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Lo que el terremoto de 1931 dejó en pie, lo consumió el fuego. Napier desapareció como ciudad. Pero no como sueño y, a sólo seis años de que el Art Deco fue dado a conocer en Francia, los reconstructores decidieron adoptar en pleno ese estilo.
Que todavía se ve muy bien en muchos edificios, coquetos y muy pintaditos. En el centro de Napier, sobre todo en su parte habitacional, abundan las construcciones deco y cada año, en febrero, se celebra aquí un festival ("no muy serio", dicen los carteles de promoción) dedicado a esa tendencia artística.
El problema es que en este país en el que todo se está regulando y sobrerregulando, no parece que haya normas de armonía urbanística que protejan este patrimonio, a pesar de que es el gran atractivo turístico del lugar. La calle peatonal es una sucesión de comercios con toda clase de anuncios luminosos que no tienen nada de deco y rompen la visibilidad de los edificios, que son pequeños y quedan semiocultos detrás de las marcas de ropa y los letreros de los restaurantes. Además, hay muchas construcciones modernas que se han colado, demasiadas. Definitivamente, todo esto sabotea el disfrute, yo no recomendaría a nadie dejar de visitar otro sitio para venir a Napier.
Eso me lleva a pensar en mi barrio querido, la Condesa, creada en 1927, un poco antes de la tragedia de Napier y en el mismo estilo deco. Cuando salí de México, en abril de 2005, todavía era un territorio libre de McDonalds y otros estropeadores sistemáticos del panorama urbano. Los restaurantes de la zona seguían siendo pequeños y visualmente discretos, aunque el problema de convivencia con los vecinos nunca ha sido resuelto. El proyecto de instalar un casino en el Plaza aparentemente fue abandonado. Sin embargo, numerosos edificios han sido construidos a lo largo de las décadas y en especial en los últimos años, violando los usos de suelo y sin atender --ni tratar de aprovechar-- el carácter artístico de la zona, lo que sólo demuestra corrupción y/o impotencia de las autoridades encargadas de vigilar estos desarrollos, e ignorancia y ceguera por parte de los desarrolladores.
La Condesa, como Napier y tantos lugares únicos del mundo, está en riesgo de ser arrasada por lo modernidad. Hacen falta normas y conciencia para protegerla.
Llegué esta tarde y fuera de un húmedo y gélido recorrido por el centro, no he podido hacer nada más que quedarme encerrado en los establos (mi hostal se llama Stables Lodge y está llenó de motivos equinos, mi abuelo estaría encantado --su espíritu ha estado muy presente en esta parte del viaje) con un veintena de viajeros, entre ellos un bonche de alemanitas de muy buenos bigos (lo mejor desde que salí de Auckland). El clima está terrible, diablos.
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