Pedro Iván Quintana
Una ironía puede hacerse de muchas formas, pero yo prefiero las que se componen de dos frases que separadas son perfectamente coherentes, lógicas, correctas, y además no hacen enojar ni reír a nadie. Pero cuando las juntas ¡toing!
La primera tiene que ser la más seria y debe contradecir lo que la mayoría supone o bien, debe estar de acuerdo con lo que la mayoría desea pero que sabe o intuye que no es cierto. Debe ser una sentencia provocadora
Por ejemplo:
Eso de que David Beckham tiene bajo coeficiente intelectual, que le publicó un compañero en Manchester United, es mentira…
La segunda frase es la más difícil, porque debe ser muy objetiva. Un adjetivo puede echar a perder todo. Una ironía exige que el que la lee se esfuerce en entender, pero lo más importante, lo que determina el éxito de una buena ironía es que alguien poco perspicaz no la descubra y la tome como un argumento correcto y verdadero:
…¡Si hasta escribe! Ha publicado dos autobiografías.
En eso consiste lo que vamos a llamar ‘disfrute irónico’, una de las formas más bellas de saborear la complicidad, en este caso, de quienes sí entienden la broma, frente a quienes no.
La ironía que he puesto a su consideración era un pie de foto y sólo estuvo en línea un par de horas antes de que cayera encima ‘Pepe Grillo’. El pequeño y flaquito grillo hizo reflexionar a mi cabezota dura, me quedé pensando en si me había mandado o no.
No es una mentira. Ya saben, la frase alude a la autobiografía de Jaap Stam, quien escribió entre otras linduras, que David tiene el IQ de un trabajador de la construcción (Si quieren comprarse el libro, aquí está el link.
Cambié la frase por algo nada ‘venenoso’, pero no estoy seguro si hice bien.
¿Les parece que era demasiado ‘manchado’? ¿Hice bien?
|