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Tengo un grupo de buen@s amig@s, inteligentes, atorrantes, con razonable y variopinto humor, biólogos con especialidad en cine; biólogos químicos físicos con predilección por la edición de textos bien escritos, amenos y claros sobre temas científicos; alguno además magnífico pianista; investigadores-divulgadores de temas científicos para todo público, médico, filósofa, geólogo devenido en habilidoso gestor de plazas académicas en el subsistema científico; erudita teóloga y eficiente gestora de relaciones interinstitucionales académicas. Una pléyade de hombres y mujeres informadas, cultas.
Nos une la ciencia, pero sobre todo la manera como funciona esa ciencia; observadores privilegiados cómo es en verdad por dentro la estructura científica, y eso va desde la manera de ver la naturaleza y la “vida” que implica desde una perspectiva crítica, analítica y escéptica; pasando por una manera de pensar, hasta las diversas disciplinas del conocimiento, sus valores, sus costumbres, sus filias y sus fobias. Una de las “construcciones sociales” de la humanidad más acabada. Le seguiría la idea de Estado.
La institución humana más global y primera de las globalizaciones (no la idea de lo que nos separa, sino lo que nos une a los habitantes humanos del planeta Tierra), la ciencia, funciona de inicio con base en “ideas” que son compartidas por una comunidad del conocimiento y que son confrontadas permanentemente unas frente a otras. Prevalecen las que son sólidas, sencillas, convincentes y que se avienen a la mejor interpretación de los fenómenos de la naturaleza que vamos conociendo desde hace por lo menos un millón de años. Se pensó en el Esperanto como la lengua comprensible por todos los habitantes humanos del planeta, fracasó. No así la ciencia, que comparte un lenguaje “universal” (y no sólo la matemática, aunque ella es muy importante).
Si esto es cierto ¿por qué demonios las ciencias sociales son importantes pero no gozan de la credibilidad de las mal llamadas ciencias exactas (pregúntele a la cuántica por la “exactitud”)?
Y sí, fíjense qué curioso que cuando con mis amigos citados debatimos sobre asuntos sociales y culturales suele haber una visión y una toma de partido a los que no recurrirían si el tema fuera la evolución y sus diversos matices e interpretaciones, o el Big Bang como una teoría más sólida que otras ¡pero también hay otras!; la esencia molecular de la salud, la vida, la enfermedad y la muerte, ¡nuestra antigüedad como especie!
Frente a trompos en la uña como decir que Bach es predecible ¡es posible ver reacciones de los cuates más apegadas a Los Misterios que a la constante gravitacional o el trabajo enzimático en la asimilación de nutrientes! ¡Cómo osas blasfemar!, sin ponerse a analizar que, en efecto, una vez que se descubre un patrón en las secuencias de Bach, puede uno predecir lo que sigue, si se conoce de estructuras musicales. De hecho, tal vez algunos de mis amigos no hayan leído un magnífico libro que habla sobre los “circuitos extraños” en Echer (el dibujante); Bach, el músico y Gödel, el matemático.
La histeria se desata cuando se enuncia que Lennon o Zimmerman (Dylan) son buenos poetas pero no mejores músicos que McCartney o Eric Clapton: a la inversa, estos últimos malos poetas. En estas discusiones se apela más al mito o el “raiting”, a la opinión pública, a las creencias colectivas, al prestigio, a la “autoridad” que a la discusión analítica, crítica, comenzando por aceptar que existen estructuras musicales desde lo más simple a lo más complejo, pero al fin y al cabo patrones, como en la Naturaleza. ¡No quiero contarles el tema de algunos científicos haciendo política o de administradores!
El exigente y riguroso periodista científico Javier Cruz, al analizar ciertas piezas divulgativas se pregunta ¿y dónde demonios está la ciencia? Lo mismo me pregunto yo con los científicos (por lo menos en la forma de pensar, analizar) cuando entran a discutir y actuar en el terreno de lo social, se manifiesta una suerte de esquizofrenia o “falsa conciencia”, además de un cierto desprecio o descalificación por las llamadas ciencias sociales, las artes o las humanidades. Como en otro tipo se exclusiones, se las tolera más que se las acepte.
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