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Ojos que (no) ven
20-noviembre-2014
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I.

 

El día de hoy está programada otra marcha que culminará en el Zócalo, convocada por los padres y madres de los 43 estudiantes desaparecidos el pasado 26 de septiembre en Iguala, Guerrero. No ha sido la primera y, por cómo (no) han respondido las autoridades estatales, probablemente no será la última. De las múltiples discusiones que se han desatado por el caso Ayotzinapa, me gustaría enfocarme en una: la empatía con el dolor que provoca esta injusticia y la solidaridad con quienes la denuncian.

 Aunque, más bien, lo que no deja de llamarme la atención es la falta de empatía y solidaridad con lo ocurrido. Para muchas personas, protestar por la desaparición de 43 estudiantes a manos de una policía corrupta no tiene sentido. Están, claro, quienes creen que las marchas, en sí, son inútiles. Que creen que una persona debe «contribuir» a «mejorar el mundo» por otras vías: pagando sus impuestos, absteniéndose de delinquir o, en última instancia, dedicándose de tiempo completo al trabajo de interés público. Pero, más allá de los que ven a la protesta, cualquiera que sea, como una pérdida de tiempo, están quienes ven a las manifestaciones por Ayotzinapa en específico como problemáticas. 

Están quienes las conciben como esfuerzos desperdiciados en quienes no eran más que «vándalos». Si no hubieran estado involucrados en acciones de dudosa legalidad, esto no les hubiera pasado, argumentan. ¿Para qué protestar por algo que se puede prevenir de manera tan sencilla: simplemente evitando la comisión de delitos? Ni siquiera los padres y madres de los desaparecidos generan simpatía: a una persona le leí que ella no hubiera dejado que sus hijos anduvieran en esas «andanzas». No ven un problema social, sino una falla individual. Lo que no deja de sorprenderme. Porque incluso suponiendo que las acciones de los chicos hayan sido «revoltosas» o incluso ilegales (vale: está «mal» robarse camiones), ¿en qué universo esos actos justifican que la reacción sea la desaparición y la muerte a manos del Estado? El punto del Estado de derecho, del debido proceso y de la proporcionalidad en las penas es que la autoridad no puede actuar por un impulso, con parámetros arbitrarios. No sólo se tiene que probar la comisión de un ilícito, siguiendo ciertas reglas básicas, sino que los castigos también tienen que ser proporcionales. Para Andreas Schedler, «no hay tierra más fértil para la indiferencia que la idea de las víctimas culpables.» Si se trata de víctimas culpables, la impunidad se justifica. «En los hechos», escribe, «el Estado mexicano ha consentido la privatización de la pena de muerte.» Desde aquí, protestar por Ayotzinapa es protestar en contra de la arbitrariedad estatal que deviene en muerte.

Aunque, esa es la otra: no sólo se trata de cómo el Estado debió de haber reaccionado el 26 de septiembre y después de esos hechos, sino todo lo previo. Hay quienes dicen que Ayotzinapa nos debe importar porque le podría pasar a cualquiera. Se busca generar empatía pidiéndonos que nos imaginemos que algún día estaremos en el mismo lugar. Creo que parte del problema radica en que no: lo que ocurrió antes, durante y después de Ayotzinapa por lo general no le pasa a cualquiera. Leí a una persona quejarse de las marchas, afirmando: «¿Nosotros los normales qué tenemos de culpa de sus problemas?» De todo lo que he leído, la frase me parece la más representativa del problema: hay una división previa, un «nosotros» y un «ellos», los «normales» y los «anormales», los que no tienen problemas y los que sí tienen problemas. Y esta división, de nuevo, se concibe no como un producto de una dinámica social, política, económica, jurídica específica, sino como el resultado de fallas individuales. Es el «los pobres son pobres porque quieren», «los vándalos son vándalos porque quieren», «los revoltosos son revoltosos porque quieren», «los jodidos son jodidos porque quieren». ¿Y cómo sentir simpatía por los que están así porque quieren, porque no lucharon lo suficiente, porque no trabajaron lo suficiente, porque no resistieron lo suficiente?

