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Si hay algo que compartimos todos los mexicanos en este momento es que cualquiera de nosotros hemos vivido o sabemos de alguien cercano que ha sido expuesto a la delincuencia común o la violencia del crimen organizado sin importar la hora, el lugar o las circunstancias. Sin duda, cualquier episodio de violencia nos produce un estado de shock que nos impide tomar decisiones inmediatas, nos deja paralizados, con más miedo a la denuncia, pero aún así después de tomar un respiro ¿qué es lo que en realidad impide la denuncia? ¿sabemos qué hacer en caso de un robo, un asalto o un secuestro? ¿Sabe usted a quién pedir auxilio?, y que el Estado está obligado a la reparación del daño, es decir, a pagar una indemnización al afectado.
En las ciudades fronterizas del norte mexicano sus habitantes están en riesgo de ser “levantados” por grupos de personas encapuchadas que a bordo de camionetas circulan tranquilamente por las calles en busca de sus presas. No se diga del Distrito Federal donde cualquier capitalino es secuestrable por grandes sumas, basta traer una tarjeta bancaria y una decena de pesos.
La regla dice que cuando una persona es víctima de un delito debe llamar al 066 o al 089 para hacer la denuncia si tiene teléfono cerca. Claro y si como vimos en el diagnóstico de seguridad nacional la semana pasada, funcionan. En caso contrario, debe trasladarse a la agencia o delegación del Ministerio Público (MP) y a la estación de policía más cercanas.
La norma también señala que si usted acude a un policía, éste debe dar aviso al Ministerio Público. El MP, por su parte, debe tomar su testimonio, reunir las pruebas necesarias, investigar y perseguir a los responsables del delito, pero además garantizar que se repare el daño sufrido por la víctima. Pues, bien, eso es lo que debería ocurrir, pero en la realidad parece ser el reino del nunca jamás.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), a través de su Programa de Atención a Víctimas del Delito, reporta que sólo en el 1% de los casos que se denuncian se sigue todo el proceso hasta que conseguir la reparación del daño, la mayoría de las ocasiones, entendida como el pago de una indemnización.
Los reportes de la Procuraduría General de la República señalan que de enero de 2007 a mayo de 2008 recibieron 18 mil 344 denuncias relacionadas con delitos patrimoniales, es decir, robo calificado, robo agravado y comercialización de objetos robados. ¿Quién se anima a hacer una estimación de lo robado y los montos de la indemnización de este tipo de delitos? ¿Seguimos la suma? ¿...y qué precio le ponemos a las vidas, cómo pagar las vidas?
Las cifras se acumulan, aquí un panorama de lo sucedido en el Distrito Federal.
Y le parecerá poco creíble pero la regla también dice que el Ministerio Público debe fungir como el abogado de la víctima. Ese es su papel y para eso se creó. Sin embargo, sucede lo contrario, pues es en su escritorio donde uno se convierte en víctima por segunda ocasión. Hay que esperar con paciencia varias horas para ser atendido y una vez ahí, frente a él, será cuestionado hasta hacerlo sentir a usted culpable de su propia desgracia.
De hecho, el 80% de las víctimas que han acudido a la CNDH para solicitar ayuda, no denuncian porque desconocen cómo funciona el sistema de justicia y a dónde hay que acudir, pero también porque desconfían de los policías y el Ministerio Público.
Por eso es que en la capital mexicana circula casi a manera de chiste –porque más bien habría que llorar- un dilema que no debiera existir si cada quien asume el papel que se le ha encomendado desempeñar. Aquí se lo planteamos para saber su opinión.
Imagine que es de noche, que está en una calle con poca iluminación y que usted camina sobre una acera y de repente observa que adelante vienen en su misma dirección dos policías. Voltea y en la banqueta de enfrente hay una persona “sospechosa” en alerta que se oculta tras los arbustos. ¿Qué haría?.
Opción a) Sigue su camino hasta encontrarse con los policías pidiendo a todos los santos que no sean rateros uniformados y con placa;
b) Se cruza hacia donde está el “sospechoso” esperando que sólo le pida dinero para “un taco”;
c) Decide bajar de la banqueta para caminar sobre el arrollo vehicular o,
d) Cualquier otra opción sugerida por usted.
Si al final de cuentas es víctima del “sospechoso” o de los policías o de ambos porque estaban coludidos: ¿Qué haría? ¿A quién acudiría?
LAS CIFRAS
De enero de 2007 a mayo de 2008 han sido 12 las entidades con mayor número de delitos denunciados del orden federal,
en ese periodo en la mayoría de ellas se han realizado operativos conjuntos con el propósito de revertir esa tendencia
Entidades con el 78 por ciento de los delitos en el país
Jalisco Distrito Federal
Baja California Guanajuato
Sonora Sinaloa
México Michoacán
Nuevo León Veracruz
Chihuahua Tamaulipas
El menor número de delitos registrados en el México
Tlaxcala Campeche
Yucatán Zacatecas
Aguascalientes
En un punto intermedio y en orden de menor a mayor incidencia
Tabasco Querétaro
Colima Coahuila
San Luis Potosí Durango
Oaxaca Quintana Roo
Hidalgo Baja California Sur
Morelos Puebla
Nayarit Chiapas
Guerrero
PARA LA SOBREMESA
La semana pasada comentamos con ustedes algo del espíritu que nos embargó en la Olimpiada y lo que nos ha dejado el sistema educativo. Este jueves llega a México procedente de China uno de los motores de las mayores alegrías para nuestro país. Se trata de José Luis Onofre Montero, entrenador de la selección nacional que con el respaldo de 20 años de trabajo empujó a que María del Rosario Espinoza y Guillermo Pérez Sandoval obtuviera las únicas dos medallas de oro para nuestro país. Por ese motivo se anticipa un gran festejo en el Instituto Politécnico Nacional a su llegada, ya que ahí retomará su labor como coordinador de esa disciplina en la institución politécnica.
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