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Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que hubiera explicaciones razonables, confiables y precisas acerca de los fenómenos celestes. Y, bueno, ya
conocemos la historia de Nicolás Copérinco (1543), cuando entonces el poder
del Estado era el poder de la iglesia y definía qué era cierto y qué no.
Él, por medio de sus instrumentos y teorías, trató de convencer a los clérigos de
sus observaciones, fue uno de los primeros que procuró demostrar que “es la
Tierra la que se mueve alrededor del Sol y no al revés”.
Nadie había visto un planeta que tuviera cosas raras que le rodearan hasta
que apareció Galileo Galilei (1564 – 1642), los planetas fueron conocidos
como estrellas errantes y Galileo se puso a dibujar cómo veía uno especial,
Saturno, con orejas, esto se debió a que su telescopio producía aberraciones,
aparte de lentes mal pulidas; su telescopio era refractor, que tiene el
inconveniente de producir halos que distorcionan la imagen. Haciéndose eco de
Copérnico y sus propias evidencias, aseguró que es la Tierra la que da
vueltas alrededor del Sol, como Venus cuando “transita” frente al Sol, según
infirió de tal observación. Le hicieron abjurar y quedar bajo arresto
domiciliario.
Luego aparece Newton (1642 – 1727), de quien se comenta fue un chamaco
bastante distraído e inquieto. En aquellos tiempos un buen estudiante tenía
que ser patrocinado por cortesanos o gente de mucho poder. Seguramente
aburrido en las reuniones palaciegas a las que estaría obligado a asistir
para continuar con el patrocinio, él prefirió poner atención en los
candelabros de los salones donde se reunía esa gente importante, y observó
que a través de los prismas colgantes se proyectaban muchos colores y se
preguntó ¿De dónde salen esos colores? Experimentó en su casa con prismas
semejantes a los de los candelabros, que reprodujeron el fenómeno de esos
colores, pero además, si escogía un solo color y lo volvía a pasar por un
prisma, resultaba el mismo color ¿Y eso para que sirve?, por el momento para
nada.
Otro joven, también distraído y rebelde, Joseph Fraunhofer (1787 – 1887), se
le ocurrió poner un prisma a un telescopio y observar qué pasaba, y
aparecieron unas bandas en los colores que ya había descubierto Newton y se
conocieron como las bandas de Fraunhofer, ¿para qué servía? Por el momento,
para nada.
Luego a otro par de jóvenes, Robert Bunsen y Gustav Kirchhoff (1811 – 1899,
1824 – 1887) se les ocurrió experimentar con una suerte de telescopios
chiquitos y prismas por las que hacían pasar la luz de diversos materiales
que quemaban en un mechero, se dieron cuenta que, cual luz del Sol, se
descomponía en colores, pero además descubrieron que había patrones según el
material que quemaban en el mechero y cada patrón se repetía, se repetía y se
repetía para cada uno de los elementos que estaban quemando.
¿Para qué servía
saber eso? Por el momento, para nada.
Aparece luego otro personaje por demás distraído con las cosas mundanas, pero
observador: Christian Andreas Doppler (1803 – 1853) quien descubrió el efecto
que lleva su nombre y que está relacionado con los sonidos graves y agudos
según si la fuente de sonido se aleja o acerca al escucha, lo interesante es
que la luz que también tiene un comportamiento ondulatorio y presentaba la
misma característica, pero en corrimientos al rojo o al azul en el espectro
electromagnético, según si la fuente de luz se alejaba o acercaba al
observador.
Aparece un señor quien seguramente también de niño tuvo que ser inquieto:
Edwin Hubble (1889 – 1953), quien descubrió que entre más alejadas se
encontraban las galaxias más corrimiento al rojo presentaban en el espectro
electromagnético, llegando a la conclusión que esto estaba muy relacionado
con el efecto Doppler y que, entonces, el Universo estaba en expansión.
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