El sábado fui a la venta nocturna del Palacio de Hierro en Coyoacán. Eran como las 11.30 de la noche y eso estaba desierto. ¡Qué comparación con el año pasado cuando tuvieron que cerrar las calles por la cantidad de gente que quería llegar al centro comercial! Ese año me esperé a ir hasta la 1 de la madrugada y tuve que hacer cola para entrar.
Además casi no se podía caminar en los pasillos. Aquello parecía una mezcla del metro de Tokio en hora punta y la quinta avenida de Nueva York en época de euforia navideña (cuando eran las vacas gordas) con la gente cargando grandes bultos de regalos.
Este año, en cambio, era como si fuera un día cualquiera entre semana por la mañana, una cuanta gente por aquí, otra un poco más allá, todo muy tranquilo, un poco melancólico, sin grandes bolsas con flamantes adquisiciones.
Tal vez sea un caso aislado y no representativo de la situación económica del país, real o imaginaria, pero se me ocurre que se podría usar para establecer un indicador similar al índice Big Mac que inventó la revista británica ‘The Economist’ para comparar el poder adquisitivo en los distintos países (120) en donde se vende la famosa hamburguesa de McDonald’s y saber si las monedas de cada país están sobrevaloradas con respecto al dólar estadounidense.
En este caso, el índice Totalmente Palacio serviría para dimensionar dos aspectos: la situación de la economía real y las variaciones del poder adquisitivo de los chilangos de clase media y media alta de un año para otro; y también cómo perciben esos mismos chilangos que les afecta la situación económica.
Y este año la respuesta sería, a juzgar por lo que vi el sábado, que la situación económica no es buena y los chilangos clasemedieros la perciben del cocol.
Un claro ejemplo es que el área en donde se canjean por regalos los puntos acumulados gracias las compras en la venta nocturna, estaba a reventar el año pasado, con tremendas colas en todos y cada uno del gran número de mostradores habilitados para tal efecto. Y este año nada… un desierto. Casi todos los mostradores vacíos, con los empleados aburridos, las vendedoras soñolientas y los clientes afligidos.
El contraste es evidente, pasamos de la euforia a la angustia, de lo festivo a lo mustio. Y eso con las clases pudientes, imaginen cómo estará la cosa en el resto del país, o sea, en el México real que no es totalmente Palacio.
Hola Roger. Yo en lo personal sí uso las tarjetas de crédito, pero con mucho control. Y me gusta tener muchas, pues me da seguridad en caso de emergencia, como tener que ser hospitalizado, por ejemplo. Creo que ver la demanda de las aerolíneas de bajo costo también puede ser un buen indicador, aunque ahí se pude dar el fenómeno de que usuarios que habitualmente utilizan las líneas "regulares" comiencen a usar las de bajo costo por la crisis y haya por ese lado un cierto aumento de la demanda que compense los clientes de menos ingresos que puedan ir perdiendo. Además, los expertos pronostican que muchas aerolíneas de bajo costo van a comenzar a tronar como ejotes. De hecho ya empezaron.
Saludos
Enviado por Gerardo Jiménez Valdés - 12-noviembre-2008 a las 19:46
Enviar mail al autor
Antes de que bajen la cortina en este changarro... Gerardo, ¿no consideras mejor aplicar/crear el índice pero utilizando como base los usuarios de las aerolíneas de bajo costo?
Por ahí viene el "Puente Revolucionario"... podrías hasta utilizar las líneas de autotransporte ejecutivo como ETN o bien tratar de obtener un estimado de la variación entre viajes cuyo recorrido sea mayor a 200 kms (para evitar contabilizar a los de Toluca y Pachuca que vienen a trabajar a la ZMCD y que deben ir y venir en forma diaria.)
Just my ¢2
Enviado por Roger - 12-noviembre-2008 a las 17:21
Enviar mail al autor
¿Quién dice que no se puede vivir sin tarjetas de crédito?
Exactamente iniciando el Siglo XXI mandé al averno a todas las tarjetas que tenía... desde las dos de AMEX (la personal y la de crédito), pasando por la de las tiendas tipo Sears, Liverpool y Palacio... hasta las de detallistas como la de la hoy agónica Comer.
Desde entonces vivo "al contado" y utilizando "la de débito"... y miren que vienen y van las presiones financieras y económicas y tan tranquilo que me las paso por el Arco del Triunfo por no tener deudas... ¡esto sí es vida!
Saludos cordiales.
Enviado por Roger - 12-noviembre-2008 a las 17:16
Enviar mail al autor
Gracias por los comentarios. Creo que tiene razón mimi-maura cuando dice que la gente tiene miedo de usar la tarjeta de crédito, pues en estos tiempos la prudencia aumenta y mucha gente prefiere no endeudarse. Tampco creo que vaya a ser un buen año para Santa Claus, los Reyes magos o el Teletón, como señala El Netas. Y lo de lo frívolo, pues no es la lucha contra los vampiros multinacionales, mi estimado señor Fantomas, pero es un indicador de la vida cotidiana, que no por eso es menos importante.
Saludos
Enviado por Gerardo Jiménez Valdés - 12-noviembre-2008 a las 14:40
Enviar mail al autor
Muy buen ejercicio, la realida es la realidad, esa es la neta y has reflejado el sentimiento que se ve en un sector de la poblacion -la que en Teoria tiene dinero para gastar y mover la economia - veremos ahora con el famoso teleton dentro de casi un mes
Enviado por El Netas| - 12-noviembre-2008 a las 10:13
Enviar mail al autor
No me parece frívolo, solo es un ejemplo de como esta el país. Tal vez los chilangos clasemedieros como ud menciona estan con el temor de lo que pueda pasar (Tan fácil ya no le cargas a tu tarjeta). Ni los comerciales de televisa los animan. Saludeichons
Enviado por mimi-maura - 12-noviembre-2008 a las 09:17
Enviar mail al autor
Me parece que esta vez caíste en lo frívolo.
Enviado por Fantomas - 12-noviembre-2008 a las 09:03
En sus ratos libres, que ahora son más, escribe cuentos. Uno de ellos, "El Ojo de Bertha", ganó el premio Casa de América Latina, dentro del concurso de
cuento Juan Rulfo, organizado por Radio Francia Internacional, en la edición del año 2002.
Entre las cosas que más le ha gustado hacer está haber fundado y dirigido, durante dos años que duró la locura, la revista local En Amores con Eugenia, que se distribuyó en la Colonia del Valle y en la delegación Benito Juárez, y en la que se publicaban crónicas que buscaban un equilibrio entre lo particular y lo universal.