Por: Marisa Zannie
Hace como 200 mil años me tocó hacer un trabajo en la universidad sobre algún producto novedoso relacionado con el turismo.
En aquellos entonces a las brillantes integrantes de mi equipo y a mí se nos ocurrió la grandiosa idea de crear una línea de prendas desechables, hechas de material muy barato (algo así como un magitel pero más delgado) para vender en maquinitas en el aeropuerto,destinadas a pasajeros en tránsito, a los que se les robaron o perdieron sus maletas, etcétera.
Aún creo que la idea no era mala, pero el punto es que lo que en algún momento parecía casi una idea de ciencia ficción, o una solución muy drástica para resolver problemas muy específicos, hoy se convierte, y cada día más, en una realidad.
Así como tenemos fast food, bien podría decirse que también tenemos ya la fast fashion, prendas no muy caras creadas con el propósito específico de usarse durante una temporada y no más. El diseño es totalmente de vanguardia mientras que los materiales no son especialmente durables, pero ¿a quién le importa?
Hasta hace muy pocos años el vestir al último grito de la moda estaba reservado para aquell@s con un abultado bolsillo quienes podían darse el lujo de comprar prendas de diseñadores, creativos sí, pero muy caros.
Con la llegada de tiendas con un concepto como el de Zara, la moda-moda se volvió accesible a prácticamente todos los bolsillos, con el adicional atractivo de ofrecer más de una colección por temporada y cada una compuesta de un buen número de prendas.
Aunque sí pasa que te encuentras en la calle a alguien con tu misma blusa, sería el colmo de la mala suerte que la hubiera combinado exactamente igual que tú.
Esta nueva forma de vestir democratiza a la moda y en la misma tienda que vemos a una niñita fresa a la que gusta el diseño y que poco le importa el precio, también está una señora de clase media buscando algo para añadir pimienta a su guardarropa o a chavas de clase media baja, por ejemplo, que ahorraron de su sueldo para hacer su shopping.
Lo mejor del caso es que cabe totalmente la posibilidad de que las tres se compren exactamente la misma prenda y que en cada una se verá distinta.
El éxito impresionante de la fórmula de Zara ha creado a un buen número de imitaciones que ofrecen prendas aún más baratas y también con mucho diseño, ahí está el ejemplo de los H&M, desgraciadamente aún no en México; C&A, ya en varios centros comerciales de la ciudad (la verdad no sé si en provincia) y Sasch, en Antara.
Total, que si hubiera llevado mi idea un poquito más lejos, ahora estaría ¡multimillonaria, y en dólares!
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