"No es vergonzoso preferir la felicidad”
Albert Camus
En esta ocasión trato el quinto y último tema en la serie de artÃculos Antes de Morir: la aflicción por no permitirse tener más momentos de felicidad.
Un proceso terapéutico involucra darle nueva forma a nuestros pensamientos y sentimientos, destruir para volver a construir algo nuevo, modelar nuestra conducta. Para muchos es como morir a un tipo de vida y renacer a una existencia más plena, serena o satisfactoria. Después de haber avanzado en su proceso, y de ver las cosas con mayor claridad, mis pacientes se dan cuenta de que podrÃan haber hecho estos cambios mucho antes y haber disfrutado más de sus vidas. Piensan: “¿porqué no hice esto en otro momento? o ¡cómo desperdicié mi tiempo; si tan sólo hubiera sabido que se puede vivir sin preocupaciones! Creo que esto es parecido a lo que algunas personas en la última etapa de sus vidas podrÃan pensar cuando miran hacia atrás y descubren que pudieron haber tenido más momentos de felicidad, si tan sólo se lo hubieran permitido.
Hay quienes se recriminan por haber “desperdiciado” su tiempo, por no haberse dado cuenta de cómo estaban actuando, de manera equivocada, de acuerdo con ellos. Surge la culpa. Son duros con ellos mismos, le permiten a ese tirano interior que todos tenemos dentro que los atormente y les exija perfección. Al hacerlo, pierden de vista que la manera en que actuaron tuvo una función en su vida, sólo hay que encontrar cuál es esa función para darle significado a sus acciones pasadas.
Con facilidad olvidamos que resolvemos nuestros conflictos al ritmo adecuado de nuestro crecimiento personal. En cada momento de nuestras vidas actuamos de la mejor manera en que sabemos hacerlo. Procedemos como pensamos que es lo mejor, en ese momento. Quizás ahora harÃamos las cosas de forma contraria, pero ya no somos las mismas personas, nuestras circunstancias han cambiado, hemos aprendido cosas nuevas, hemos crecido, pensamos y sentimos distinto.
Si nos hemos hecho daño o dañado a alguien más, siempre tendremos una oportunidad. Podemos resarcir el daño. En ocasiones no es posible hacerlo con la persona a quien perjudicamos, pero sà podemos compensarlo con alguien más. Hay quienes, después de haber causado dolor a su propia familia, por ejemplo a través de su alcoholismo, colaboran en programas de ayuda para familiares de alcohólicos. También es posible resarcir el daño por medio de la propia rehabilitación y entrega al desarrollo personal. Reivindicarnos, perdonarnos, favorece la felicidad.
Y es que para disfrutar de la vida y ser feliz, hay que permitÃrselo. La felicidad es una elección. Tenemos la libertad de enfocarnos en lo que podemos hacer para enmendar el dolor que hemos ocasionado, o bien, regodearnos en la culpa y el remordimiento, sin hacer nada más. Podemos encauzar nuestro pensamiento y atención a lo positivo, como hacer el trabajo que amamos, apreciar nuestra salud, en lugar de quedarnos en la queja, la autorecriminación y el sufrimiento. En ocasiones, es sólo una cuestión de cambio de perspectiva.
“Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”
John Locke
Podemos comenzar por practicar el agradecimiento, por considerar cada dÃa como un regalo que nos da la vida. Es una cuestión de formarse el hábito. Podemos hacerlo por medio de un diario en el que anotemos las cosas por las que nos sentimos agradecidos al final del dÃa. También podrÃamos de vez en cuando, durante el dÃa, pensar en algo que agradecer. Sé que a veces puede ser difÃcil hacer esto, sobre todo en momentos de malestar emocional, pero el esfuerzo vale la pena por la recompensa que obtenemos. El agradecimiento constante, si se hace con honestidad, tiene un efecto calmante y nos da una sensación de satisfacción duradera. El agradecimiento contribuye a eliminar la idea que mucha gente tiene de “no merecer”. Sentirse agradecido funciona porque es difÃcil agradecer algo sinceramente, sentirlo, y al mismo tiempo pensar que no se le merece.
La felicidad no es un golpe de suerte. Es el resultado de una mayor conciencia y atención a lo que elegimos a diario, a cada momento. Siempre tendremos opciones para elegir y de esta manera, como lo menciona Viktor Frankl, creador de la logoterapia, procurarnos un motivo para ser felices. En ocasiones nos robamos a nosotros mismos la oportunidad de tener más momentos felices. “Si tuviera la oportunidad de cambiar algo en mi vida, me permitirÃa ser feliz con mayor frecuencia”, dice una mujer antes de morir. A veces estamos tan concentrados en el resultado de lo que queremos obtener, la felicidad, que nos olvidamos de disfrutar el camino, el proceso.
“Muchas personas se pierden las pequeñas alegrÃas mientras aguardan la gran felicidad”
Pearl S. Buck
No hay excusas. Quizás pienses que la vida te debe algo, que no te ha dado la oportunidad de ser feliz. Pero no es asÃ. En realidad, estás en deuda contigo mismo, nadie te ha robado tu felicidad. Tú tienes la responsabilidad, posibilidad y capacidad de hacer de esta vida lo más agradable posible. No importa tanto lo que te ha dado la vida, sino lo que haces con eso que te ha dado. Nuevamente te digo que la felicidad es, en gran medida, una elección.
Perdonarte por tus acciones pasadas, reivindicarte, practicar el agradecimiento, procurarte motivos para ser feliz y concentrarte en el proceso, más que en el resultado, todas estas acciones pueden no ser el gran secreto — si es que eso existe— pero sà contribuyen en gran medida a tu felicidad.
Comparte este artÃculo con tantas personas como quieras. En la sección de comentarios aquà abajo, escribe tus opiniones. Utiliza la opción que se encuentra en la parte superior de la página para compartir este texto en Facebook y otras redes sociales.