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Oaxaca al borde del abismo
26-octubre-2010
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Oaxaca arde y Ulises Ruiz, como Nerón, sigue echándole leña al fuego, por acción o por omisión.

El viernes pasado fue asesinado a balazos el líder indígena Catarino Torres Pereda, en las oficinas del Comité de Defensa Ciudadana, CODECI, ubicadas en la Ciudad de Tuxtepec, Oaxaca.

Catarino Torres había padecido en los últimos diez años, una incesante persecución política, a causa de su actividad política y social, esto lo llevo a ser el primer preso político de la APPO, en el 2006, en Oaxaca y a estar recluido durante 7 meses en el penal de máxima seguridad del altiplano.

Al día siguiente, en la ciudad de Oaxaca y seguramente por otras circunstancias, también fue asesinado otro líder social, Heriberto Pazos Ortiz, fundador y dirigente del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT) y líder del que se considera el único partido político indígena de México, el Partido Unidad Popular (PUP).

Ninguno de los dos estaba vinculado al movimiento del Municipio Autónomo de San Juan Copala (MASJC), que se encuentra asediado por paramilitares. De hecho, Pazos fue desconocido por los copalenses independientes por haberse acercado a los gobiernos priístas estatales, desde la época de José Murat y haber sido incluso funcionario del Monte de Piedad oaxaqueño.

El MULT es, junto con la UBISORT, la otra organización que mantiene el cerco a Copala.

Aun así, los integrantes del MASJC dijeron: “Nosotros lamentamos esta muerte porque nosotros sabemos lo que es vivir esto y perder un ser querido. Sabemos muy bien que nosotros nada tenemos que ver, pero también sabemos que lo que está haciendo el actual gobierno es reventar al Estado e incrementar la tensión política (…)”.

Es decir, se deslindaron de esta ejecución que, como comentaron después los del Comité Cerezo, tiene toda la pinta de una acción típica del paramilitarismo colombiano, con dos hombres en motocicleta cazando a su objetivo en una transitada calle.

Y el gobierno estatal, callado. Viendo cómo se descompone el tejido social y las tensiones políticas suben de tono con cada vez más asesinatos impunes y descarados.

En este descompuesto escenario, los del MASJC no han obtenido solución a sus demandas de que se ponga fin al acoso paramilitar. Ni el gobierno estatal ni el federal han dado respuesta positiva a su conflicto.

Y a todo esto: ¿y la guerrilla? Los diversos grupos que existen en ese estado no se han pronunciado públicamente al respecto. Ni siquiera para solidarizarse con el MASJC, mucho menos para hablar de Catarino Torres o Heriberto Pazos. La tensión existente en Oaxaca es un caldo de cultivo ideal para la organización revolucionaria, según ha ocurrido en otros momentos de ese estado, o de Guerrero o de Chiapas.

Retomo lo dicho con claridad por Jorge Lofredo, investigador del Cedema, en su más reciente Posdata, que me parece que es una reflexión interesante que atañe a las guerrillas:

“Posdata: También existe una expectativa razonable por las definiciones que decidan ofrecer las organizaciones político-militares sobre los acontecimientos en San Juan Copala y el reciente asesinato de Beto Pazos –por mencionar sólo dos ejemplos recientes– sobre los cuales, hasta ahora, no se ha conocido ni una línea desde ese lugar.

“Será interesante conocer también, si ello así sucede, algún argumento que rompa la lógica discursiva acotada a la denuncia de la guerra de baja intensidad o el testimonio del paramilitarismo, y profundice más sobre las causas, razones y circunstancias de lo que allí sucede.

“Oaxaca es una de las entidades donde la presencia guerrillera ha sido una constante, tal como lo han reconocido algunos de estos grupos, desde décadas pasadas.

"En fechas más recientes el PDPR-EPR, las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, TDR-EP como Coordinación Revolucionaria o Comando Magonista de Liberación, Brigada Popular Revolucionaria del Sur (sí existe un texto, sobre un total de dos, donde vinculan a San Juan Copala con Loxicha y que data de mayo de este año), la Organización Revolucionaria Armada del Pueblo de Oaxaca (reivindicó de la colocación de un petardo contra un cajero automático en esa capital en pleno desarrollo del conflicto), el Ejército Revolucionario del Sureste o el Movimiento Armado Revolucionario-Frente Revolucionario Patriótico Nacional (a quien “no le temblaría la mano para hacer justicia”) han emitido señales de presencia en el estado –aunque, vale la obvia aclaración, muy distintas unas de otras– principalmente cuando tuvo lugar el movimiento social encabezado por la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca (APPO).

“Por supuesto que muchas de ellas ya no existen o de hecho nunca han existido. Sin embargo, es de esperar que, debido a la magnitud de estas circunstancias, se manifiesten sin recaer en lugares comunes como los ya mencionados más arriba o, peor aún, redunden en un silencio imposible de explicar”.

¿Hablarán? Y si lo hacen ¿será en comunicados o con acciones?

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Acerca del autor
 
Alejandro Jiménez

Analicemos juntos los movimientos armados en México y la seguridad nacional desde una perspectiva que trascienda el sensacionalismo, el sectarismo partidista o las páginas de policía. Este blog pretende hacer aportes en tal sentido.

Depende, no sólo del autor sino de quienes lo retroalimenten. Aquí se plantearán temas, lo demás ya será resultado de las participaciones que todos tengamos martes y jueves.

Alejandro Jiménez ha sido periodista de EL UNIVERSAL desde hace ya casi dos décadas, en áreas tan variadas como el Centro de Documentación, Turismo (por insospechado que parezca) y en Opinión. Se metió a esto del estudio de las guerrillas durante la investigación para la colección de tres tomos “Los Movimientos Armados en México” (1994), de la que surgió a su vez el proyecto del libro “México Armado” (2007).

Twitter: @ajimac

 
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