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La pareja está, una vez más, discutiendo. Ya es noche después de un día de vicisitudes cotidianas, de ambos, distintas. Están en su segunda oportunidad, él soltero y ella separada cargando con un hijo. No lo litigó, simplemente se lo dejaron. La conducta del chico está corroyendo los cimientos de esta relación. Ella se angustia, quiere y no pude entender, reacciona como ordenanza militar, se le impone al cachorro pero no le persuade, no hay indicios de razones para convencer.
Él no ha tenido hijos, sólo sobrinos. A cambio es un escéptico, un ávido lector de cuanto le cae en las manos, le entra a todo lo que requiere de participación ciudadana en una sociedad acostumbrada al paternalismo, además cuida mucho su trabajo.
El nuevo tema que trajo a colación Pablo, el cachorrito, es un fantasma que surge coincidente con la hora de las discusiones, después de la cena. Carmela está persuadida que el fantasma no es más que otro truco de “celos” del chamaquín. Joel se ha armado de su propia leyenda infantil, se ha construido la idea que no debe olvidar jamás su visión de niño, lo que recuerda, que debe de traer de la mano siempre a aquél niño que fue, para que nunca más deba dolerse del sentimiento de soledad y abandono, sus padres estaban muy ocupados en hacerse la vida imposible hasta que se divorciaron, jamás a él y a sus hermanos les pidieron opinión alguna, eso no debe ser. El problema práctico es que en la infancia apenas se está aprendiendo todo, no se “sabe” tener “opiniones”, no está en el genoma, eso se aprende, se inculca socialmente mediante símbolos, mismos que se aprenden o no se aprehenden, pueden ser racionales o irracionales.
“Nunca dudes de un niño” –dijo Joel a Carmela. “Ay sí, dijo ella, ahora me vas a salir tú también con que ahí en su cuarto hay un fantasma; si no cabe duda, todos los hombres son unos niños e igualmente de irresponsables”. Mira chula, -reviró Joel –si vamos a hablar de irresponsabilidades ¿dónde está el papá de Pablo?, ¿quién se enamoró perdidamente de ese vagabundo y procreó al enano sin planeación ni protección alguna, con el “Más Guapo y Popular Tipo de la Prepa” (touché)?
Pablo los miraba repegado en la esquina de la pared de su cuarto, Joel volteó y se percató de su presencia, además que había escuchado todo (afortunadamente, pensaba Joel).
-Así que hay un fantasma en tu cuarto –lanzó Joel al chico.
–Sí –respondió Pablín abriendo los ojos como huevos estrellados –y hace un silbido así “uuhh”.
-Vamos a hacer un trato, mi querido enano –le dijo Joel al chico después de haberse hincado en el piso para estar a su altura, de frente –cuando aparezca el fantasma te vienes conmigo sigilosamente y me informas, yo te prometo que vamos a acabar con él.
Cierta noche, tal como Joel lo tenía previsto, apareció Pablito como si fuera un actor profesional de película “triller”, sólo que no estaba actuando, simplemente se creyó la promesa de Joel. En voz baja le dijo al oído: -Ahí está el fantasma.
Joel tomó de la mano a Pablo y ambos entraron de puntitas y callados, sin encender la luz, al cuarto del chico. Pablito se detuvo y dijo en voz baja, excitado -¡Escúchalo!”… Uuuh, uuuhh, -escuchó también Joel, quien miró a Pablito y le esbozó una amplia sonrisa, como diciendo “ya nos lo chin...”.
Carmela estaba sobre la mesa esperando, golpeando los dedos contra la mesa y con cara de ¡ash!, cuando aparece aquel par sonriente y parlanchín, como niños que acaban de ver una película donde triunfó el héroe… ¿Ya atraparon al fantasma? –inquirió Carmela. -Sí má, -comenzó a narrar Pablito, extasiado y atropelladamente, -fuimos hacia el uuuhhh del fantasma, Joel se le acercó, estaba junto a la ventana, la abrió y se puso a ver la orillita, puso en algún lugar su dedo y ¡se acabó el silbido! Me dijo “¡ahí está tu fantasma, tenías razón!”. –Ya luego me explicó que cualquier cosa que se mueve es por una fuerza explicable, ¡el viento es una fuerza!, y cuando se colaba por el agujerito del desagüe de la ventana cuando llueve, hacía vibrar el aluminio en movimientos micropequeñitos que provocaban una frecuencia de sonido, ¡como mis labios cuando silbo!
Joel tuvo arraigada convicción que, de Pablo, sólo podía ser su amigo, jamás su padre. Pablo es hoy un músico profesional, Carmela y Joel son excelentes amigos, aunque finalmente dejaron de ser pareja, se ven con frecuencia y ¿...quién sabe? Los “finales felices” no son como los pintan.
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