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Jóvenes Chamulas. Crédito: Dra. Diana Laura Reartes |
Por Diana Laura Reartes Peñafiel (CIESAS)*
En el año 2007 inicié una investigación sobre “Jóvenes indígenas alteños, movilidad y vulnerabilidades frente al VIH/SIDA”; en ella, consideré la importancia cuantitativa y cualitativa del traslado de jóvenes indígenas de los Altos de Chiapas a San Cristóbal de Las Casas por motivos de estudio y trabajo (o ambas), y las implicaciones de esta movilidad en aspectos vinculados con su vida afectiva y sexual, que se plasman en una variedad de trayectorias sexuales y reproductivas que toma en cuenta la dimensión del género, escolaridad, presencia de redes sociales en la ciudad, el acceso a información, las expectativas y los proyectos de vida individual.
A través de entrevistas en profundidad grupales e individuales con jóvenes mujeres y varones estudiantes, empleadas domésticas, meseros y albañiles, nos aproximamos a conocer cómo las desigualdades sociales que operan a nivel comunitario, familiar e individual tienen efectos diferenciales sobre las condiciones de salud y, particularmente, las asociadas a la posibilidad de prevención de infecciones transmitidas sexualmente, incluido el VIH/SIDA.
Hasta el momento son varios los resultados que el proyecto ha arrojando. En esta ocasión, voy a concentrarme en algunos de los significados que estas y estos jóvenes asignan a su propio traslado.
Para la gran mayoría, la proximidad entre sus lugares de origen y la ciudad de San Cristóbal de Las Casas implica que en esta situación no signifique mayores riesgos para ellos; lo peor que puede pasar es un embarazo. En cambio, al comparar estos traslados con la migración a otras ciudades lejanas y, aún más, a los Estados Unidos, sí se incrementa su vulnerabilidad frente al VIH/SIDA.
Las verbalizaciones de las y los entrevistados tienen en común estar enmarcadas en las categorías de: nosotros y ellos, la comunidad y la ciudad. El traslado de las comunidades de origen hacia la ciudad es visto como una experiencia que diferencia a los sujetos en relación con su cultura de origen; así, ellos se distinguen tanto de las y los jóvenes que permanecen en sus comunidades como de los que son de la ciudad.
En el caso de estos jóvenes, construirse como distintos tanto a los que permanecen en las comunidades como a los que son de la ciudad les permite no sentirse tan frágiles ante las enfermedades de transmisión sexual, en particular el ITS/VIH/SIDA, desestimar el peligro, y considerar más vulnerables a “los otros”. Su traslado a la ciudad es construido como una experiencia que les posibilita contar con más conocimientos y experiencias, que a su vez les permite poseer mayores recursos para enfrentar la vulnerabilidad.
La comunidad parece ser vista como una entidad que, al preservar ciertas normativas y valorizaciones en torno al inicio sexual, el noviazgo o la constitución de las parejas, otorga ciertas seguridades, y se construye entonces como un lugar donde la vulnerabilidad frente a ITS/VIH/SIDA es prácticamente inexistente; al contrario, la ciudad se construye como un lugar donde existen mayores riesgos y donde, por lo tanto, se está en una situación de mayor fragilidad.
Estas y estos jóvenes asignan a la “comunidad” y a la “ciudad” cualidades diferenciales que las constituyen en referentes muy importantes a la hora de evaluar sus propios riesgos frente al VIH/SIDA, y poner o no estrategias preventivas. La reiterada alusión discursiva a la “comunidad” lleva sin duda a reflexionar acerca de la importancia asignada por tal conjunto social a dicha entidad, y permite considerar detenidamente la importancia asignada por las y los participantes.
Posiblemente, estos jóvenes conciban a la comunidad y la tomen como referencia en tanto constructo cultural y mecanismo para afrontar los nuevos conflictos, incertidumbres y retos a los que se ve enfrentada esta nueva generación de indígenas en los entornos citadinos. Tal vez para ellos, evocar a la comunidad ofrezca ciertos sentimientos de seguridad y la posibilidad de encontrar un lugar donde sentirse protegido o como dice Bauman: “el tipo de mundo al que no podemos acceder pero que deseamos con todas nuestras fuerzas habitar”.
Nota
Para mayor información se puede consultar el artículo “Movilidad territorial y construcción de vulnerabilidad frente a ITS/VIH/SIDA en estudiantes indígenas de Chiapas” publicado en la revista Miradas en Movimiento, vol. IV, noviembre del 2010, del Espacio de Estudios Migratorios.
Más información
Don Kulic y Margaret Wilson (eds). Tabú. Sexo, identidad y subjetividad erótica en la antropología. Londres y Nueva York: Routledge, 1995.
Cristina García Vázquez (ed). Hegemonía e interculturalidad. Poblaciones originarias y migrantes. Interculturalidad como uno de los desafíos del siglo XXI. Prometeo Libros, 2009.
El involucramiento de los hombres jóvenes en la salud sexual y reproductiva: Hacia una agenda binancional de investigación, acción y política pública. CRHRP-UCSF, El Colegio de México, IPAS México. Septiembre de 2004.
* La Dra. Diana Laura Reartes Peñafiel es profesora-investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Unidad Sureste, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
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Para más información de las actividades que desarrolla el Sistema de Centros Públicos de Investigación Conacyt, consulte las páginas México CyT y Gaceta CyT México.
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