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Si sólo contáramos con nuestros sentidos para observar y tratar de explicarnos qué es todo eso que aparece ante nuestra mirada en la bóveda celeste nocturna, incurriríamos en una serie de errores e interpretaciones falsas como creer que aquello está estático; elaborar figuras inamovibles como las constelaciones y decir, como alguna vez lo hizo Galileo, que lo que se mueve son “estrellas errantes” (planetas).
Y es que, en efecto, no nos alcanzarían ni varias generaciones de humanos para “ver” la evolución de diferentes objetos astronómicos. Para observar un remanente de supernova requeriríamos de diez generaciones observando todos los días un trozo de cielo nocturno, para darnos una idea de cómo tuvo lugar un colapso de estrella y los rastros que dejó después de estallar.
Para percatarnos de cómo se forma una nebulosa planetaria requeriríamos de unas cien mil generaciones de humanos observando todos los días hacia un mismo lugar en el cielo nocturno; mil millones de generaciones para detallar la formación de un cúmulo de estrellas y, diez mil millones de generaciones para postular la edad del Universo en 13 mil 700 millones de años; ¡caray, ni siquiera la edad de la Tierra, que es de sólo cuatro mil quinientos millones de años! Así que debemos ser comprensivos con aquellos que hace dos milenios de atrevieron a postural que todo esto se formó en siete días, sin ninguna otra herramienta confiable que su imaginación y sus cinco sentidos.
Para nuestra fortuna y característica como especie, hemos desarrollado una manera de ver y de pensar confiable, buscando que sea ajena a supercherías y fantasías, que nos ha permitido crear herramientas técnicas y de pensamiento que hoy nos permiten tener una idea más precisa de los objetos que hay en el firmamento, una aproximación de la edad del Universo, nuestra estrella Sol, la Tierra, los planetas y de los objetos que brillan en la bóveda celeste.
No todo lo que se investiga hoy día sobre el Universo tiene que ver con telescopios, espectrógrafos, colimadores; también son importantes las teorías y los modelos matemáticos, así como el uso de supercomputadoras que requieren, desde luego, saber programarlas y correr los programas para hacer simulaciones.
Ver una galaxia es como ver una nube inmóvil, pero se está moviendo y están sucediendo incontables fenómenos; cada estrellas emana vientos, como cuando uno siente el calor de una fogata; son miles de millones de ellas; pero además, en el espacio intergaláctico también tienen lugar innumerables fenómenos que tienen que ver con fuerzas gravitacionales, energía, temperaturas, velocidades. ¿Pueden imaginarse procesar todos esos datos a mano, con lápiz y papel? Ya vimos que los acontecimientos cósmicos tienen lugar en miles de millones de años ¿cómo poder verlos? ¡Se puede!
La Universidad Nacional Autónoma de México, no hace mucho, adquirió una supercomputadora, la HP Cluster Platform 4000 bautizada como “Kam Balam”. Con ella, Alfredo Santillán, de Cómputo Académico, y los astrónomos Javier Sánchez-Salcedo y José Franco, del Instituto de Astronomía, no sin antes plantearse un “modelo matemático” (o numérico), lograron explicar las cusas de la turbulencia en las orillas de galaxias espirales, como la Vía Láctea, e inclusive simular los movimientos que tienen lugar en ese medio gaseoso.
Estos investigadores mexicanos llegaron a utilizar más de un millón de “celdas” computacionales, que en otros términos son memorias RAM, poder de procesamiento, códigos numéricos enormes y complejos; introdujeron a la supercomputadora, entre otros datos, ambiente hidrostático, campo magnético, fuerzas gravitacionales, presiones magnética y térmica y la colisión de las nubes externas a la galaxia contra el disco galáctico. Sus resultados aparecieron este domingo 10 de junio (que no se olvida), en el número 262, del 10 de junio de la revista especializada de alto impacto internacional Astrophysical Journal.Letters. Sigue la mata científica mexicana dando y nuestros gobernantes ignorándolo.
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