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La sordera de nuestro Führer
28-junio-2010
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Por Guillermo Fadanelli

Me ha conmovido ver a los árbitros durante los encuentros del mundial hacer anotaciones en una libreta (o tarjeta) y supongo que también aprovechan el viaje para añadir alguna impresión personal respecto al comportamiento de un jugador. Me imagino la siguiente anotación sobre los jugadores griegos: "Estos vinieron a talar árboles." Los árbitros serán los últimos escritores que existan sobre la tierra. Tal práctica me ha congraciado en parte con ellos y me alegro que de sus bolsillos no extraigan una libreta electrónica para anotar el nombre del amonestado. He aquí una prueba de que la literatura y los escritores no desapareceremos tan fácilmente como desean muchas personas.

¿Cuál es el peso de un entrenador en un equipo? Cambia a partir de un elevado número de variables. Es la posición más contingente en el campo de futbol. Hay entrenadores que reflexionan, otros que motivan y unos más que cobran por exhibirse (como Capello). Es costumbre monoteísta dar al entrenador la importancia de un dios omnipresente y después, cuando no nos complace, convertirnos en herejes al vapor e incendiar su imagen. Este nerviosismo proviene en buena parte de la inseguridad y el desamparo. Quizás por esto los mexicanos preferimos castigar que prevenir o hacer justicia.

Javier Aguirre y Mario Carrillo actuaron como si consideraran la selección de su propiedad. Como dos sesudos pensadores a punto de inventar nuevamente el cálculo diferencial cerraron sus oídos con cera. Si toda una población, incluidos el vendedor de tamales, la señora que vende seguros y el filósofo que escribe sobre hermenéutica creen que el Guille Franco o el Bofo no deben estar en el campo es de sabios escuchar y aceptar que el público tiene una opinión respetable. En cambio, el mensaje que se envió fue desolador: "Te exploto, pido tu apoyo, pero no te escucho." Esta es una mala premisa en política, deporte y en muchos aspectos de la vida pública.

Por cierto: cada vez que se meten goles una empresa de televisión regala decenas de casas como si se tratara de balones. ¿Qué tan altas serán sus ganancias o qué tan grande su culpa para convertirse de pronto en un espontáneo INFONAVIT?

México tuvo que haber pasado como primero de grupo pues allí se encontraba la única oportunidad de avanzar hacia los cuartos de final. Evitar a Argentina era esencial si se deseaba dar un paso más en la historia de México en las copas del mundo. No sucedió de ese modo y después del primer gol argentino los fantasmas del pasado volvieron, Osorio se derrumbó, el capitán Márquez estuvo a punto de enloquecer, la ausencia de un Barrera recluido en la banca creció y el Bofo representó la sonrisa del diablo, la mueca burlona que le recuerda a los espectadores mexicanos que ellos no cuentan, que su sentido común es una arbitrariedad.

La estrategia un tanto cantinflesca de los entrenadores esconde cierta corrupción moral propia de las instituciones mexicanas. En su libro Sonido local, Rafael Pérez Gay transcribe las palabras de Manuel Lapuente después del campeonato mundial del 98:" "Les podemos ganar, ¿quiénes son los alemanes? Vamos a derrotarlos." Y las de Mejía Barón en el partido contra Bulgaria (USA, 1994): "Le tengo mucha fe a los penaltis." Ambos partidos se perdieron, pero las palabras de ambos entrenadores no me llevan a un momento determinado del tiempo, sino que me recuerdan la historia de un futbol experto en el papel secundario. La desolación de los aficionados viene no de perder un partido, sino de la conciencia del límite, de la penuria sicológica y sobre todo de la absoluta imposibilidad de cambiar. Cada cuatro años la noche se hace más negra. Al principio de esta nota confesé alegrarme de que los árbitros no usaran tecnología. Me arrepiento a medias: ellos están obligados a negar lo que todo el mundo puede ver en las pantallas gigantes del estadio. Han sido declarados profetas de la ceguera. No están en el campo para hacer justicia, sino para que la tecnología se mofe de su presencia. Vaya mundo jodido.
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R.M Tizano: ¿Cuál es la línea para definir desde la soledad del banquillo una alineación o permitir que l puesta en escena se convierta en una ramplona votación de Televisa Deportes sobre quién debería y quién no estar sobre un terreno de juego? Existe una amplia brecha, que a veces parece acortarse demasiado.

 Enviado por Rodrigo Márquez Tizano - 29-junio-2010 a las 05:49 Enviar mail al autor

 

MEJOR HAY QUE PONERNOS A LEER Y ESTUDIAR PARA QUE MEDIOS DE INFORMACIÓNH COMO LOS NACIONALES, NO NOS LLENEN DE ESPEJÍSMOS, MEXICANOS HAY QUE TENER MAYOR CRITERIO PARA LAS COSAS, PARA QUE NOS HACEMOS, SI CON LA SELECCIÓN YA TODOS SABÍAMOS QUE NO IBAN A LLEGAR LEJOS.

