Frente a la tecnología tenemos a los detractores y a los apologistas. Hay argumentos suficientes para estar en cualquier bando. Me pondré del lado de los detractores para que no me acusen de tecnocéntrica y tecnofílica.
Google, el motor de búsqueda más poderoso del planeta, tiene varios frentes abiertos en el terreno político, económico y cultural, que comienzan a evidenciar la ruptura de los modelos tradicionales del orden político y legal del mundo, y que en síntesis representan la amenaza de la digitalización, los riesgos de su monopolización, los peligros y el poder que significa "organizar toda la información del mundo" a cargo de una empresa, para hacerla pública según sus reglas, que en general son gratuitas, abiertas y que sólo dependen del sistema publicitario AdSense y Adwords.
La actividad de Google invade ya la agenda de los gobiernos en los Estados más poderosos del mundo. Esto nos habla también de un escenario geopolítico de la información-poder. No vemos, por ahora, a Somalia negociando con Google. La agenda político-legal-comercial que mantiene Google esta semana se presenta, más o menos, en los siguientes flancos:
Me tomó 10 segundos donar 10 dólares a la Cruz Roja internacional para hacer una mínima contribución en la terrible tragedia haitiana. Bastó abrir I-tunes, a unas horas del terrible seísmo, apretar un par de botones, y ya estaba: dinero para ser administrado por la Cruz Roja Internacional. A partir de ese momento, se dio un fenómeno digno de atención, de la manera cómo los nuevos medios, Internet, y la socialización de las redes juegan un papel central en el desarrollo de dicha tragedia, desde su retrato mediático, hasta la organización de tanta ayuda que se necesita ahora, y en lo siguientes meses, ¿o años?
Hay un evento del que podemos hacer cierto paralelismo. Recordemos que hace menos de una década, sucedieron esas imágenes televisadas que nunca olvidaremos. Como un sueño, como una pesadilla, observábamos como el conductor del noticiario, el que fuera, decía lo que sus escuetas hojas trasmitían. Recibía a cuenta gotas; entonces no le quedaba más que repetir una y otra vez lo que sus ojos atónitos veían: Aviones descendían y edificios caían: el “imperio norteamericano” era atacado en sus entrañas. Era aquel 11 de septiembre, “a day we will never forget”.
En su célebre obra Farenheit 451 (1953), el escritor estadounidense Ray Bradbury nos dibuja un lugar, que puede ser cualquiera del mundo: dictatorial, devastado y aniquilado por la infame y embrutecedora televisión, en el que están prohibidos los libros por su poder disruptivo. Desde la Biblia, hasta La guerra y la paz habrían de ser quemados a una temperatura de 451 grados F.
El héroe de la historia, inspirada en la persecución macartista tuvo que huir hacia a un lugar imaginario, de amantes del placer más humano que ningún otro: La lectura, quienes ante la desaparición del soporte de papel, habrían de guardar el contenido de las grandes obras de la literatura en su memoria.
Iniciar un nuevo año, y más una década, conduce a la reflexión sobre lo que fue y sobre lo que vendrá. En el aspecto tecnológico, esta década se caracterizó por innovaciones que han revolucionado nuestro mundo, nuestra cotidianidad. Un breve recuento de la historia:
México afronta un reto histórico al asumir la organización de la XVI Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático en 2010. El país se pondrá en la mira del mundo y será evaluado en todos sus rubros, fundamentalmente en cuanto a su desarrollo social, económico y medioambiental. La conferencia es un acto político y bajo esta perspectiva también será evaluado: equidad social, desarrollo democrático, seguridad, justicia, política energética, protección del medio ambiente, sustentabilidad, comunicación para el desarrollo, participación ciudadana.
La conferencia es tan relevante como las Olimpiadas o el Mundial de Futbol, pero un poco más, porque su perspectiva está centrada en la valoración sobre un tema que involucra el análisis y cuestionamiento sobre un orden y un modelo económico, político y social. Bajo estos rubros seremos calificados como país. ¿Estaremos preparados para afrontar los retos internos que conlleva nuestra exposición ante el mundo en el 2010? ¿Qué acciones pude hacer la ciudadanía en la red? ¿Están preparadas las instituciones especializadas como SEMARNAT, para afrontar la comunicación participativa sobre el cambio climático y sus implicaciones sociopolíticas?
En estos últimos días se han presentado muchos acontecimientos violentos en el país; ejecuciones, asaltos, balaceras, etc. Inclusive nos presentan el cuerpo acribillado del “Jefe de Jefes” tapizado de dólares ensangrentados. La violencia grafica, verbal y moral, además de darse en el mundo real, se multiplica y amplifica en los medios masivos de comunicación, entre ellos Internet, como un espacio en donde no hay nada prohibido, ni censurado, ni velado ni restringido.
