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Lo siento, pero en mi penúltimo día de vacaciones, me fue difícil dejar de pensar en "bajar" mis correos electrónicos a mi manoseado smarthphone que me acompaña de día y de noche. Aunque puedo confesar que no revise uno solo de esos correos, fue para tranquilidad de mis instintos informáticos que la única tarea que realice fue la de mandar desde Gmail –versión para teléfono- un mensaje que obedecía a un compromiso académico en la Universidad del Valle de México. Todo esto que platico, sucedió mientras hacia fila para atención en cajas de una sucursal bancaria en la ciudad de Tepic.
Estas logradas vacaciones o de retiro espiritual, obedecen a una decisión profesional en la que ahora estoy inmerso. Confieso que en este momento se me complica describir en una página la emoción que me invade cuando veo a tanta gente talentosa congregada y en la que desde hace una semana soy parte de ese equipo. Perdón por mi cursilería, pero es poca la gente que ha participado en la emoción del proyecto al que me refiero y seguro me daría la razón.
Pues bien, ahora que estoy en nueva oficina, con nuevo equipo de trabajo y de cómputo, me di el espacio de escribir lo sucedido al visitar tierra de coras y huicholes.
Ahí les voy.
=)
Pues decidí montarme en mi auto, acompañado del buen Ahui Trujillo –amigo, compañero y colega de la universidad- y Don Marcos Barraza –amigo, socio y las que se lleven-.
NOTA: Podría poner sus apodos que se ganaron a pulso en ese viaje, pero creo que podrían agarrarse de por vida para recordarme el mío y que en este momento no me conviene.
=P
Por invitación de mi primo Ernesto Yuri emprendimos la ruta en bici de montaña bautizada por unanimidad al término del recorrido como “La ruta del Matatipac”. Este recorrido comenzó en la coordenada 104°54’38.52” N 21°31’24.6” y terminó –por culpa de calambres sufridos al que escribe este Blog- en la coordenada 104°49’39.9” N 21°34’58.71”.
Durante este recorrido, cada quien se colgó de la tecnología necesaria para disfrutar el paseo. Por ejemplo: Yuri llevo sus impresiones de los mapas de GoogleEarth para estar seguro de las veredas que debíamos tomar para no perdernos. En el recorrido nos mostró algunas ruinas de una fábrica textil, una mina de barro y pueblos que hacen honor a su nombre; La escondida, localizada previamente por medio de GoogleEarth.
Ahui Trujillo se llevó –ahora si- su GPS Magellan modelo eXplorist que nos ayudó a identificar 21 puntos de interés, entre ellos un pueblo con una tiendita donde llegamos a comprar –saquear- toda el agua que tenía para la venta de una semana.
Marcos Barraza se hizo acompañar de su iPOD para escuchar a Massive Attack durante el recorrido de piedras, polvo, ríos y seguro no escuchar, a uno que otro perro ladrando cuando pasábamos una zona habitada.
El que más cargó –incluso con la responsabilidad- fue Yuri, que con una mochila de casi 6 kilos repleta de herramientas y mapas sobre su espalda, nos dirigió y explicó algo de los bosques primarios; entre las cosas que cargaba llevó también –no podía faltar- una cámara digital marca Sony y que fue la encargada de certificar la travesía de 4 emocionados ciclistas.
Al termino del recorrido, fuimos literalmente "rescatados" por mi primo Ricardo Flores, y en su camioneta cupieron de buena gana 4 bicicletas, mochilas, cascos, guantes... y cuatro entusiasmados, ciclistas que amenazan con volver.
Al final, nos toco tocó devorar unos camarones empanizados “a la acaponeta” y camarones al mojo de ajo, además de pulpo, ceviche de pescado y camarón en aguachile que mis paisanos saben preparar para el deleite de los comensales.
Nos seguimos leyendo, pero antes déjame saber tus comentarios en este blog. Te recuerdo que comentarios posteriores a la fecha de publicación en El Universal, puedes colocarlos aquí.
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