Por Enrique Tamés
Como paÃs, llevamos algunas semanas discutiendo, como tópico de moda, la poca eficiencia de nuestro modelo y de nuestras formas educativas. Los autodenominados lÃderes de opinión encuentran la manera más sugerente de apostillar en una frase el fracaso de décadas y décadas de planeación, y más bien, de falta de planeación, en el sector educativo. Y para no repetir más de lo mismo, que si el sindicato, que si la maestra, que si el abandono, que si la violenciaÂ… sin negar el peso de lo antes mencionado, agreguemos algunas ideas más a la discusión, con el ingrediente omnipresente de la tecnologÃa, que atraviesa cada aspecto de nuestra realidad posmoderna.
Primera idea: Estamos viviendo al menos 4 modelos sociales en un mismo momento histórico: 1) el modelo de la sociedad moderna, de la producción de los objetos y bienes de consumo materiales. 2) El modelo de la sociedad de la información, donde, gracias a internet y demás redes, se accede a ella sin mayor esfuerzo; el bien es la velocidad con la que la información se hace presente. 3) El modelo de la sociedad del conocimiento, donde una vez adquirida la información, se selecciona, se procesa, se evalúa, se legitima. De la era de internet se pasa a la era de los buscadores. 4) El modelo de la sociedad digital, donde una vez que se registra la información, y una vez que se evalúa, se está en las condiciones de manipularla, transformarla, utilizarla. Del internet y de los buscadores, entramos en la era de los simuladores y de las aplicaciones. Pregunta: estamos formando futuros profesionistas, futuros ciudadanos, ¿para cuál modelo de sociedad?
Segunda idea: Y se ha dicho hasta el cansancio, si bien, en el ámbito educativo, no se ha entendido del todo. A grosso modo, convivimos en el mismo espacio educativo, dos generaciones: la de los migrantes, adultos que creemos en las bondades tecnológicas y hacemos un esfuerzo para incorporar su lógica y su estructura, como una segunda lengua, con todas las dificultades y retos. A esta generación migrante nos han enseñado a enfocarnos para resolver problemas, especializarnos para ser productivos laboralmente, a siempre probar antes de hacer; el lenguaje verbal (escrito o hablado) es nuestra fortaleza, y hemos aprendido que el conocimiento duradero es el válido. Nuestros hemisferios derecho e izquierdo se manejan con cierto nivel de independencia y el pensamiento es lineal.
Por otro lado, del lado de los estudiantes, del lado del pupilo que aprende, se va conformando lo que denominamos una generación de nativos en el uso de la tecnologÃa. Esta generación nativa valora la dispersión por encima del foco y la especialización; tienden más al multitasking y a lo multidisciplinario; aprenden haciendo y no probando. Su lenguaje es más visual y menos lingüÃstico, más multisensorial. Valoran más el conocimiento fugaz, de hecho, lo prefieren en este mundo en constante cambio. La interconectividad hemisférica cerebral es muchÃsimo más intensa que la de la generación migrante, y por último su pensamiento tiende más a lo holÃstico que a lo lineal. Con lo anteriormente dicho, cabe la pregunta: ¿Cómo es que los migrantes podemos ayudar a nuestros estudiantes nativos a ser más productivos y mejores ciudadanos en un entorno más acorde a sus caracterÃsticas que a las nuestras?
Tercera idea: La tecnologÃa en sus expresiones más comunes, desde los medios de comunicación, internet, telefonÃa celular, todo y más, ha entrado al salón de clase, a las tareas, a la rutina estudiantil, sin que les hayamos dado permiso. La noticia es que ya no hay marcha para atrás, asà que debemos de aprender a lidiar, mejor aún, tenemos que aprender a sacarle el provecho a una serie de tendencias tecnológicas que son cada vez más horizontales, llegan a un número cada vez mayor de niños y jóvenes, son cada vez más versátiles y baratas; mejoran su desempeño y conectividad, achican los espacios y los tiempos, mejoran en su representación de la realidad, simulan de manera cada vez más real, se producen y se reproducen a pasos agigantados. La pregunta que cabe: ¿estamos listos, profesores migrantes, para incorporar estos nuevos mundos, de darles el permiso oficial de existencia en los procesos de enseñanza – aprendizaje?
Todo esto y más, a raÃz de una noticia compartida por un buen amigo, hace unas horas: Enciclopedia Británica, la madre de todas las enciclopedias, acaba de anunciar que ya no editará nuevos volúmenes en papel. Me he quedado sin habla.
Muera el rey… viva, el ¿rey?