La única razón que explica el veto ruso a la resolución de Naciones Unidas sobre Siria, dice un
editorial del diario Haaretz, es el deseo de evitar una "conquista" occidental de la Primavera Árabe, sin importar el costo en vidas humanas. Es posible que así sea. La pregunta es si a Occidente sí le importan verdaderamente las vidas que se pierdan, o está luchando más bien por intereses menos evidentes.
La post-Guerra Fría
Durante los 90s, un sector importante de Washington percibió que tras el final de la Guerra Fría, Bill Clinton desaprovechó la oportunidad para ocupar los vacíos geopolíticos que había dejado la ausencia de la Unión Soviética. Por ello cuando George W. Bush llega a la Casa Blanca en 2001 los neoconservadores lo presionaron para jugar un papel más activo en ciertas zonas colindantes con Rusia. El pretexto empleado era la necesidad de defenderse de nuevos actores internacionales (como Irán, pero no únicamente), en manos de quienes podían caer las armas nucleares (o el material para armarlas). Las propuestas de establecer escudos antimisiles en diversas zonas geográficas tenían el común denominador de encontrarse siempre en los límites de la zona de seguridad o de influencia de Rusia.
Esto fue generando en la dirigencia rusa la percepción de que el despliegue de armas proyectado no tenía otro propósito que amenazarlos directamente a ellos. El Kremlin comenzó a sentir el asedio de la máxima potencia del planeta directamente en su antesala. Esto es lo que les lleva en el 2008 a reaccionar de manera contundente en contra de Georgia (que era apoyada por Washington) y a enviar un claro mensaje a sus contrapartes estadounidenses.
Si bien, la situación se relaja con la llegada de Obama, esto no dura demasiado tiempo. Los Wikileaks revelarían que a pesar de la presidencia de un Medvedev más abierto, los norteamericanos percibían al duro Putin como el verdadero controlador de lo que seguía siendo un régimen antidemocrático. De este modo, tras una fase de conciliación, con la evolución de factores de riesgo tales como el programa nuclear iraní, y más recientemente la Primavera Árabe, la Casa Blanca se mantuvo dando pasos en una dirección que incomodaba seriamente a Putin y a los militares rusos. La carrera armamentista, por tanto, está empezando de nuevo. Apenas este domingo,
Rusia anuncia el establecimiento de un sistema de defensa aeroespacial que le blindaría de las amenazas de los misiles de la OTAN que se están desplegando en Turquía.
La Debilidad de Estados Unidos
Al mismo tiempo, el Kremlin ha venido tomando cuidadosa nota de las señales de debilidad estratégica que ha ido exhibiendo Estados Unidos a lo largo de los últimos años. La agobiante deuda y el insoportable déficit fiscal, han impactado, entre otras cosas, en la postura geopolítica de la superpotencia. El pentágono se encuentra obligado en estos instantes a retirar tropas desplegadas en el exterior y sustituirlas por cuerpos de élite. Esto implicará el desmantelamiento de bases militares y una menor presencia de Washington en zonas que eran consideradas estratégicamente importantes para sus intereses. Rusia ha decidio sacar ventaja de esta serie de movimientos actuando conforme a sus propios objetivos en este nuevo entorno.
Primavera Árabe y Geopolítica
Es este el contexto en el que debemos enmarcar el torbellino que ha significado la Primavera Árabe no sólo para el Medio Oriente, sino para la geopolítica planetaria. La caída de regímenes aliados de Occidente como el caso de Túnez y Egipto, ha puesto a temblar a las potencias occidentales pensando que sus intereses económicos y estratégicos están amenazados. Para una potencia como EU, desafortunadamente este no es un tema de Derechos Humanos (mismos que han sido brutalmente violados desde hace décadas por amigos y enemigos de Occidente), ni siquiera de protección a vidas civiles, sino un asunto de cómo se reconfigura el tablero cuando alguno de los aliados de las distintas partes amenaza con caer. Rusia estuvo dispuesta a ceder en el caso de Libia (cosa que un sector de su dirigencia ha percibido como un grave error). La OTAN demostró que no buscaba la protección de los civiles sino el derrocamiento de Gaddafi y el establecimiento de un régimen afín que pudiese garantizar sus intereses petroleros y la estabilidad del país.
¿Derechos y vidas de civiles sirios?
Del mismo modo, lo de Siria para Occidente, no es una cuestión de lucha por la democracia. Ojalá lo fuera. Si este sería el caso, habría que reaccionar de idéntica manera con gobiernos asesinos como el de Omar Al Bashir en Sudán, o más recientemente, contra el rey de Bahréin, quien también ha estado asesinando a sus civiles durante la Primavera Árabe. Sería hermoso ver el activismo de algunos países, hoy defensores de las más humanas y nobles causas, dirigido también en contra de sus aliados de la Liga Árabe, que son tan o casi tan represores como Assad, aunque un poco más inteligentes y discretos.
Desafortunadamente no eran los Derechos Humanos los que estaban en juego en el Consejo de Seguridad este sábado, sino la colisión de los actores que hoy se disputan el poder en el planeta. Los estadounidenses y sus aliados buscando ocupar posiciones en este impredecible y complejo escenario, frente a Rusia y China que buscan impedírselos.
Para el Kremlin, Siria es un enclave estratégico y sin duda se encuentra sumamente interesado en resolver el conflicto. Pero a su modo, y sin Occidente. Es cierto que a ellos no parecen importarles las muertes y las víctimas. Pero la verdad es que si creemos que a Occidente sí, entonces estaremos también pecando de inocencia. No. Lo que se disputa es el control de un planeta en convulsión. Nos toca a nosotros, no a ellos, llorar por las vidas humanas que se pierdan en el camino.
¿Usted cómo lo ve?
Twitter: @maurimm