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Por Cristina Salmerón
Es cierto que las mujeres somos difíciles de entender. La intensidad con la que llevamos las relaciones sociales llega a extremos bastante raros y que los hombre catalogan como que estamos locas.
Por ejemplo, las féminas no podemos vivir sin la rivalidad de otra mujer. En este caso no se trata de alguien que no nos simpatice, sino de una que en verdad sea insoportable; una mujer con la cual haya comparación constante, tanto en belleza, como el forma de vestir, de hablar, de capacidades en el trabajo, sueldo, y la lista sigue.
Así como existen las mejores amigas y es difícil vivir sin ellas, el tener una antagónica es vital para no sentirnos tan sólo una actriz de reparto, sino la protagonista de la trama con la mala mujer que nos odia y nos hace sentir importantes.
Los tipos de enemigas son variados, pero por lo general se dan en el trabajo, en la familia y hasta en nuestra imaginación.
En las labores: Esa chica que conocemos como “la nueva” y gana los mismo que nosotras es muy probable que esté en la mira de nuestra enemistad. “A saber cómo obtuvo el trabajo”, “¿Tendrá influencias?”, “Por qué el jefe o jefa simpatiza tanto con ella”, “¡Por qué es tan amable y puntual!”, “¡Se compró justo el vestido que llevo meses queriendo comprar!”, “¡Un hombre de la oficina que me gusta quiere con ella! (bueno, en verdad nunca le agradó, sólo lo desea porque comenzó a frecuentar a la enemiga)”.
Aquí lo sano es dejar de hacer telarañas mentales y parar las comparaciones. Ella no se irá (a menos que usted elabore un plan maligno, no, no es cierto), la convivencia será inevitable y eso sólo traerá problemas en el ambiente laboral y lo distraerá de sus obligaciones.
En la familia: Suegra, hermanas, primas, todas son candidatas a ser la mala del cuento. La mamá del esposo es por demás sabido que habrá riña y desacuerdo en cuando a criar a los hijos o consentir al marido. Si las primas o hermanas son más grandes y parecen menores, se concluye que usted luce avejentada; si tienen más novios, más guapos y con más dinero, usted se sentirá poco atractiva y de paso hará menos a su pareja o lo creerá un perdedor.
Lo aconsejable es fijarse en sus cualidades y explotarlas. Una vez que esté contenta con lo que tiene, dejará de envidiar lo que le rodea.
En la mente: Las mujeres que viven la mayor parte del tiempo en casa y no se relacionan con familiares mujeres no se salvan de las antagonistas. ¡Ah no!, necesitan estar en conflicto, imaginario, pero presente. Es por ello que tienen a criticar a cantantes, actrices y a personas que ni conocen. Esta tendencia a crear enemigas puede perder sus propiedades desintoxicantes y dejar de ser saludable.
En estos casos, lo mejor es relajarse, dejar de considerar a todo lo que lleve faldas como una rival en potencia. Lo único que se demuestra es inseguridad y baja autoestima. Sonará como lugar común, pero la felicidad no puede depender de los demás. Su salud mental se lo agradecerá.
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