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México D.F., Martes 28 de abril de 2009 | 11:40 PM
 
 
La etiqueta de los palitos chinos
05-noviembre-2008
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En Karate Kid cazaban mosquitos con los palitos
Con las elecciones en Estados Unidos y el avionazo en el que perdió la vida el secretario de Gobernación hasta me parece frívolo hablar sobre la etiqueta en China. Pero ni hablar, tengo que confesarlo, no sabía usar los palitos chinos.

La verdad es que nunca he sido fan de la comida asiática, aunque no me disgusta y generalmente cuando la pido es para llevar y llegando a casa me deshago de los palitos y saco un tenedor y un cuchillo. Así que ya se imaginarán el papelón en China al llegar al restaurante y tener que picar la comida de una charola giratoria en el centro de la mesa donde todo el mundo se servía de comer.

Como no me gusta hacer papelones aprendí rápidamente a utilizar los dichosos palitos y me pude concentrar más en las cualidades de la comida. Me dediqué a observar cuáles son las reglas de la etiqueta en la mesa para los chinos, me refiero a las reglas elementales, pues tampoco es que se pueda aprender gran cosa en una semana.

Si descartamos los desayunos en el hotel que eran tipo buffet común y corriente en cualquier parte del mundo occidental y un par de visitas a cafeterías, el resto de las comidas se dividieron en dos tipos: semi formales en restaurantes, siempre en salones privados en las que se ponía una variedad enorme de platos al centro de la dichosa bandeja giratoria y cada quién iba picando como dios le daba a entender cuando tenía la fortuna de que el plato que le apetecía coincidiera enfrente de él.

El otro formato era un banquete ofrecido en este caso por algún funcionario. Aquí el formalismo era muy grande, comenzando por dónde se sentaba cada quién de acuerdo a su jerarquía real o imaginaria. Así, hubo que designar a un "líder" para que se sentara a la vera del funcionario de turno y le respondiera el brindis y las palabras de bienvenida y las de agradecimiento al final. El papel correspondió a Jorge Elías, el colega de 'La Nación' de Buenos Aires a quien decidimos llamar a partir de ese momento como el "querido líder".

En estos banquetes servían once platillos o más, pero en lugar de ponerlos al centro las porciones sí eran individuales. Los chinos no toman postre, tal y como lo concebimos nosotros, como un plato dulce que cierre la comida. Ellos van alternando lo dulce a lo largo del banquete, como un equilibrio con lo salado o lo picoso. Al final se sirve una bandeja con fruta.

Antes de comenzar a comer una mesera que más bien parece azafata pasa colocando las servilletas, las que sujeta del plato de un extremo, mientras el otro cae sobre las piernas y el regazo. Algo que aprendí rápidamente es que esta servilleta no es para limpiarse la boca o las manos, sino sólo para no mancharse la ropa con las múltiples salsas combinadas con la poca destreza en el uso de los palitos. Para limpiarse la boca o las manos hay una toallita que al principio ponen caliente y luego se queda helada. Confieso que en el primer banquete ofrecido por el vicecanciller sí me limpié la boca con la servilleta.

Pinchar la comida con los palitos es una enorme majadería; sin embargo, sorber la sopa ruidosamente es de buen gusto y denota satisfacción.

Bueno, ha sido un día difícil con tanta noticia de ocho columnas, así que no los aburro más y me despido. Mañana les contaré sobre la visita a una familia china en Shanghai.

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Acerca del autor
 
Gerardo Jiménez

Estudió Filosofía y es periodista. Trabaja como coeditor de la sección de Internacionales de El UNIVERSAL.

En sus ratos libres, que no son muchos, escribe cuentos. Uno de ellos, "El Ojo de Bertha", ganó el premio Casa de América Latina, dentro del concurso de cuento Juan Rulfo, organizado por Radio Francia Internacional, en la edición del año 2002.

Entre las cosas que más le ha gustado hacer está haber fundado y dirigido, durante dos años que duró la locura, la revista local En Amores con Eugenia, que se distribuyó en la Colonia del Valle y en la delegación Benito Juárez, y en la que se publicaban crónicas que buscaban un equilibrio entre lo particular y lo universal.

 
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