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Laura Esquivel estuvo en uno de nuestros Chats, y a un ladito, a la izquierda, me pueden ver tomando dictado... |
Estuve cinco días atrás de un escritorio, en un stand de 5 x 2.5 metros, batallando con una red inalámbrica que se caía cada cinco minutos. Me la pasé comiendo comida chatarra (cuando había tiempo) y cuidando computadoras y otro material de oficina; cargué como burro equipo libros y otras cosas... y ¡Cómo lo disfruté!
Todo empezó a mediados de octubre, cuando el grupo PRISA (los editores de EL PAIS) le propuso a EL UNIVERSAL trabajar en conjunto para impulsar y promover el evento cultural más importante de México en el año, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2006.
Me tocó hacer la propuesta, desarrollar el concepto y el sitio y después, operarlo desde Guadalajara y la Ciudad de México. Como todos mis partos, a este tampoco le faltó dolor. El estrés, la prisa y la duda me atacaron sin piedad y, sin embargo... el resultado fue muy, muy bueno.
El último día, cuando corría por la Calle “A” de la Feria, tropecé con José Woldemberg. Es alto, alto, alto como semáforo. Yo alcé la vista y mi cuello se dobló hacia atrás para poder alcanzar a ver su cabeza. No me pude resistir.
- Señor Woldemberg, mucho gusto. Usted me cae muy bien, le dije.
El ex presidente del IFE, sorprendido, sólo pudo responder: “Ah, pues muchas gracias”. Pero yo no estuve contenta con lo que le dije, pensé que era necesario abundar, así que brillantemente, agregué:
- De todos los políticos, o de todos los que escriben de política, usted es el que mejor me cae.
Lo que en realidad quise decir es que me parece uno de los analistas más congruentes de este país. No salió así, ni modo. Da-da-da.
Pero lo peor ocurrió cuando tuve enfrente a José Saramago. Nunca me he considerado una fan ni mucho menos; esas cosas me asustan. Pero cuando el viejito apareció por el pasillo del stand, acompañado por Myriam, la directora de prensa de la FIL, no puede contener la emoción.
Myriam me hizo señas de que me acercara y le dijo a Saramago: “Mire, le presento a Gabriela Velázquez, de EL UNIVERSAL”. El señor posó sobre mí sus ojitos de tortuguita, tomó mi mano entre las suyas (que estaban frías) se inclinó y me saludó de beso en la mejilla. Sólo atiné a decir: “Mucho gusto”. La verdad es dudo que en esos casos se pueda hacer más.
Me sentí muy contenta. Al verlo alejarse por el pasillo recordé a mi abuelito...
Aunque no pude ir a una sola conferencia o concierto, el entusiasmo, el ruido, el movimiento de la FIL me impactaron. La mayoría de los stands era magníficos (el de Andalucía era enorme) y por ahí se veían unas cuántas ofertas que no aproveché. Había muchísima gente, jóvenes, niños, señoras, señores, todos felices en la Expo Guadalajara.
Los jaliscienses son sencillos, amables y serviciales. Muchas chicas de orientación y organización se prestaron a ayudarme a cargar mis tres computadoras que tenía que llevar y traer. Todas con una sonrisa y gran disposición.
Fue una gran experiencia. A ver qué dice el otro año. Ojalá pueda regresar.
Mañana les compartiré un documento muy interesante que cayó en mis manos. Se trata de una ponencia sobre la lectura (no lectura) en México, en el Siglo XXI.
No se lo pierdan.
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