Por Francisco Rosas
¿Usted se ha preguntado por qué la gente gasta enormes cantidades de dinero en la cena de navidad o año nuevo, compra regalos a diestra y siniestra y termina entregando algunos de esos productos que compró con tanto esfuerzo en alguna casa de empeño que seguramente le dará una mínima fracción por el costo total del artículo y el cual algunas veces no recuperará?
Creo que en el fondo de todo esto existe un consumo irracional que con disciplina se puede corregir. Según los economistas, la base de unas finanzas personales sanas radica en saber administrar sus recursos presentes y futuros.
Así, muchas veces cuando tenemos un poco de efectivo en nuestras manos, auténticamente se nos “quema” y lo gastamos con gran facilidad. Otra veces el “canto de las sirenas” de los bancos y comercios que ofrecen hasta 13 meses para pagar nos seduce y simplemente “hipotecamos” nuestros recursos futuros y la posibilidad de usarlos de una manera más adecuada.
El punto radica en qué lado quiere estar. Cuando gastamos ahora lo que tenemos, simplemente disminuimos nuestras posibilidades futuras, pues más adelante no tendremos la capacidad para comprar o negociar un producto en mejores condiciones. En este sentido me voy a lo básico, cuando usted compra de contado simplemente puede elegir entre muchas opciones y quedarse con la que más le convenga.
Si compra a crédito, usted se tiene que sujetar a las condiciones del vendedor. Con ello no estoy diciendo que el crédito sea malo, pues bien utilizado puede ser un motor de la economía y de nuestra casa.
Pero, también vale la pena detenerse un poco y pensar si es indispensable dejarse seducir por “el canto de las sirenas” y comprar a crédito o mejor ahorrar y en un futuro tener más recursos y más posibilidades de negociar el mejor servicio o artículo que necesita.
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