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Entre JLaw y Salvador Novo. Entre secretos y venganzas
04-septiembre-2014
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Se ha desatado una discusión en torno al robo y difusión virtuales de aproximadamente 100 fotografías, en su mayoría de desnudos, de celebridades como Jennifer Lawrence. El diálogo gira en torno al derecho a la privacidad: cuándo y cómo se violenta y cuál es la responsabilidad de las mujeres, el ladrón, los medios y los consumidores en todo ello. Lo refrescante es cómo las condenas a quienes robaron, filtraron y consumieron las imágenes son cada vez mayores y más audibles, haciéndole la competencia a quienes responsabilizan a las mujeres mismas de la violación. Hay quienes han conectado lo ocurrido con el fenómeno del revenge porn, concepto que refiere a la filtración, muchas veces por parte de ex novios resentidos, de fotos de mujeres desnudas tomadas con su consentimiento en un contexto de intimidad. A partir de ello me gustaría reflexionar sobre la misoginia implícita en nuestra concepción de la sexualidad. Esto es, sobre cómo entendemos a la sexualidad de forma tal que termina por castigar y limitar lo que las mujeres, en específico, pueden hacer con sus deseos y sus cuerpos y que se manifiesta tanto en la violación de la privacidad misma, como en el tratamiento que las mujeres reciben a partir de la publicidad.

Es importante la discusión sobre el derecho a la privacidad para el caso específico de la sexualidad. Espero que gracias a sucesos como éste, el hecho de que personas se tomen fotografías (o accedan a que otros lo hagan) en un contexto de intimidad se deje de utilizar para justificar invasiones ilegítimas a su privacidad y que se siga reflexionando sobre la responsabilidad de quienes difunden y consumen estas imágenes. Lo que me interesa, más que contribuir al diálogo sobre el derecho a la privacidad, es cuestionar las consecuencias sociales que sufren las mujeres que terminan con sus vidas sexuales expuestas para el consumo del público.

Una sola fotografía o un solo video es suficiente, en muchas ocasiones, para que estas mujeres pierdan relaciones escolares, laborales, familiares, amistosas y amorosas y para que se conviertan en objetos de burla, acoso o insultos incesantes. Y, con el internet, este es un fenómeno que fácilmente se repite, una y otra vez: en cada nuevo encuentro laboral, en cada inicio amoroso, en cada evento amistoso las mujeres deben vivir con el miedo de que su «pasado escabroso» resurja con un solo clic, condenándolas, una vez más, a la pérdida, al escarnio y al aislamiento social. En todo este proceso, se les reduce a nada más que a sus vidas sexuales pasadas: putas son y putas serán, no importa nada más.

Porque ése es el problema con la filtración de información sexual sobre una persona: no es sólo que se expone algo que ella no quería. Hay personas sumamente privadas a quienes no les gusta publicar nada sobre sus vidas: sus perfiles virtuales, si es que tienen, por ejemplo, carecen de rastros de sus hijos, sus parejas, sus padres, sus amistades. Para estas personas, subir una fotografía de uno de sus niños sin su autorización constituiría una invasión a su privacidad. La diferencia estriba en lo que ocurre una vez que se violenta esta esfera: mientras que una fotografía de un niño y su padre no le generarías ninguna consecuencia social (salvo que aparezca cometiendo una atrocidad parental o se utilice para un secuestro), una fotografía erótica no tiene que retratar un acto ilegal para que su protagonista sea, en la mayoría y mejor de los casos, fuertemente criticada y acosada. De ahí que éste no sea sólo un problema de privacidad, sino primordialmente sobre nuestra concepción de la sexualidad.

Esta semana leí por primera vez La estatua de sal, la autobiografía de Salvador Novo, el poeta y periodista mexicano. Escrita para 1945 (cuando él tenía aproximadamente 41 años), en ella Novo se atreve a narrar los encuentros (y desencuentros) homoeróticos de su juventud. Es la historia típica de contextos homofóbicos: la del «secreto terrible», la del deseo que no «osa decir su nombre» por miedo a la violencia y discriminación social. En el caso de Novo, también es la historia de cómo, a pesar de la reprobación y burla constante, insistió en sus deseos y sus afectos, encontrando refugio y fuerza en el entonces naciente, endeble, reducido, pero muy divertido «ambiente» posrevolucionario.

Para efectos de este artículo, me quiero enfocar en una sola anécdota de las que narra Novo. A lo largo de las páginas, refiere en diversas ocasiones al miedo de muchos hombres de la época (incluido él en algún punto de su vida) de que se «revelara» el secreto de su «homosexualidad». Si bien en México el sexo entre hombres o «los actos homosexuales» no estaban criminalizados en sí, las autoridades estatales encontraban maneras de castigarlos por su «desviación» de cualquier forma. El famoso Baile de los 41, como se le conoce a la interrupción policiaca de una fiesta privada en 1901 que llevó al subsecuente arresto de 41 hombres, la mitad de los cuales estaban vestidos «de mujer», ilustra perfectamente cómo no era necesario contar con un fundamento jurídico para que este tipo de actos se ejecutaran con el respaldo del público. Más allá de la violencia estatal estaba la infligida por la sociedad o, en muchas ocasiones, por la misma familia, espacio de golpizas y maltrato constante o en el que se le condenaba al pecador al exilio, privándolo de los lazos de apoyo y amor, que, por lo general, se presumían incondicionales.