El problema es que exista un mundo que divida así a las personas, que condene así a las personas, que empobrezca así a las personas, que mate así a las personas, que salve así a las personas, que las premie y proteja así y que lo justifique como «natural». Como produzco del esfuerzo. Como resultado del carácter personal. Como merecido. Cuando no es así. No es que las personas seamos irrelevantes y carezcamos del más mínimo poder para decidir sobre nuestro destino. Es que por lo general, sobre qué podemos decidir, cuándo y cómo no depende sólo de nosotros. La vida que se nos presenta, las oportunidades que se nos presentan no son las mismas para todos. Esto lleva a que no se pueda separar la discusión sobre la política de seguridad de la que se debe tener sobre la educación, la economía, el empleo, la salud. Por eso lo ocurrido en Ayotzinapa es tan emblemático: al final, se trata de un grupo estudiantes que provienen de una escuela que se ha dedicado a denunciar la injusticia. Esta: la injusticia del hambre, de la pobreza, de la muerte. La injusticia sobre las vidas que podemos o no desplegar. Desde aquí, protestar por Ayotzinapa es protestar por las políticas que garantizan que unos ganen y otros pierdan, que unos tengan y otros deban, que unos sean los protegidos y otros los perseguidos, que unos vivan y otros mueran.

El Presidente Peña Nieto se pronunció en contra de las manifestaciones que, «amparadas en el dolor», buscan «desestabilizar» al país, «atentar contra el proyecto de Nación». Parece que el país ya estaba desestabilizado. Lo único que se ha hecho es hacerlo evidente. 

II.

 No dudo que la falta de empatía tenga múltiples causas. Por el momento, no puedo dejar de pensar en una: la importancia de la información con la que cuentan las personas para formar sus opiniones. El día de aquella marcha que culminó con la quema de la puerta del Palacio Nacional me parece un buen ejemplo para ilustrar mi punto. A través de las redes sociales, seguí los reportajes sobre la manifestación. Con el paso de las horas, vi incontables imágenes de personas caminando tranquilamente, portando velas, pancartas u otras consignas en sus manos. Lo impresionante era la diversidad en los mensajes y en quienes asistieron. Entre el mar de información, lo de la quema de la puerta fue uno de los sucesos reportados. Sí, pasó, pero no fue lo único.

Y sin embargo al día siguiente, en un programa de noticias, el primer segmento fue dedicado exclusivamente a la quema de la puerta. En los tres o cuatro minutos que se difundieron, jamás apareció una sola toma de toda la marcha, de las decenas de miles de personas protestando en paz. Todo el foco de atención estuvo en la quema de la puerta. Primera omisión. No puedo enfatizarlo lo suficiente: tenían tres o cuatro minutos para mostrar una infinidad de imágenes, pero lo único que se mostró fue la puerta siendo quemada y las detenciones que realizó la policía. El conductor afirmó, en algún punto, que habían dos grupos: los que marchaban pacíficamente y los que no. Jamás mencionó el tamaño de los grupos o quiénes los integraban. Si se junta esta narración con lo visual, parece que en realidad existían dos grupos, del mismo tamaño, disputándose el rumbo de la protesta. Nunca queda claro. El resultado final, sin embargo, es que se transforma un hecho aislado de la marcha en su punto central. Una marcha con un incidente de violencia se transforma en la marcha violenta. Lo que menos se quemó fue la puerta del Palacio Nacional.

En estas semanas no he dejado de pensar en Susan Sontag, que subrayó algo similar en su libro sobre la fotografía. Uno de los puntos fundamentales de las fotografías (o el video) hoy en día es que se consideran testimonios de la realidad, que simplemente retratan lo que ocurrió. Se les imputa una objetividad incuestionable. Si lo veo, pasó. Aplicado a Ayotzinapa: si veo la puerta del Palacio Nacional siendo quemada, es porque pasó. Sontag, sin embargo, nos recuerda que el poder del fotógrafo (o del periodista o de...) estriba en determinar qué incluye y qué excluye de su imagen. Es tan importante lo que aparece en cuadro, como lo que no. Precisamente porque, con ello, se (re)construyen realidades. Si lo que sale es lo que pasó, lo que desaparece es lo que no: deja de existir.

Si lo único a lo que estamos expuestos es a la violencia, porque es lo único que se muestra, quizá no sorprenda que, en el mejor de los casos, lo que se provoca sea la indiferencia y, en el peor, una abierta animadversión. Por eso es tan importante ser críticos de lo que vemos y de lo que no. Cada vez que veamos una toma de un acto de violencia vinculado a una marcha tenemos la obligación de preguntarnos: ¿de qué otra realidad nos estamos perdiendo? No podemos olvidarlo: es tan importante lo que aparece como lo que pueden hacer que desaparezca.

