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El domingo, a pesar de la globalización, siguen siendo la villa, el pueblito, el barrio, la intimidad familiar, no nos lo han robado. Yo tengo la fortuna, además, de poder saludar a vecinos de todas las villas de la República y este domingo pasó a saludar por casa el Ingeniero José R. de la Herrán, como él se pone. Pa’ los cuates es Pepe, para nuestro país es un importante contribuyente a la edificación de la ciencia de la máxima calidad que se hace en México, para el mundo. Pasó a saludar por teléfono y de paso contarnos qué onda con la lluvia de estrellas “Leónidas”.
Pepe y su papá están inventariados en la ingeniería transmisora de la televisión mexicana… Bueno, a qué nivel, que el niño Pepe correteaba por los estudios de la radiodifusora “W”. Mientras unos escuchábamos al “Grillito Cantor”, Pepe veía a Francisco Gabilondo Soler tocando al piano y hablándole a un micrófono diciendo tonterías como niño. Ya adolescente, Pepe le fusilaba las “pisadas” (las armonías) y la manera de tocar el piano a Agustín Lara.
Ustedes han de saber que el Flaco de Oro no escribía en el papel la música de sus canciones, la partitura del piano sobre todo. La música escrita del poeta de Tlacotalpan que existe es la de los arreglos que hicieron de sus canciones los músicos de sus intérpretes. Una partitura de piano es la posibilidad de tocar las piezas como el autor las tocaría, así tenemos partituras de Chopin y, si nos empeñamos, podemos tocar el piano como el mismísimo Frederick quiso que se tocaran sus rolas, o The Beatles.
Todo este rollo de Agustín Lara es porque Pepe de la Herrán es el único ser vivo inteligente del planeta Tierra que toca las rolas de Lara como las tocaría Lara, es decir, es la posibilidad que queden partituras de piano del músico con estatuas en la ciudad de Madrid, a la que nunca fue, y donde su chotis se enseña a los niños de primaria de aquella ciudad, cual su himno. Es difícil hacerle creer, entender, a un niño de primaria de Madrid que “Madrid” es mexicana y Agustín Lara es mexicano.
Pepe tiene un amigo, un físico picudo que se llama Rafael, que sabe tocar el piano y sabe escribir partituras de piezas para piano. En un principio ambos intentaron transcribir las rolas de Lara que se había fusilado Pepe de la Herrán, el traviseso chiquillo que vivió prácticamente toda su infancia y adolescencia por los pasillos del ministerio de Educación no formal de México. Y los conocimientos de ambos sobre las programaciones para computación más sofisticados, fueron garantía para comprobar con toda certeza que el procesamiento por computadora de las rolas de Lara, como las tocaba Pepe de la Herrán, quedaban satisfactoriamente escritas e impresas como partitura.
Pepe también está inventariado en el Observatorio Astronómico Nacional, él ha tenido que ver con la mecánica, construcción y monturas de varios telescopios de Tonantzintla y San Pedro Mártir.
La edad de Pepe ya se la pueden imaginar, pero ello no obsta para que el Ingeniero José de la Herrán sea “Pepe” para los cuates, que te lo encuentras por el barrio y en la esquina te cuenta que tiene una motocicleta Indian, la mamá de las famosas Harley que conducían los agentes de tránsito Pedro Infante y Luis Aguilar, que él mismo la armó y, sí, la casa de Pepe es un taller mecánico de precisión.
Luego en el café, en la sobremesa, Pepe puede contar infinidad de interminables y deliciosas anécdotas del México de mis recuerdos ¡Ah porque además Pepe fue diputado en el Congreso en los tiempos del partido “casi” único! Y no podría ser menos, así como cuenta esas sabrosísimas historias de las calles de la electrónica y mecánica de Ayuntamiento y Chapultepec 18, Tonantzintla y San Pedro Mártir, así también es Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia y se sale a patinar con los chavitos, o sea, con nosotros los del barrio.
Ahora que adquirí una motocicleta, me pregunto si Pepe querrá ir conmigo a la sierra de San Pedro Mártir o al volcán extinto de La Negra, hasta el Gran Telescopio Milimétrico, que ya empieza a recibir lejanísimos mensajes del Cosmos, que se emitieron hace 10 mil millones de años, y sería delicioso escuchar a Pepe si acaso se imaginaba (no digo cuando él andaba en bicicleta porque seguramente aún lo hace, igual que subirse a los árboles o hacer cabriolas en patines de ruedas o darse una vuelta en motocicleta) que podríamos “ver” cómo era el Universo en su infancia.
¡Gracias Pepe, por tu generosidad amiga, de los mejores cuates que he conocido!
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