| |
|
| |
Observatorio de San Pedro Mártir |
El espectro electromagnético es un grupo infinito de diferentes tipos de radiación. Radiación es energía que viaja y se propaga desde una fuente que la emite. A mayor longitud de onda –distancia entre cresta y cresta de la onda u ola- menor frecuencia; es baja energía. Menor longitud más alta frecuencia y la longitud de onda más pequeña, entonces mayor energía.
Cuando en el Universo colisionan dos o más objetos compactos, muy masivos, pueden ocasionar destellos o estallidos de rayos gamma (ERGs) que son muy energéticos, por poner un ejemplo de radiaciones y sus fuentes. Todo lo que caracteriza a las variedades de radiación son las longitudes de onda, la “visible” de 370 a 700 nanómetros (nm); el infrarrojo desde 1000 nm a una milésima de milímetro, es una radiación muy caliente que está por ahí de los 1000º C; la radiación de radio (aparatos de radios, celulares, televisión, etc.) que va de milímetros hasta kilómetros, etc. Esto que sabemos ha tenido mucho que ver con la observación, gracias a los instrumentos (ver partes I y II) que aparentemente no servían de nada, que luego los juntamos y con ellos pudimos percibir e interpretar la radiación provenientes de todas partes y darles una explicación razonada (o también generarlas y poder comunicarnos a distancias planetarias).
Unos señores llamados Robert Dicke y Jim Pebles, de la Universidad de Princeton, diseñaron un instrumento de radio y por más que lo afinaban, que no tuviera “inducciones”, escuchaban una interferencia constante. Su dispositivo era perfecto, lo que estaba sucediendo es que captaba un tipo de radiación que venía de todas partes del espacio, se trataba de “radiación fósil”, según la teoría, producto del gran estallido u origen del Universo. Con este descubrimiento se llevaron el premio Nobel de Física, y con esa radiación remanente posteriormente se realizó un mapa del Universo que no está homogéneamente distribuido, porque se concentra más la materia en algunos lados que en otros, pero aparentemente donde “nada hay” siempre se encuentra algo.
¿Para qué más nos sirve la instrumentación? Si yo observo un objeto en el Universo, como una galaxia y detecto con el espectro que de un exttremo de la galaxia se corre hacía el rojo y del otro se corre al azul, entonces puedo inferir que el objeto está dando vueltas y en qué sentido; además puedo saber a qué velocidad lo hace, a qué distancia está, de qué material y de cuánto está conformado o cuánta energía emite. Y todo básicamente con el prisma de Newton, las bandas de Fraunhofer, el espectro electromagnético, con los experimentos de Bunsen y Kirchhoff (que igual sirve para determinar el material de nuestra sangre), el efecto Doppler, el corrimiento al rojo o al azul de Hubble (que igual sirve para que nos caigan rebasando la velocidad límite del tránsito automovilístico). Por estas razones es que hay una enorme variedad de instrumentos y telescopios, como el de refracción de Galileo, los de reflexión, los radiotelescopios y los telescopios espaciales. El gran telescopio milimétrico recientemente inaugurado, cuya plato receptor mide 50 metros. Con ese radiotelescopio se podrá observar al Universo en su infancia, a 10 mil millones de años luz de distancia; espectrómetros, dispositivos de captura digital de luz (CCD), dispositivos de corrección por turbulencias de la atmósfera, filtros, etc.
El Instituto de Astronomía de la UNAM tiene el propósito de construir dos telescopios con espejos primarios de 6.5 m para San Pedro Mártir, a través de un consorcio internacional en el que participa Corea, universidades de Estados Unidos y del Reino Unido.
Todo el material que existe en el Universo y del que está conformado el Sol, los planetas, la Tierra y todos los seres vivos e inertes que habitamos en ella lo fabrican las estrellas, de ahí la importancia de estudiarlas y entenderlas. Y todos los instrumentos y dispositivos que se han requerido desarrollar para entender el Universo, más temprano que tarde tienen una aplicación práctica que redunda en nuestro bienestar, como calcular nuestros niveles de colesterol en la sangre, por sólo citar un ejemplo.
|