Siempre me ha llamado la atención el odio en todas sus manifestaciones. El diccionario lo define como una intensa hostilidad y aversión usualmente derivadas del miedo, rabia o por sentirnos heridos. Sigmund Freud define el odio como un estado del ego que desea destruir la fuente de su infelicidad. Por su carácter duradero, se entiende más como una actitud o disposición que como un estado emocional. Esa intensa hostilidad o la aversión profunda a algo o alguien puede derivar en violencia: ataques físicos, intimidación, acoso, insultos, ofensas.
La lógica de la hiperconectividad se filtra en la vida cotidiana de manera lenta, progresiva y casi imperceptible hasta inundar todos los rincones y acciones que realizamos cada día.
La hiperconectividad es un concepto complejo que significa estar permanentemente conectado a través de diversos sistemas y entornos digitales, como las redes sociales, móviles, videoconferencias, cámaras, mensajería instantánea, mail, web 2.0 y realidad aumentada, pero también significa la interacción entre sistemas de información, redes de datos y la conectividad entre objetos. Es un término creado por el científico social Anabel Quan-Haase y Berry Wellman, construido a partir de sus estudios sobre la relación persona a persona y persona a máquina en redes organizacionales y en sociedades en red.
Comenzaré esta intervención con una anécdota personal. A penas hace unos días, en mi rutina para ver una película en el cine, descubrí con asombro, y luego con tristeza, con eso de que los humanos somos seres rutinarios y nos afiliamos a estas rutinas, que la enorme tienda de música, películas, libros, y los aparatos tecnológicos adyacentes a su consumo que estaba en el mismo centro comercial, había cerrado. Inclusive encontré un discreto letrero, en lo que era la entrada principal de la tienda, agradeciendo a los otrora consumidores, su atención y lealtad por tantos años de relación.
El hecho, en definitiva, no anuncia algo, pero sí confirma la crónica de una muerte anunciada. Una y otra vez atestiguamos en todo el mundo el cambio vertiginoso de un modelo de negocio que surcó el siglo XX sin modificación esencial. Y en un abrir y cerrar de ojos, el dinosaurio ya no despertó.
Reforma a las telecomunicaciones, apenas el principio
Por María Elena Meneses
La semana pasada fue aprobada en el Senado la iniciativa de reforma constitucional en materia de telecomunicaciones y pese a que el proceso legislativo y el cabildeo entre partidos y empresas todavía no termina, podemos analizar su relevancia y desafíos.
Es una de las iniciativas resultantes del Pacto por México más importantes en lo que va del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Esto se debe a diversas razones, para comenzar, por el rescate del liderazgo del Estado en el sector: pone un alto a la historia de complicidades entre el poder político y el empresarial-mediático en el otorgamiento de concesiones y propone un órgano regulador autónomo.
Los atentados de Boston vuelven a hacer visible la relevancia de la tecnología en situaciones de tragedia. Lo vimos con el 11S, Haiti, Chile, China, Japón, Mumbai, Australia, Argentina y cada vez que ocurre algún suceso infausto, natural o provocado. Sin duda, en los momentos de crisis emergen naturalmente reacciones de profunda solidaridad, que nos hacen recuperar la fe en la especie humana; pero, al mismo tiempo, se generan espacios de desinformación, mentira e incluso fraude.
El universo de aplicaciones (apps) móviles crece vertiginosamente al punto en que muchos usuarios prefieren descartar su uso, o bien, se encuentran perdidos ante la superabundancia que representan más de 1 millón de apps para Apple y más de 700 mil para Android.
El universo apps significa un movimiento tecno-cultural que se suma al uso creciente de una cultura móvil, albergada en smartphones y tabletas. Pero ¿cuál es la lógica de esta cultura centrada en las apps? ¿Cuál es el contexto, los rasgos esenciales y los retos que nos imponen?
A falta del equivalente castellano, va el acrónimo en inglés: Masivo Open Online Course, o lo que es igual, Curso Abierto Masivo y En Línea (¿CAMEL?). Con a penas un par de años de existencia consolidada, los Mooc están haciendo un ruido inusitado en el ámbito educativo internacional.
Coursera, Edx, Udacity, P2P, Kahn Academy, son algunos ejemplos de sitios Mooc que en pocos meses están adquiriendo una dimensión impresionante. ¿A qué nos referimos? Sólo algunos datos: Se calcula que MIT y Harvard han invertido cerca de 60 millones de dólares en desarrollar el espacio Edx. Coursera, quien parece marcar el paso, ha atendido a más de 2 millones de estudiantes. Un solo curso Mooc puede tener inscritos a más de 150 mil estudiantes al mismo tiempo. Si bien, como grupo, la mayor parte de los estudiantes Mooc son estadounidenses, día a día crece la población atendida fuera de Norteamérica: los números de diversas fuentes indican que el 74 % de ellos viven fuera de los Estados Unidos.
Acabo de leer el nuevo libro de uno de los sociólogos más lúcidos en la actualidad: Juntos. Rituales, Placeres y Políticas de la cooperación de Richard Sennett (Yale University Press, 2012).
El 7 de julio de este año se llevarán a cabo elecciones en catorce entidades de la República para renovar 2181 cargos públicos: 1 gubernatura (Baja California), 441 diputaciones y 1739 presidencias municipales. Este horizonte electoral es una oportunidad para reflexionar nuevamente acerca del papel de la tecnología en procesos políticos y de manera particular como herramienta para las campañas electorales.
Progresivamente asistimos al ascenso de nuevas redes sociales y plataformas de interacción e intercambio de contenidos más especializadas, que van desplazando a las más dominantes como Facebook, y que cubren la demanda de nuevas formas de expresión, más centradas en necesidades o preferencias de contenido, más visuales, más íntimas y más entretenidas.
Una avalancha de apps y redes visuales aparecen en confrontación con plataformas como Facebook, que apostó por un modelo multimedia generalista y que básicamente es un espacio definido por el intercambio de todo tipo de información, el reporte de la vida cotidiana en línea y el reforzamiento de vínculos sociales con carga emocional. Precisamente por ser una plataforma con tantos recursos ya no es la mejor en nada definido y se ha vuelto cada vez más compleja ¿Qué sigue después de Facebook?
Centro de Estudios sobre Internet y Sociedad del Tecnológico de Monterrey
Virtualis es un espacio para reflexionar y analizar las implicaciones de la tecnología en la sociedad del nuevo siglo.
Cuatro investigadores del Centro de Estudios sobre Internet y Sociedad, CEIS, del Tecnológico de Monterrey conversarán contigo desde diversas perspectivas, no sólo sobre el impacto de la preeminencia tecnológica en la sociedad, sino también sobre lo que todos hacemos con ella, cómo nos la apropiamos, la disfrutamos y la padecemos.
Enrique Tamés. Doctor en Educación y Tecnología. Profesor e investigador de Historia del arte, educación y tecnología. Dirige la Escuela de Humanidades y Ciencias Sociales.
Jacob Bañuelos. Doctor en Ciencias de la Información. Profesor e investigador de imagen digital, fotoperiodismo y medios para el desarrollo. Dirige la maestría en comunicación.
María Elena Meneses. Doctora en Ciencias Políticas y Sociales. Profesora e investigadora de medios de comunicación,Internet y Sociedad de la información.
Coordina la Cátedra Sociedad de la información y la revista científica Virtualis del Tecnológico de Monterrey
Paola Ricaurte Quijano.Doctora en Ciencias del Lenguaje. Especialista en ciberculturas, ciberpolítica, ciberactivismo y alfabetización digital.