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50 Shades of Mñé
19-febrero-2015
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Terminé de ver 50 Shades of Grey sólo para poderla criticar. Toda la película me la pasé enojada. Con cada veinte minutos de nada que transcurrían, sólo repasaba críticas que había leído sobre la película sin poder creer todo el tiempo que le habían dedicado. Las razones que he leído para estar «en contra» del filme son varias: que presenta como romance lo que en realidad es violencia (una idea apoyada tanto por «conservadores», como por algunas feministas), que presenta sexo explícito y, además, ¡sadomasoquista! (en México, en EUA y en Inglaterra fue clasificada para «adultos»), que no es más que pornografía con un twist romántico... Después de ver la película lo puedo decir: no insulten a la pornografía. 

Quise ver la película precisamente por las críticas que había leído. Uno de los temas que más me apasionan es el del porno, el pop y los feminismos. Todavía recuerdo el día que leí Only Words de Catharine MacKinnon, una de las feministas anti-porno más famosas de Estados Unidos. Marcó un antes y un después en mi vida. Me hizo ver a la pornografía (qué va: a cualquier historia sobre las relaciones sexuales, particularmente las que se dan entre hombres y mujeres) de manera distinta. Por MacKinnon entré al mundo de las Sex wars de los ochenta (y noventa) en Estados Unidos: una época en la que las feministas pugnaban sobre su postura ante el sexo y la pornografía (y otras representaciones). Hay una literatura vastísima sobre el tema, que cubre todas las posturas imaginables. Vaya: el asunto no se quedó en una discusión. ¡Hasta hay porno feminista y queer

 Me apasiona el tema. Y por esta razón me encanta cuando alguna película, canción, libro, video juego o lo que sea vuelve a poner la discusión sobre la mesa. Creo que es una conversación fundamental: ¿cuáles son las historias que nos contamos? ¿Cuáles son las que no contamos? ¿De dónde vienen? ¿Por qué somos capaces de imaginarlas? ¿Qué efecto tienen? ¿Cómo impactan lo que somos capaces de vivir? ¿Sentir? ¿Desear? Sí: yo soy esa persona que es feliz leyendo todos los ensayos que «Blurred Lines» inspiró denunciándola y defendiéndola. Soy esa persona que se engancha a tal grado con un reportaje como el de «El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia)» que sueña con argumentos para justificar por qué es o no problemático. Soy esa persona que se dedica a ver horas y horas y horas de pornografía (vaya, hasta tengo una colección que he ido acumulando a lo largo de cinco años) para entender exactamente de qué hablan las feministas. Todavía recuerdo las noches que pasé viendo porno-parodias tipo Batman XXX y Pirates II: Stagnetti’s Revenge ...cada maldito segundo de ellas. Tiempo, hoy descubro, que fue mejor invertido que con 50 Shades of Grey

 Releyendo críticas, creo que muchas están dirigidas al libro y las extendieron a la película, sin haberla visto. Yo sólo puedo hablar de la película y en ella no encuentro nada particularmente alarmante. Sí: Anastasia, una chica que apenas está acabando la universidad, conoce a Christian, un millonario de 27 años. Se gustan. Platican. Y antes de que pase nada más, él decide que la dejará entrar a su mundo. Para eso, necesita que ella firme un contrato de confidencialidad. Hasta este punto, la historia es una típica de cualquier comedia romántica. Nada raro. El contrato de confidencialidad hasta se explica en la lógica del mundo que nos presentan: es tan rico y famoso que se protege de que a ella se le ocurra años después escribir un best-seller sobre sus meses con el millonario. Ella firma el contrato. No le presta mucha atención, hasta se le nota una cara de «qué ridículo es esto, pero va: qué más da». Entonces él le enseña su cuarto de juegos. Repleto de cuanto látigo, cuerdas y esposas se puedan imaginar (es, nunca nos dejan olvidarlo a lo largo de la película, millonario). Él es un dom (dominador) y quiere que ella sea su submissive (sumisa). 

El resto de la película se trata de la negociación entre él y Anastasia para ver si ella le entra o no a la dinámica. Él le entrega un contrato, en el que estipula todo lo que le puede hacer si ella consiente a ello. Más que cachondearme con la escena en la que discuten cada una de las cláusulas (Fisting? Strike that!), me la pasé pensando en qué diría la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre el contrato.[1] Esto, que quede claro, dice más sobre la película que sobre mí. Y ese es mi problema principal con ella: no sexualiza la violencia, porque no sexualiza nada. Hay un millón de gifs, comerciales, novelas, videos musicales y películas con más química entre los personajes que la que se ve en 50 Shades of Grey

 Ahora: aceptemos, por el puro argumento, que es cierto eso de que el deseo es absolutamente subjetivo y que la pornografía de una mujer es el paper académico de otra. Va. Anastasia, al final, no acepta el mundo de Christian. Lo explora, sí. Tienen sexo unas cuantas veces. Dos de ellas (¿o tres? NI RECUERDO LAS ESCENAS), exploran el bondage. En todo este tiempo (no pasan más de unas cuantas semanas, en las que ni siquiera se ven mucho, porque ella tiene vida propia), él despliega actitudes de control. Sí. La sigue, se aparece sin avisar cuando ella está con amigos o su familia, se enoja porque no le pide permiso para ir a ver a su mamá. Ella se saca de onda. La cual es una reacción constante al comportamiento de Christian: yo no veo en ella a una mujer felizmente sometida, sino a una a la que no le está gustando la persona que está conociendo. Cuando finalmente le queda claro a ella que ésta sería la dinámica con él, que no hay de otra más que el sexo que a él le gusta (y que a ella no... cosa que ya sabe después de haberlo intentado), se va. SPOILER. La película acaba con Anastasia yéndose. Vine, medio me vine, me fui. 

