermosa, casi tanto que parece inalcanzable, belleza digna de ser esculpida en el más blanco mármol.
Los ideales están ahí, para definir quiénes somos, y cómo queremos vivir.
Muchas gracias por tus palabras.
Enviado por Mario Andrés - 10-diciembre-2008 a las 14:09
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Para el lector:
Estoy de acuerdo con la postura que presentas. A mí también me gustaría que se impusieran estos principios para una mejor vida común.
Aunque la declaración ha insipirado numerosos tratados internacionales, es cierto que no es impositiva, y por su naturaleza no puede serlo, sería casi una contradicción a su espíritu más básico, lo cual es un poco contradictorio.
Un saludo y un abrazo.
Enviado por Mario Andrés - 10-diciembre-2008 a las 14:05
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Para Roberto:
Coincido en que es necesario un análisis profundo de las violaciones a los derechos humanos en el territorio nacional, no sólo en el terreno de la libertad de expresión, sino en los rubros de educación y trabajo, que podrían ser aún más graves.
Saludos.
Enviado por Mario Andrés - 10-diciembre-2008 a las 14:00
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Creo que seria de gran importancia que en el 60 aniversario de la declaración universal de los Derechos Humanos, hagamos un análisis profundo de la actitud que ha tenido México para cumplir con estos derechos fundamentales del Hombre, sin duda habrá datos muy interesantes e incluso prometedores, pero también nos podremos encontrar con una gran mordaza del gobierno al derecho de expresarnos libremente, sobretodo exponer nuestras ideas, necesidades y criticas a los partidos y políticos.
Enviado por ROBERTO VELEZ - 10-diciembre-2008 a las 13:05
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Estoy de acuerdo en que la Declaración nace como un ideal necesario para la tranquilidad y el sano desarrollo del ser humano. La idea original de los Derechos Humanos surge cuando en Francia se desarrollaba toda una gesta social que sacudiría al mundo entero y cuyos principios originales sirvieron de modelo para la creación de moldes constitucionalistas como lo es el caso de Estados Unidos de Norteamérica y de nuestro país, Los Estados Unidos Mexicanos. Difiero, con el debido respeto, de aquellas voces que pudieran señalar que la Declaración no debe ser impositiva, creo que ahí es donde ha estado el fallo, el cortocircuito que ha impedido que nosotros -los humanos- aceptemos a cabalidad los principios de la misma. Lamentablemente nuestra estructura "molecular" como seres humanos a dado pie para que los historiadores nos pongan como una raza cuya conducta debe estar sometida bajo principios legales para poder dar -medianamente- cumplimento a esos espíritus idealistas que son nuestras propias leyes, las mismas que desde el derecho romano -donde empiezan a ser reguladas- nos hemos visto en la necesidad de tener que ir creando para poder normar nuestra conducta entre nosotros mismos porque somos incapaces de ser disciplinados voluntariamente, necesitamos que nos tengan cortos, nuestra genética no sabe de otra conducta y ahí están las páginas de la historia que nos describen aterradoramente en forma promedio. En el caso particular de nuestro país, creo que es el momento de pensar en dar un golpe de timón y proyectar vanguardistamente este ideal universal: O se incluye dentro de las normas jurisdiccionales, o se piensa en la forma de como volverlas impositivas dentro de su propio marco legal que hoy las conduce. Fuera de ello, seguiremos viendo como los organismos creados para su ejercicio, siguen chupando presupuesto y dando chamba a unos cuantos desempleados . . .
Enviado por lector - 10-diciembre-2008 a las 11:52
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Tienen razón, no es impositiva.
Las normas impuestas, como las constituciones, dejan de funcionar cuando la sociedad que las sustentaba llega a cambiar. La sociedad cambia, cambia su gobierno, y con el, cambian sus leyes. Al ser la sociedad la que sustenta y crea esas leyes, tiene la libertad de modificarlas cuando su utilidad se ha terminado, cuando de hecho, se convierten en un estorbo para la población gobernante. Leyes como las que consideran los abortos, la eutanasia, o la venta y consumo de drogas como algo ilegal, pueden ser modificadas.
Lo que es legal, no siempre equivale al ideal de justicia que surca las profundidades del corazón humano.
Lo legal, debería pues, sustentar y fortalecer el ideal.
La Declaración, tienen razón, no es obsoleta. Son nuestras leyes, las leyes que hemos permitido y que toleramos las que han dejado de apoyarla. La hemos vuelto una niña indefensa, si alguien que la escuche. La hemos convertido en una jovencita hermosa, pero incomprendida, sin alguien que la desee, sin alguien que este dispuesto a sacrificarlo todo por ella.
La Declaración, como lo indican, es un ideal. Los ideales no envejecen, simplemente son olvidados.
La Declaración, es el reflejo de los anhelos de la humanidad. Su deseo de vivir en paz, su cansancio de las guerras y de los abusos. Su sufrimiento por los desamparados, por los débiles. El sueño de aquellas sociedades utópicas que fracasaron, es también el sueño de los capitalistas. El sueño de paz de la humanidad.
Agradezco que la recuerden, agradezco su invitación... Yo también, casi la olvido...
Enviado por Elí - 10-diciembre-2008 a las 08:41
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buen dia, considero que los derechos humanos no siempre son aplicados, pero ¿ceen que exista una igualdad en la actualidad entre el hombre y la mujer?.
Enviado por Guadalupe Ramos Martinez - 10-diciembre-2008 a las 07:46
Como jóvenes y como periodistas nos interesan muchísimos temas: desde la globalización, la política, el empleo, el desempleo y el costo de la vida en México, hasta los deportes, el ánime y el rock, pasando por la sexualidad, la cultura y lo que piensa nuestra generación tanto de sí misma como de las anteriores y de las que van llegando.
Egresados de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la mayor parte de nuestro desarrollo profesional ha cobrado forma en la Subdirección de Opinión de EL UNIVERSAL.
Así, a partir de nuestro lugar en esta casa editorial y de la nueva etapa de este blog, buscaremos aprovechar este espacio para explorar el acontecer diario, así como los temas que interesan, preocupan y ocupan a nosotros los jóvenes, para comentarlos y, esperamos, para conocer sus puntos de vista en torno a todo lo que merece ser discutido. Bienvenidos.