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El clima de estas islas es alucinante: por estar en el medio del Océano Pacífico, mirando a la Antártida, y ser tan estrechas, los vientos las atraviesan con facilidad y el tiempo cambia en cuestión de horas... para mal con mayor frecuencia que para bien. Llevo tres días en Wellington y es lo mismo: encerrado por la lluvia helada (la TV mostró olas de nueve metros que golpeaban el puerto y un avión DC-9 que aterrizaba balanceando las alas) con estos vientos que sacuden --y a veces derriban-- a la gente en la calle.
Apenas en Kaikoura, un pueblito en la isla sur, hace tres días, estaba soleado. Me animé a cruzar el estrecho entre las dos islas en avioneta, prácticamente por el mismo precio que el transbordador. Pero el clima se puso tan malo que tuvimos que cambiar de aeropista, a una en un sitio más protegido, a causa de la fuerza de los vientos.
El vuelo fue una emocionante sucesión de saltos, golpes, subidas y bajadas entre la opacidad de las nubes (me acordé de la chica kiwi que venía conmigo en el avión desde Hong Kong, que se asustó muchísimo con una bolsa de aire y casi renunció a volver a volar). Sólo de vez en cuando podíamos ver el agitado mar del estrecho, con innumerables y espumosas olas. Llegamos a tierra casi sin advertirlo: Wellington se veía apenas entre las densas nieblas y la pista se abrió bajo nosotros. ¡Guau, qué alivio poner los pies en el suelo!
Sólo me pude dar una escapada a un bareto para ver el partido de rugby entre NZ y Australia. Los kiwis se lo toman muy en serio: hace unos días, en Dunedin, un hombre que vio mi bandera en la mochila me paró para preguntare si había venido desde México... ¡sólo para ver el partido! ¡Que ni siquiera tuvo lugar aquí, sino en la mega-isla (o mini-continente)!
Parece que siempre estoy contra Australia, pero es casualidad. En el mundial, en Hanoi (Vietnam) fui con varios aussies a un bar donde había muchos más de ellos, pero jugaban contra Brasil y ahí sí no, muy mis cuates pero en futbol, con Brasil (además los canguros jugaron muy sucio). En el caso de NZ vs Oz... pues le voy al más débil, y además estoy con puros kiwis, así que sorry Australia, de nuevo.
(Nota: Ya había explicado que a los australianos se los llama aussies… y a Australia, Oz, por eso de que lo pronuncian “oztrelia”.)
¡Y me encantó! El rugby tiene el mismo pero que el futbol de EU, el exceso de violencia, pero me gusta porque es mucho más dinámico y creativo, tiene más espontaneidad, creatividad y flexibilidad, mientras que el americano me parece torpe, pesado y pretencioso. (Además, el equipo de NZ, integrado por una mayoría de jugadores maori, realiza antes de iniciar la danza haka de los guerreros de su pueblo, que es muy emocionante e impresiona mucho).
Perdimos, ni modo, y los kiwis se pusieron tristes porque ya parecía que habíamos ganado (después de ir todo el juego adelante, errores de último momento echaron todo a perder), pero me quedé pensando en lo que me dijo un kiwi ahí mismo, que tarde o temprano se impondría el rugby en México. No veo cómo, pero no estaría nada mal.
KA MATE, KA ORA
El rasgo cultural más distintivo de Nueva Zelanda no lo proveyeron los inmigrantes europeos, sino sus primeros pobladores, los maori. Este pueblo denomina “haka” a una danza cantada, y cada iwi (tribu) tiene la suya. Te Rauparaha, un belicoso jefe del siglo XIX que era perseguido por sus enemigos, hizo el haka más famoso al escapar de ellos. Los miembros del equipo de rugby All Blacks lo han hecho famoso en el mundo:
Ka mate, ka mate, ka ora, ka ora! (¡Muero, muero, vivo, vivo!)
Tenei te tangata puhuru huru (Éste es el hombre peludo)
nana nei i tiki mai (que buscó al sol)
whakawhiti te ra (y provocó que brillara de nuevo).
A upa... ne!, ka upa... ne! (¡Un paso adelante!, ¡otro paso adelante!)
A upane, kaupane, whiti te ra! (Un paso adelante, otro, ¡el sol brilla!)
El haka es un gesto de desafío que precedía a la batalla o se usaba para recibir a los visitantes sospechosos. Se caracteriza por golpes violentos con las manos sobre los brazos, las piernas y el cuerpo, y por gestos faciales exagerados en los que parece que los ojos se van a salir y se exhibe y mueve la lengua. Los hombres maoris se tatuaban el cuerpo y el rostro con diseños rituales que también cumplían la función de hacer más temible al que los porta. El resultado es, en efecto, atemorizante.
(Vean la haka Ka Mate aquí: Y lo que aparentemente fue una respuesta inesperada del equipo de Tonga, otro pueblo del Pacífico emparentado con los maori: )
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