Por Ángel Gómez A.*
Como casi todo lo que viene pasando en Venezuela desde 1998, también el debate acerca del socialismo del siglo xxi parece que nos agarró descuidados, sin herramientas, sin argumentos y, lo peor, sin ganas de debatir. Es decir, estamos raspaos. Algunos dicen que debaten, pero pareciera que sólo lo hacen para que el presidente crea que de verdad están debatiendo. Y otros para que la gente vea que son ellos los que tienen la razón. Pero en el fondo no hay debate. Voy a tratar de explicarme un poco.
Por un lado están los políticos, que están obligados –sí, obligados porque, entre otras cosas, por eso votamos por ellos- a hacer del socialismo del siglo xxi algo concreto: leyes, decretos, resoluciones y todas las medidas –es decir, las políticas- para que la profundización de la revolución y la superación del capitalismo dejen de ser meras consignas electorales. Pero no parecen haber superado ese momento electoral, porque todo lo que les suene raro –y todo les suena raro- es descalificado inmediatamente. Por el otro lado están los intelectuales, que creen que son los únicos que piensan y, por lo tanto, los únicos que tienen los argumentos. Que sin ellos lo del socialismo del siglo xxi será pura chapuza.
Los primeros son grandilocuentes y apabullan con su discurso, suelen ser soberbios y las más de las veces se creen intérpretes del presidente Hugo Chávez. No porque le quieran enmendar la plana al comandante, sino porque quieren demostrar que son más revolucionarios y más socialistas que los demás. Un ejemplo: Acosta Carlez y su lío con el Magallanes. Los otros –los intelectuales- también suelen ser soberbios, pero su discurso se queda en un círculo más bien reducido –el de los mismos intelectuales y algunos legos con veleidades intelectualoides como yo-: mucha discusión, mucha literatura, muchos autores, muchos argumentos y muchas verdades. Pero ningún acuerdo, ninguna conclusión.
No debe olvidarse que estamos hablando de los que se supone que conducen o están llamados a conducir –política e intelectualmente, en cada caso- a la sociedad. Y que también se supone que debe haber puentes entre ellos, pero más bien se ignoran olímpicamente. Y hay más, porque lo peor no es eso: lo más lamentable en ambos casos es que ignoren también al pueblo. Yo por lo menos no he visto a ningún diputado haciendo talleres para saber cuáles son las medidas que la gente cree que se deben adoptar, por más que hablen del parlamentarismo de calle. Tampoco he visto a ninguno de nuestros muy afamados intelectuales llevar la discusión a un nivel popular, no los he visto compartir sus inquietudes, sus argumentos y sus esperanzas con el pueblo.
A mí me interesa que lo hagan porque yo soy pueblo. Y como yo, veintipicote de millones de venezolanos más. Ojalá no lo olvidaran tan fácilmente.
* http://socialista.worpress.com
(angito.gomez@gmail.com)
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