Por: Cristina
Estamos estrenando mes y también nuevo gobierno... mmm, bueno, esperemos que al menos les sea placentero saber que ya son los últimos días de este caótico 2006 y que ya se acercan todas las festividades que por demás encantan a los mexicanos, sea la religión o partido político que fuere.
Y ya entrados en las preposadas (¿preposadas? sí, sólo en México), próximos a los brindis, desayunos, veladas, intercambios y demás, sería bueno pensar qué actitudes tomar frente a tanto ajetreo.
Supuestamente, esta época decembrina muestra lo mejor de uno, las buenas intenciones salen a relucir, queremos enmendar los errores del pasado y hacernos el firme propósito de ahora sí ser buenos con los demás y con uno mismo. Pero ¿en verdad lo somos?
Caso #1. La posada
Se aproxima la fiesta familiar y tenemos que llevar alguna cosa. ¿Porqué casi nadie quiere contribuir con el ponche, poner la casa o comprar la piñata con fruta? Exacto, y quien lleva la piñata porqué la rellena de fruta que acabará pachiche o toda mallugada. Los dulces son la opción, los niños y los dentistas lo agradecerán.
Caso #2. La comida
Para aquellos que hicieron el propósitos de bajar de peso para el 2007, no se frustren desde el 2006, las cenas, brindis y demás comilonas son inevitables. Lo humanamente posible de hacer es optar por consumir los alimentos menos dañinos como el pescado, el pavo (sin relleno y sin la grasa del caldo), vino en vez de refresco (bueno, tampoco en exceso), aceitunas, quesos bajos en grasa, semillas y frutas frescas de la temporada.
Caso #3. El intercambio
Han escuchado hablar de la “justicia divina” o de que “todo se paga en esta vida”, pues es cierto.
Normalmente, para los intercambios se fija un precio o un tema, para que más o menos todos reciban algo agradable. Lo que sucede en esta liosa ciudad es que no hay tiempo para mucho; gastar horas en las tiendas o centros comerciales buscando algún presente para el sujeto con el que se intercambiará no es precisamente la prioridad de nuestra agenda.
¿Qué sucede entonces? Sacamos el roperazo, sí, alguna cosa que compramos hace años o que alguien que no nos importa mucho nos obsequió. El objeto luce en buen estado -claro, nunca lo estrenamos-, es desempolvable y por ende, el candidato ideal para convertirse en ese maravilloso regalo de intercambio ¡No! No lo hagas, si estuvo arrinconado tanto tiempo es porque no te gustó a ti y por lo mismo tampoco a su próximo dueño.
Admito que cierta vez osé regalar un roperazo y adivinen... en el siguiente año como maldición el objeto regresó a mí.
Moraleja: es mejor comprar flores, un arreglo frutal, vinos, dulces, galletas, chocolates, cosas ricas, vistosas y perecederas que con seguridad no volverán a nosotros.
También debemos pensar en que si invertimos aunque sea unos minutos de nuestro valioso tiempo en investigar los gustos del otro, para después encontrar algo que a la persona le pueda ser útil o agradable, esta buena acción nos será devuelta.
Buen fin de semana.
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