Protestar es enunciar, es señalar, es hacer evidente. Protestar es impedir el olvido. No permitamos que esta otra realidad desaparezca.

(No dejo de pensarlo: Ojos que ven, corazón que siente. Quizá en esto estriba la empatía.)  

 

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Me parece excelente tu opinión. La comparto.

 Enviado por Hugo - 21-noviembre-2014 a las 10:58 Enviar mail al autor

 

Estefanía, te leí con detenimiento. Gracias. Soy Directora de una organización ambiental donde fundamentalmente nuestros esfuerzos y trabajo van dirigidos en la educación, somos creyentes de que la educación nos dará un mejor entorno social, ambiental, civil, cultural, etc., para vivir. En el consejo directivo, dirección y voluntarios estamos interesados en el tema Ayotzinapa y tantos casos similares e incluso de mayor número de muertes, sin embargo, hasta ahora no hemos decidido participar en marchas ni tomando una postura en nuestras redes sociales, creemos que hay formas de mayor relevancia y trascendencia simplemente porque en México, ciudad de México en particular, han habido incontables marchas sin éxito alguno, lo digo así, porque el éxito sería que después de ese sin numero de marchas y expresiones sociales, hubieran surgido reformas laborales, de educación, de estado de derecho, cosa que al día de hoy no ha sucedido, al menos ninguna reforma con acciones concretas para mejorar el país qué es lo que todos estamos buscando desde nuestra trinchera. Si tú o tus colegas saben de alguna mesa de trabajo para definir propuestas de educación, de generación de empleo, etc., te pido por favor nos invites, estamos ciertos que ahí podremos hacer mucho más si conjuntamos la experiencia de un montón de personas con ánimo de juntar voluntades y en anhelo de una mejor comunidad para vivir. Te seguimos en Twitter, hablo en tercera persona porque mis intensiones son las mismas que las de la organización que tengo el privilegio de dirigir. @GaiaMex

 Enviado por Kari - 20-noviembre-2014 a las 19:59 Enviar mail al autor

 

Me parece excelente tu opinión. La comparto.

 Enviado por Hugo - 21-noviembre-2014 a las 10:58 Enviar mail al autor

 

Estefanía, te leí con detenimiento. Gracias. Soy Directora de una organización ambiental donde fundamentalmente nuestros esfuerzos y trabajo van dirigidos en la educación, somos creyentes de que la educación nos dará un mejor entorno social, ambiental, civil, cultural, etc., para vivir. En el consejo directivo, dirección y voluntarios estamos interesados en el tema Ayotzinapa y tantos casos similares e incluso de mayor número de muertes, sin embargo, hasta ahora no hemos decidido participar en marchas ni tomando una postura en nuestras redes sociales, creemos que hay formas de mayor relevancia y trascendencia simplemente porque en México, ciudad de México en particular, han habido incontables marchas sin éxito alguno, lo digo así, porque el éxito sería que después de ese sin numero de marchas y expresiones sociales, hubieran surgido reformas laborales, de educación, de estado de derecho, cosa que al día de hoy no ha sucedido, al menos ninguna reforma con acciones concretas para mejorar el país qué es lo que todos estamos buscando desde nuestra trinchera. Si tú o tus colegas saben de alguna mesa de trabajo para definir propuestas de educación, de generación de empleo, etc., te pido por favor nos invites, estamos ciertos que ahí podremos hacer mucho más si conjuntamos la experiencia de un montón de personas con ánimo de juntar voluntades y en anhelo de una mejor comunidad para vivir. Te seguimos en Twitter, hablo en tercera persona porque mis intensiones son las mismas que las de la organización que tengo el privilegio de dirigir. @GaiaMex

 Enviado por Kari - 20-noviembre-2014 a las 19:59 Enviar mail al autor

 
 
Acerca del autor
 
Estefanía Vela Barba

Estudió derecho en la licenciatura y en la maestría. Ahora se dedica a la docencia y a la investigación sobre la relación entre el derecho y la sexualidad –y todos los puntos en los que se tocan–.

@samnbk http://about.me/samnbk

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