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Foto: Nick Brooks, AP. Wesley Autrey con sus dos hijas |
Este año inicia con mal pie, con pronósticos de que será el más caluroso en la historia de la humanidad, y luego de un 2006 que tuvo un final terrorífico con el ahorcamiento de Saddam Hussein en Irak (que el tipo fuera un asesino psicópata no significa que hubiera que asesinarlo de manera humillante) y el atentado de ETA en el aeropuerto de Madrid. Sin embargo, ayer vi una noticia que me dio un motivo de optimismo.
Wesley Autrey, un trabajador de la construcción de 50 años que viajaba con sus dos hijas pequeñas en el metro de Nueva York se lanzó a las vías para rescatar a un joven que segundos antes se había desmayado al borde del andén y acabó entre los rieles.
Autrey es un obrero de la construcción de raza negra que no se paró a pensar si el joven era blanco o si sus hijas, de de 4 y 6 años, se iban a horrorizar de ver que su padre brincaba a las vías cuando el tren se acercaba a toda velocidad a la estación de la calle 13 y Broadway, en Manhattan.
Al ver que no tenía tiempo de salir con el joven inconsciente entre los brazos, porque literalmente se les venía encima el tren, lo aventó a un hueco entre los rieles y se puso encima de él para cubrirlo con su cuerpo. Así que las hijas de Autrey, seguramente aterrorizadas como el resto de los viajeros que veían la escena, presenciaron como pasaron cinco vagones por encima de su papá y del joven que bajó a rescatar. El conductor del tren al darse cuenta de lo que sucedía quiso frenar, pero no le dio tiempo. De pronto se oyó la voz de Autrey diciendo que estaban bien. Milagrosamente no les pasó nada. Tenían manchas en la ropa, pero eran de aceite.
Las hijas de Autrey lo vieron salir y convertirse en un héroe nacional en EU en el lapso de horas desde que se conoció la noticia.
¿Quién no ha pensado con temor alguna vez en qué pasaría si nos cayéramos mientras se acerca el convoy del metro en la estación? A mí me da miedo acercarme mucho al hueco de las vías y veo con estupor, desprecio y admiración a la gente que espera más allá de las rayas que marcan el espacio donde deja de ser seguro esperar la llegada del tren.
¿Y quién no ha fantaseado en si tendría el valor de ayudar a alguien que cayó al agua y se está ahogando o, como en este caso, se cayó a las vías del metro? La respuesta real sólo la puede saber quien como Autrey tomó la decisión en centésimas de segundo.
Por cierto que (y cambiando de tema) Saddam sería un loco tirano, pero al morir demostró que los tiene tan grandes y bien puestos como el caballo de Espartero.
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