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No hay nada menos gracioso que los chistes forzados. Era esta la sensación de escepticismo con la que yo entraba a la conferencia que dieron el sábado pasado los premiados de los Ig Nóbel en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts).
Cada año, en fechas cercanas al anuncio de los Premios Nóbel en Estocolmo, la revista de Investigaciones Improbables hace su propia selección de aquellos trabajos científicos que “primero hacen reír y después pensar”.
La característica de todos estos trabajos es que se consideran científicamente irrelevantes a pesar de ser hechos seriamente y publicados en revistas científicas, algunas de ellas de muy alto impacto. Por ejemplo, entre los premiados este año estaban trabajos publicados en Nature, PNAS, JAMA y New England Journal of Medicine.
Entre los trabajos premiados en años pasados está un estudio de necrofilia en patos y los efectos adversos de tragar espadas (para lo cual, honestamente, se requiere más sentido común que estudios científicos para adivinarlos…).
En fin, tenía la oportunidad de escuchar a los célebres científicos premiados este año así que decidí ver de qué se trataba. Por el auditorio en el que se llevaba a cabo el evento era imposible distinguirlo de una sesión científica convencional. Pero los tiempos de las conferencias eran distintos- cada premiado tenía exactamente cinco minutos para exponer su trabajo al final de los cuales una niña, en un tono entre insoportable y grosero, empezaba a gritar “cállese que estoy aburrida, cállese que estoy aburrida, cállese que estoy aburrida…”. Esto sin control hasta que lograba poner fin a la ponencia. Una forma muy poco ortodoxa pero sin duda efectiva de hacer que los ponentes se adhieran a los tiempos.
Hasta aquí nada muy chistoso.
Una vez establecidas las “reglas” de las presentaciones empezaron los científicos a exponer sus trabajos. Parecían inmunes al hecho de estar presentando un trabajo que acababa ser premiado por su inutilidad a la ciencia y se adhirieron a los cánones tradicionales de las presentaciones científicas (excepto el tiempo, que era realmente corto).
El receptor del Ig Nóbel de Economía presentó los resultados del estudio en el que demuestra que la etapa del ciclo menstrual en el que se encuentran las bailarinas de striptease determina sus ganancias. Cuando más propinas reciben coincide con el momento del mes en el que son más fértiles. Se trata del momento en el que el estrógeno es más alto y los efectos que tiene sobre el cuerpo y el comportamiento de las mujeres parece hacerlas más atractivas para el sexo opuesto. Como prueba de ello, las pastillas anticonceptivas que suprimen el pico de estrógeno también hacen desaparecer el pico de las ganancias.
El ponente del trabajo ganador del Ig Nóbel de Medicina explicó como el efecto placebo se ve influenciado por el costo del mismo. Para comprobarlo su grupo “inventó” una medicina, que no era más que un placebo, supuestamente para aliviar el dolor. Los voluntarios que la probaron reportaron sentirse mejor cuando les decían que el medicamento era caro que cuando era barato. Una pista para la mercadotecnia de los genéricos intercambiables…
El Ig Nóbel de Física fue presentado por un chico con pinta de surfeador que fue capaz de publicar en PNAS que los nudos se pueden formar en cuerdas y cabellos que no se encuentren estirados.
También presentaron cómo la Coca Cola se puede utilizar como un espermicida efectivo. Los orígenes de este estudio, cabe mencionar, se remontan a mitos urbanos provenientes de colegios de monjas.
Y no se puede dejar de lado el receptor del Ig Nóbel de Ciencias Cognitivas publicado en Nature demostrando que el moho mucilaginoso es capaz de recorrer un laberinto encontrando la vía más corta. ¿Se tratará del futuro de los GPS?
El más prestigioso de los Ig Nóbeles, según el presentador, es el de la Paz que este año fue otorgado al Comité Federal Suizo de Ética sobre Tecnología no Humana, y el resto de ciudadanos suizos, por aprobar en abril pasado el principio legal de que las plantas tienen dignidad. Su representante parecía ser el menos satisfecho de todos los premiados por el premio otorgado.
Explicó la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene hacia las plantas a su cuidado y lo ejemplificó haciendo un llamado al sentimiento de culpa que alguien tiene cuando muere una planta por haber olvidado regarla.
Terminó diciendo que el día que los humanos nos riamos de nuestra propia arrogancia (en vez de burlarnos de los demás….añadiría yo) será indicativo de un mundo mejor. Que para mí fue la versión suiza, y ética, de que “el que ríe al último ríe mejor”.
Y así concluyó la ceremonia, que fue más simpática de lo que esperé y los estudios, aunque se consideren irrelevantes, también tenían algo de interesantes.
Así que ahora nos podemos concentrar en los Premios Nóbeles más serios que ya se han entregado en días pasados y lo seguirán haciendo durante lo que resto de la semana a lo más relevante de la Ciencia. Aunque siendo honesta no les sobraría un poco de buen humor.
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