Una de las primeras relaciones que tuvo el joven Novo fue con un «artista de cine y teatro» mayor que él. La manera en la que el señor conquistó al muchacho fue prometiéndole incluirlo en su próximo montaje. Novo nunca se enamoró del viejo y terminó por dejarlo después de cierto tiempo, y con la llegada de Ricardo Alessio Robles, también conocido como Clara, la «reina» que lo introdujo a la «jotería» capitalina. La Perra Collie, apodo que le había dado Clarita al ex amante de Novo, no toleró el abandono. En venganza, fue a delatar a Salvador con su tío Manuel: denunció que «andaba en muy malos pasos; que visitaba casas de jotos y que estaba dispuesto a probarlo». «Sentí, y deseé, la muerte», escribe Novo sobre la confrontación que le hizo su tío. En ese mundo sin selfies incriminatorias a un clic de distancia, el evento no pasó a más porque La Perra Collie, arrepentida, no se apareció al careo que el tío había organizado para el día siguiente. Por default y, asumo, por las ganas del tío de no creer lo cierto, Novo se salvó en esa ocasión. Pero el episodio me dejó pensando: es el revenge porn de la homosexualidad posrevolucionaria.

A la vez, la anécdota me remitió al cambio fundamental que se ha dado en los últimos años, al menos en muchos círculos de ciudades como la de México. Ser gay ya no es algo que pueda ser utilizado en contra de la persona. No es un «secreto terrible» a exponer; solo es un hecho, como tantos, que contar. Quien pretenda chantajear o torturar a alguien con la revelación de su «vocación» (como le llamaba Novo), será recibido con indiferencia o, incluso, indignación: ¿por qué ser gay haría a una persona menos digna (de ser frecuentada, querida, apoyada, respetada, contratada...)?

La misma lógica debería aplicar para las mujeres que se retratan sexualmente. ¿Qué muestran las fotografías (o los videos)? Que son seres sexuales: se desnudan, bailan, cogen, comen, agarran; que les gusta de muchas maneras y en distintos momentos y quizá con distintas personas. Que les gusta su sexualidad, tan simple o variada como ésta pueda ser. El hecho de que esto quede capturado en una imagen, demuestra un solo hecho adicional: que utilizan los medios hoy disponibles para potenciar su deseo. ¿Por qué tomarse fotos? Para capturar momentos que son significativos (sean triviales o no), como muchos otros instantes de la vida. Ello implica que la sexualidad es como lo laboral, lo amistoso, lo amoroso, lo familiar: algo digno de ser recordado, algo que nos marca, nos conmueve, nos divierte, nos llena de regocijo, de placer. Y por esa sola razón, buscaremos inmortalizarla, más allá de nuestra memoria caprichosa. ¿Esto amerita que una mujer pierda el respeto social? ¿La vuelve incapaz de trabajar? ¿De ser buena madre? ¿Una pareja digna? ¿Por qué?

Insistir en la prudencia y cuidado que las mujeres deben tener con este tipo de imágenes desvía la atención del verdadero problema: un mundo en el que serán castigadas por ejercer su sexualidad. Es tanto como insistir en la moderación de los ademanes y el tono de voz para que la «homosexualidad» no se «note». O, analogía que muchas personas han hecho ya, como insistir en portar prendas «recatadas» para no incitar un ataque sexual. En el mejor de los casos, no son más que consejos prácticos para sobrevivir en un mundo injusto, con normas sin sustento. Se enfoca en cómo la víctima puede perder menos, sin advertir que, de inicio, ya ha sido privada de algo legítimo: sea la posibilidad de caminar segura por las calles, portando la ropa que quiera; de desear y amar a cierto tipo de cuerpos; o de expresar sus fantasías o capturar sus recuerdos por los medios que le son más atractivos.

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Muy buena tu conclusión, me parece que el boom de este tipo de escandalos radica en que exponer a alguien famos@ es más redituable que un desconocido, no genera el mismo morbo, e incluso hace sentir menos culpables a quienes realizan esas practicas,que bien comentas todos somos libres de realizar, es muy probable que en algunos años ya no sea digno de comentarse por que todo estará tan expuesto a travez del internet que el concepto de la privacidad se tendrá que modificar

 Enviado por Carlos - 04-septiembre-2014 a las 10:25 Enviar mail al autor

 

EL DE LA FOTO ES NOVO?

 Enviado por Danira Mtz - 04-septiembre-2014 a las 12:52 Enviar mail al autor

 

Muy buena tu conclusión, me parece que el boom de este tipo de escandalos radica en que exponer a alguien famos@ es más redituable que un desconocido, no genera el mismo morbo, e incluso hace sentir menos culpables a quienes realizan esas practicas,que bien comentas todos somos libres de realizar, es muy probable que en algunos años ya no sea digno de comentarse por que todo estará tan expuesto a travez del internet que el concepto de la privacidad se tendrá que modificar

 Enviado por Carlos - 04-septiembre-2014 a las 10:25 Enviar mail al autor

 

EL DE LA FOTO ES NOVO?

 Enviado por Danira Mtz - 04-septiembre-2014 a las 12:52 Enviar mail al autor

 
 
Acerca del autor
 
Estefanía Vela Barba

Estudió derecho en la licenciatura y en la maestría. Ahora se dedica a la docencia y a la investigación sobre la relación entre el derecho y la sexualidad –y todos los puntos en los que se tocan–.

@samnbk http://about.me/samnbk

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