Mañana se estrena La isla, pero más allá de hablar de la película (porque además no la he visto, aunque seguramente lo haré el fin de semana), en el trailer hay una escena que llama mi atención: Close up a los ojos con unos fierros sobre ellos (para mayor referencia, ver la primera imagen de la foto).
Esta escena me recordó un viejo trauma cinematográfico que vengo arrastrando desde hace ya varios años y del cual, además, platiqué este fin de semana con varios amigos: Los ojos.
En la charla me preguntaban porqué no me operaba para dejar de usar lentes y mi respuesta ante esta pregunta siempre ha sido: Porque la película Ópera de Dario Argento me lo impide.
Recuerdo haber visto esta cinta en alguna pijamada en la secundaria y nunca más volverla a ver, pero la escena en la que el Fantasma de la Ópera le pega unos alfileres en los pómulos a la chica para que no pueda cerrar los ojos (segunda imagen de la foto) nunca ha salido de mi cabeza.
Lo más impresionante de esta escena es que requiere de fuerza de voluntad. No hay un aparato abriéndote el ojo, ni siquiera están tocando los globos oculares, tú eres quien debe tener la fuerza extrema de ni siquiera parpadear a riesgo de clavarte todos los alfileres. De verdad que hasta trabajo me cuesta explicarlo porque cada vez que pienso en ello me dan escalofríos.
Seguramente nunca podré sacar esta imagen de mi cabeza, pero hay otras escenas del cine con las que pude incrementar mi trauma. Creo que ni siquiera es necesario mencionar la escena, con recordarles el nombre de la cinta seguramente identificarán el momento clave: Naranja mecánica y El perro andaluz. Si necesitan más referencias, tan sólo miren las imágenes 3 y 4 de la foto.
¿Recuerdan alguna otra escena con la que pueda acrecentar mi fijación con los ojos? Tal vez sea un poco masoquista, pero me encantaría verlas. O ya de plano mejor platíquenme de algún trauma que hayan adquirido gracias al cine, para no sentirme sola.
(Vanesa G. Toca)