En Internet se puede ver todo, desde cualquier ángulo, enfoque o dimensión.
Si bien Internet es un medio facilitador para acceder a cualquier tipo de información, también es un medio en el que algunas personas pueden cometer algún tipo de daño o delito hacia otros usuarios. Los medios de comunicación son considerados como medios de socialización y que también configuran un sistema de valores y conceptos que la sociedad sigue y adopta; en estos medios de socialización también la violencia puede darse.
Hace 10 años, Don Tapscott, célebre autor de numerosas reflexiones entorno al impacto de las tecnologías de la información en la sociedad, escribió un libro que algunos consideran ya un clásico de la literatura en estos andares. Se trató de Growing Up Digital, una explicación fresca y sugerente del rompimiento generacional entre los “padres”, “mayores”, “maduros”, o como se le quiera llamar, y los “niños”, “jóvenes”, “infantes”, que tienen una manera natural e inmediata (sin mediación) del uso de la tecnología. Por primera vez en la historia de los avances tecnológicos, escribía Tapscott, los “chicos” sabían más que los “grandes” cuando del uso de las computadoras , aparatos electrónicos y “gadgets” se trata. Ahora, una década después, Tapscott publica Grown Up Digital, una reflexión profunda e interesante del proceso de madurez de esos jóvenes digitales, hoy, hechos hombres y comenzando sus vidas productivas.
La aparición de este libro, junto con algunos más que están requiriendo de mi atención dadas mis labores docentes, me hace reflexionar, una y otra vez, qué es lo que distingue a los “nativos” cibernéticos de aquellos que nos asomamos de vez en vez en los laberintos de la realidad virtual. Más de uno de nosotros, migrantes, se ha preguntado alguna vez de dónde surge la destreza natural de estos niños-jóvenes-cuasi adultos, que van desde los infantes x-boxeanos, nintenderos, wiinquianos, pasando por mis jóvenes alumnos de la carrera de Animación y Arte Digital, quienes se expresan mejor a través de algún tipo de pizarra cibernética o de las tonadas de las bandas digitales en cualquiera de sus versiones (RockBand, GarageBand), hasta llegar a los adultos jóvenes que ya están causando revoltijo en la pujante industria creativa y del entretenimiento. Nuevamente, ¿cuál es su estructura, actitud o las competencias de estos nativos que los hacen navegar con tanta destreza? Aquí algunas de mis ideas:
En un país televidente como es el nuestro, los políticos y los candidatos hacen lo imposible por seducir a los ciudadanos a través de la pantalla del televisor. Esta pulsión no sólo es onerosa, sino cuestionable y riesgosa para cualquier democracia. Ante la imagen las ideas sucumben con facilidad.
Internet, pese a su baja penetración en México (27 millones, según AMIPCI, 2009) es un fabuloso medio de comunicación para formar, sobre todo a los jóvenes en las prácticas democráticas, ya que posibilita una comunicación de ida y vuelta, lo que la televisión no permite. Si no, preguntemos al presidente Barack Obama, quien logró construir un movimiento por el cambio que le allanó el camino a la Casa Blanca.
Es difícil imaginar el tamaño de la red. A finales de diciembre de 2008 existían casi 187 millones de sitios (El País, 05 de enero de 2009). Si tuviéramos que decidir cómo aproximarnos y organizar este universo de información, probablemente perderíamos la vida en el intento. Afortunadamente, para eso existen los motores de búsqueda, que indexan las páginas y la información contenida en ellas de manera que nosotros los mortales sólo nos preocupemos de definir qué queremos buscar.
Virtualis es un espacio para reflexionar y analizar las implicaciones de la tecnología y los nuevos medios en la sociedad del nuevo siglo.
Cuatro investigadores de la Cátedra Sociedad de la información y del conocimiento del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México, desde diferentes perspectivas, conversarán contigo no sólo sobre el impacto de la preeminencia tecnológica en la sociedad, sino también sobre lo que todos hacemos con ella, cómo nos la apropiamos, la disfrutamos y la padecemos.
Enrique Tamés. Doctor en Educación y Tecnología. Profesor e investigador de Historia del arte, educación y tecnología. Dirige la Escuela de Humanidades Ciencias Sociales.
Jacob Bañuelos. Doctor en Ciencias de la Información. Profesor e investigador de imagen digital, fotoperiodismo y medios para el desarrollo. Dirige el Centro de Innovación Multimedia. Fotomontaje es el título de su primer libro.
María Elena Meneses. Maestra en Ciencia Política. Profesora e investigadora de nuevos medios, industrias culturales y cibercultura. Dirige la Cátedra Sociedad de la información y del conocimiento.
Paola Ricaurte Quijano.Doctora en Ciencias del Lenguaje. Profesora e investigadora especialista en ciberculturas, conglomerados multimediáticos y redes sociales en Internet.