Por Ángel Gómez A.
Como el de todos los seres humanos, el final de los dictadores es la muerte. El año que recién finalizó se llevó a dos de los más connotados del siglo XX: Augusto Pinochet y Saddam Hussein. La muerte los alcanzó por igual a los dos, aunque el destino de ellos fue, como dicen en mi pueblo, igual pero distinto.
El destino fue igual, porque como ya se dijo, impepinablemente terminó con la victoria de la muerte. Pero distinto, porque Saddam fue “juzgado” por los crímenes que cometió, mientras que Pinochet no. (Pongo “juzgado” entre comillas para darle una connotación obviamente despectiva; aunque estamos de acuerdo en que Saddam debía pagar por lo que hizo, también estamos claros en que ese juicio fue una farsa.) Es la diferencia de contar o no con el apoyo de los gringos (y de los británicos).
Los crímenes del dictador chileno no son menos horrendos y menos condenables que los del iraquí. Pero gozar del apoyo británico y gringo le valió para salvarse siempre, siempre, de que se hiciera justicia a los miles de chilenos asesinados, desaparecidos, torturados. Saddam cayó en desgracia y la horca lo esperó pacientemente. Yo personalmente no estoy de acuerdo con la pena de muerte, pero muchos creen que se merecía esa condena.
También se parecen los casos de Saddam Hussein y Augusto Pinochet en que con su muerte los gringos pueden respirar un poco más tranquilos. Porque los secretos acerca de las marramucias que los del norte hicieron en sus países no eran pocos. Por ejemplo, la participación de la CIA en el derrocamiento de Allende y el asesinato de importantes líderes de la coalición que lo apoyaba; o la procedencia gringa de las armas biológicas y químicas que Hussein tenía, parte de las cuales utilizó para matar unos cuantos miles de kurdos. Así hay más…
Y uno se pregunta, como Robert Fisk, si debemos esperar a que se la muerte la que haga justicia (sea que llegue de manera natural o empujadita por los gringos) estamos fregados. Además, si esa es la manera de pasarle factura a quienes cometen crímenes de lesa humanidad y otras atrocidades, ¿para cuándo podemos esperar que sean juzgados Bush, Blair y Aznar? Porque nos mintieron acerca de las armas nucleares de Saddam y no van a decir que la matazón de Iraq (mientras ellos se quedan con el petróleo) no es su culpa. Yo seguiré esperando que algún día paguen por sus crímenes y no que la muerte los alcance tranquilamente en el porche de su casa.
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