El nuevo jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas, inició su gestión con una propuesta muy interesante y digna de análisis: crear un Cabildo que permita tomar decisiones por consenso para la ciudad de México.
Pero, ¿qué es un cabildo? Es un órgano regulador de los Ayuntamientos, donde se toman decisiones sobre asuntos de las comunidades. Lo encabeza el Presidente Municipal y está integrado por síndicos y regidores (que también son electos por el voto ciudadano) y su función es “equilibrar la fuerza del presidente municipal al dar representación a todas las fuerzas políticas y obligar a tomar las decisiones principales por consenso y votación”.
El tema es interesante porque, primero, se abre una vía de discusión y negociación con los jefes delegacionales que habían pasado a un tercer plano en la determinación del rumbo de la ciudad, ya que López Obrador sólo “trabajó” con la mayoría perredista en la Asamblea Legislativa y la utilizó como freno de mano contra los jefes delegacionales.
Segundo, porque el Distrito Federal no es un municipio ni un estado, es un híbrido extraño que se configuró ex profeso para dar al presidente en turno el total control político y económico de la capital del país y la sede de los poderes de la unión.
La lucha por la autodeterminación y autonomía de la Ciudad de México ha sido una larga batalla legal en la que participaron personas como el mismo Encinas, Santiago Creel, Adolfo Aguilar Zinser, Demetrio Sodi y varios otros conocidos políticos, así como varios escritores y politólogos. Como resultado, se logró que, a partir de 1997, los habitantes del DF pudieran elegir a través del voto directo a su Jefe de Gobierno y a sus diputados. Todo parece muy sencillo, pero la verdad es que fue un debate legal complejo y tortuoso, yquedó con vacíos que se asoman desde el hecho de no tener un Gobernador, sino un jefe de gobierno que no puede elegir a su Secretario de Seguridad Pública sin la “venia” del Señor Presidente en turno, por ejemplo.
El caso es que en medio de ese jugoso “limbo jurisdiccional”, el Jefe de Gobierno impulsa una figura que no ha existido en muchos años en el DF y que además no tendría carácter obligatorio para el encargado del despacho.
A pesar de los pesares, Encinas impulsa este espacio de discusión y decisión colectiva durante su primera semana en el cargo, y marca con ello una clara división entre su “estilo personal de gobernar” y el que caracterizó al Peje desde sus primeros minutos de gobierno (recordemos los veintitantos Bandos de Gobierno que dictó como “ordenamientos” a seguir pero sin pasarlos por la Asamblea).
Ojalá que este sea el inicio de una sana relación entre las fuerzas que gobiernan la ciudad y que podamos caminar hacia un ejercicio del poder verdaderamente comprometido con los ciudadanos y no con los colores partidistas, con los intereses económicos ni con los imperios particulares.