 Enviado por TONO - 28-junio-2010 a las 17:11 Enviar mail al autor

 

Amén. Pero son tercos y querían apostar por la "experiencia" cuando en la banca tenían jóvenes con mucho mejor nivel. Qué más esperaban de Aguirre si desde Corea-Japón demostró ser bastante incongruente con sus convocatorias, alineaciones y cambios. El mundial se perdió desde el partido con Uruguay.

 Enviado por ebm - 28-junio-2010 a las 15:40 Enviar mail al autor

 
 
Acerca del autor
 
Colectivo

En días de Mundial la información sobre los pormenores del torneo está por todas partes. Sin embargo, como sabemos, el futbol no se agota sobre el pasto, más bien, apenas empieza. A sabiendas de esto, Tiros literarios reúne a ocho escritores para que compartan con los lectores de EL UNIVERSAL las reflexiones, los goces y los dramas que les despierta el juego. La literatura también salta a la cancha.

Leonardo da Jandra. Nació en 1951 en Chiapas, México. Es filósofo y ensayista. Su obra, que refleja de manera crítica la inquietud intrahistórica de la Generación del 98 (sobre todo Valle-Inclán y Unamuno), es una especie de puente natural entre la cultura peninsular y la mexicana. En 1997 ganó el premio nacional de literatura IMPAC con “Samahua”. Entre sus obras más significativas están: La Trilogía “Entrecruzamientos” y la trilogía de la costa: “Huatulqueños”, “Samahua” y “La almadraba”.

Guillermo Fadanelli. Escritor. Algunas de sus obras son: “En busca de un lugar habitable”, “Elogio de la vagancia” (ensayos); “Plegarias de un inquilino” (crónicas); “Te veré en el desayuno”, “Educar a los topos” y “Lodo”, (novelas). Sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Fundador de la revista y editorial “Moho” (1988), que aún dirige. Colaborador de fanzines y revistas de literatura, crítica y cultura en España, Italia, Alemania, Francia, Chile y México. Columnista del periódico EL UNIVERSAL, en México.

Javier García-Galiano. Como muchos quiso ser futbolista, pero fue expulsado de su equipo, el Celta de Vigo, por su gusto por el alcohol -otros aluden a su falta de destreza-. Trató de ser director de cine, pero no soportó el trato con maquillistas, actrices, camarógrafos, sonidistas y supuestos productores, por lo que se refugió en la literatura. Ha traducido, entre otros, “El busto del emperador”, de Joseph Roth, “Europa o la cristiandad”, de Novalis, “El cazador Gracco”, de Franz Kafka. Además es autor de “Confesiones de Benito Souza, vendedor de muñecas”, “Armería. Un Libro Vaquero”, “Historias de caza”, “Cámara húngara” y “La Pequeña Estambul”.

Rodrigo Márquez Tizano. Escritor y volante por derecha, cuando no está lesionado. Pupilo de la poesía geométrica menottista, confía en que Silva e Iniesta se muestren como revelaciones del torneo. Es autor de “Caballos de fuerza” (Arteletra, 2008) y “Todas las argentinas de mi calle” (Moho, 2010). Dirige el taller de narrativa de la UIA y es conductor de Malasaña, en Ibero 90.9 FM.

Luis Muñoz Oliveira. Jugó futbol hasta que lo mandaron a la banca, que fue bastante pronto, y, para estar sentado, mejor cambió de giro. Estudió Filosofía, en 2008 obtuvo el grado de doctor. Es profesor de Ética en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. También es escritor, próximamente estará disponible “Bloody Mary” (Random House Mondadori), su primera novela.

Rafael Pérez Gay. Su edad futbolística es de doce mundiales. Aunque guarda recuerdos vagos de Chile, 1962, Wembley 66 marca el inicio de esa afición que empezó con un empate ante Francia y una derrota frente a Inglaterra. Las palabras de Fernando Marcos en el micrófono, cuando el equipo nacional admitía un gol trágico, lo siguen siempre como un raro conjuro: “Ese maldito error que nos acompaña siempre. Una vez más la fortuna nos da la espalda”. El libro “Sonido local. Piezas y pases de futbol” (Cal y Arena 2002) contiene crónicas y ensayos escritos a lo largo y ancho del campo de juego.

Pablo Soler Frost. Novelista, a pesar de haber nacido en México, no sabe nada de futbol, aunque detesta que acentúen la primera sílaba. De niño tal vez le fue a la Unión de Curtidores; hoy se rumora que es seguidor de la Máquina Celeste. Su novela más reciente es “La soldadesca ebria del emperador”, publicada por Jus en este 2010. Una sola vez en su vida marcó un gol en la cancha de El Colegio de México.

Kyzza Terrazas. Nació en Nairobi, Kenya, en 1977, de padres mexicanos. Estudió Filosofía en la UNAM y escribió una tesis sobre la melancolía. También estudió una maestría de cine en la Universidad de Columbia. En estos días trabaja en la postproducción de su primer largometraje, “El lenguaje de los machetes”. Ha publicado dos libros de relatos: “El primer ojo” y “Cumbia y desaparecer”. Aunque es un defensa luchador, suele abanicar el balón en jugadas clave.
 
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