De todas las críticas que he leído, con la que más simpatizo es la planteada por los sadomasoquistas. Sostienen que la película patologiza a los practicantes del BDSM: se presentan como personas enfermas a las que hay que corregir. Y sí: desde mi perspectiva, una de las razones por las cuales Anastasia se engancha con Christian es para entender sus emociones, sus «perversiones». La pareja se conoce porque Anastasia le hace una entrevista para el periódico universitario. Una de las preguntas que le acaba planteando es la de qué opina de la gente que dice que él no tiene corazón. Él responde: quienes dicen eso son personas que me conocen muy bien. Vaya estereotipo (aquí sí): el hombre atormentado, desalmado, pervertido que hay que «salvar», «humanizar». En este diálogo inicial ella insiste en que un hombre que se dedica a ayudar a la población de África (¡!) debe tener un corazón. La odisea de Anastasia es descubrir que no, hecho que el mismo Christian acepta. Él se cree jodido, ella lo cree jodido. Tan tan. El romance se acabó. 

De ahí que tampoco entienda la preocupación de los conservadores. La película es conservadora en muchos sentidos: los sadomasoquistas son unos pervertidos, cuya perversión se debe a algún trauma de infancia (Christian confiesa ser hijo de una madre adicta al crack... ¿como si eso fuera algún dato relevante para qué?); no querer dormir en la misma cama que la pareja es reprochable; y por más helicópteros, avionetas y carros que él utiliza para seducirla, Anastasia como quiera se va. Money Can’t Buy You Love, Christian

Si en los libros ella se queda o no, no lo sé y no me importa. En la película se va. Y con ella, se fue mi tiempo y mi dinero. Y ahora les quito el suyo, con el objetivo de que no lo pierdan más. Disfruten los memes y las parodias, pero si lo que quieren es cachondearse, ya Buzzfeed nos hizo el favor de compilar una lista con 50 películas más sexis que la de 50 Shades. Si lo que quieren es indagar en el tema del porno y los feminismos, aquí les dejo yo una compilación con muchos libros y artículos sobre el tema que incluyen una infinidad de escándalos que valen mucho más la pena. Vean la historia de Deep Throat. Es más: vean Deep Throat. Les prometo que se reirán más, se cachondearán más y se indignarán más. Lo que sea: pero ya no contribuyan a hacer de esta película un fenómeno más grande en la taquilla. 

 [1] Si su fallo del 2005 sobre la violación entre cónyuges es cualquier indicación, creo que la Suprema Corte de Justicia de la Nación estaría en contra de cualquier contrato, incluido el matrimonio, en el que se ceda la libertad sexual o reproductiva. Fuera de eso: ¡fair game! (Creo que después de esto, nunca llegaré a ser Ministro, ¿verdad?) 

 [2] La propuesta de Christian (desde el contrato, hasta su contenido) me recordó a la Epístola de Melchor Ocampo, que se incluyó en la Ley del Matrimonio Civil de 1859 y se le leyó a las parejas a lo largo del país hasta... hace muy poco: 

 Sí. Esto era parte de la ley. 

 [3] Lean a Sandra Barba y sus «Cincuenta sombras de género». Trae un paralelo entre 50 Shades y novelas «filosóficas» censuradas en el siglo XVIII en Francia muy interesante. 

 [4] Yo conocí a Jamie Dornan, el actor que interpreta a Christian, por la serie de televisión The Fall. Ahí interpreta a un violador y asesino serial de mujeres. Conociendo la serie, entendí porqué lo habían contratado para la película. Viendo la película, no puedo creer que sea el mismo actor que en la serie. De cualquier manera: si lo que quieren ver es una historia típica (la de un hombre violador y asesino serial de mujeres) con un twist feminista, vean The Fall. El personaje de Stella, interpretado por la fantástica Gillian Anderson, es mi nueva heroína preferida.

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La gracia de algunas películas, generar mejores críticas que la cinta misma.. y alimentar el ingenio de algunos, proporcionando momentos de sana diversión https://www.youtube.com/watch?v=3yNGs-d_Sfc http://9gag.tv/p/aV7br2/5-reasons-porn-stars-hate-50-shades-of-grey-nsfw?ref=fbl9

 Enviado por Lucía - 19-febrero-2015 a las 19:03 Enviar mail al autor

 

La gracia de algunas películas, generar mejores críticas que la cinta misma.. y alimentar el ingenio de algunos, proporcionando momentos de sana diversión https://www.youtube.com/watch?v=3yNGs-d_Sfc http://9gag.tv/p/aV7br2/5-reasons-porn-stars-hate-50-shades-of-grey-nsfw?ref=fbl9

 Enviado por Lucía - 19-febrero-2015 a las 19:03 Enviar mail al autor

 
 
Acerca del autor
 
Estefanía Vela Barba

Estudió derecho en la licenciatura y en la maestría. Ahora se dedica a la docencia y a la investigación sobre la relación entre el derecho y la sexualidad –y todos los puntos en los que se tocan–.

@samnbk http://about.me/samnbk

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