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¿Estabas enterada que hacer pachangas en invierno debe de tener por los menos 40 mil años de suceder? Seguramente no le llamaban navidad entonces, sus símbolos habrán tenido que ver con el anhelo que la naturaleza vuelva a “nacer”, alguna posición particular le habrán descubierto a la bola de fuego, a las lucecitas del cielo nocturno, el cambio de color verde naranja y luego la caída de las hojas de los árboles, los incendios y las sequías, los cambios de temperatura, la furia de los vientos y los océanos, los torrentes de agua caídos del cielo, las nevadas.
Entonces como hoy, esos hombres, mujeres, algunos teníamos cachorros. Y desde entonces deberíamos haber aprendido los adultos que ustedes, jóvenes, no son “nuestros”. Y ustedes jóvenes, que si no son rebeldes, hiperactivos, insolentes jactanciosos, energúmenos atorrantes, forajidos, folladores, unas y otros, es porque deben estar enfermos desahuciados. Ambos, adultos y jóvenes, ya deberíamos haber entendido que no somos, unos, los jefes y otros sus esclavos, los plebeyos, los empleados. Son ustedes la continuidad de la especie, nada más, pero nada menos, ¡olvídate tú de si mexicanos o canadienses!, los únicos humanos que hay en un pequeño punto azul pálido y sus alrededores en miles de millones de kilómetros.
Tenemos el enorme deseo de creer que hay más semejantes, ojalá que sí, pero tristemente por ahora no hay evidencias, ojalá los ufólogos hablaran de la verdad, pero sólo creen y difunden fantasías. Por ahora estamos solos.
Ha sido una verdadera proeza haber sobrevivido por lo menos desde hace un millón de años, tan limitados en nuestros cuerpos y habilidades, tan frágiles ante la poderosa naturaleza y sus habitantes de otras especies. Nuestra obligación como adultos de-be-ría ser inculcarles valores sustentados en habilidades y conocimientos para la vida.
Hoy, amorcito mío, es increíble y amenazante que en vez de eso les estemos inculcando leyendas, fantasías, entidades a nuestra imagen y semejanza poderosas e indiscutibles… pero imaginarias, propiciadoras de odios, intolerancias, inequidades (tú eres hembra, amiguita mía, sabes por experiencia propia de lo que te hablo).
¿Sabes que esos buenos deseos por la paz en la Tierra para los hombres que tengan voluntad, tiene por ahí de los cuarenta mil años y no tres mil? Era inevitable hacer el esfuerzo mental, inteligente de reflexión colectiva frente a una contundente naturaleza que se “muere”, deja tú si el vecino o los parientes: ¡la Naturaleza! Que ella “renaciera” en la “prima vera” era una esperanza más que un conocimiento, había señales que fuimos aprendimos a “leer” y entendimos que los ciclos se repetían, ya no dependimos de la esperanza y se nos fue quitando el miedo. No falla, el 21 abril florearán las ramas “muertas” y ya no hará tanto frío.
Pero parece que hemos perdido en sentido de las fiestas del de invierno (boreal), que no comenzó hace tres mil años sino cuatro mil quinientos millones de años, antes de que hubiera indicios de “vida”, así que ningún humano en representación de nadie se puede adjudicar la “natividad”. Los humanos empezamos a entender este “nacimiento” cíclico hace por lo menos cuatro mil años, aunque cientos de miles de años antes ya lo habíamos notado.
Es la mente humana la proeza, mi niñita, no la fuerza ni las armas. Esa poderosa maquinita procesadora de los más intrincados fenómenos, incluyendo nuestra propia existencia y viabilidad. La obligación primigenia que tenemos como bicho “Hombre que piensa” es traspasarla mediante símbolos de generación a generación, de adultos a cachorros.
En fin, chitita hermosa. Confía en lo que te comparto. Se oye bonito eso “de tu padre”, pero es más serio, yo soy uno del par de adultos que te engendró, como miembros de la especie. Cachorra, tu cuerpo y tu destino son tuyos y de nadie más, es el único hospedaje que tiene tu “ser”. Haz caso de quienes te ofrezcan valores basados en los conocimientos y habilidades para vivir, para que seas “viable”.
Sí mi amor, estas son mis razones para celebrar el solsticio boreal. Siempre han tenido que ver las luces en el cielo, por eso es tan especial el símbolo de un lucero, el frío. Si no estamos de acuerdo con esto, no estamos de acuerdo con nada y ora sí “que Dios nos ampare”. Échale ganas, hermosa niña, sé “feliz” otra navidad, ahí la llevamos.
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