Juan Pérez sale todas las mañanas a trabajar. No es fácil abordar el Metro a esa hora y colarse entre toneladas de carne humana. Se necesita ser un superhéroe para lograr terminar el día con saldo positivo.
Todos salen escupidos por el vagón del tren del Metro. La estación Insurgentes de la línea rosa es más rosa y fiucsa que otros días. Hay un ambiente de carnaval, la calle Génova luce llena de ambulantes que ofrecen globos, rosas, gorros, banderas y fritangas. Cientos de personas van rumbo a Paseo de la Reforma, al Ángel, donde saldrá el contigente rumbo al Zócalo a las 12 del día. Catrinas, ángeles, conejitos, bomberos, luchadores, boxeadores, príncipes aztecas, policías, colegialas, tehuanas, romanos, novias, vaqueros, plumíferos, hadas y mariposas tomaron una de las principales vías de la ciudad y la volvieron una fiesta durante la 31 marcha de la comunidad lésbico gay, bisexual, transgénero, travesti y transexual e intersexual.
El sol está muy fuerte pues desde hace días no llueve ni siquiera cuatro gotas. La plaza central ya no presume a decenas de vendedores informales que venden CD pirata y suben todo el volumen a sus estruendosos estéreos que compiten contra el de sus vecinos. Se trata de una guerra de haber quién se queda sordo antes. El pensamiento colectivo es el que estructura la verdadera arquitectura de la ciudad, eso que se dice en todo momento o en silencio, por eso se entiende la simetría y paisaje del centro de Xochimilco, entre canales, chinampas, patios que dan al gigantesco estanque, calles angostas circulares donde el extravío es la base de su existencia. En esas casas de colores chillantes el gen de la identidad se preserva, con todo y el ambulantaje que asfixia las calles de ruido, basura y fiesta.
Sí, el pulque, los corridos y fuegos pirotécnicos integran parte de esa cultura enrraizada desde hace miles de años. Íbamos ella y yo por un callejón: de pronto, aunque sabíamos de antemano dónde estábamos, perdimos el sentido de la orientación, del tiempo y del futuro. Siete vueltas se llama, siete vueltas das y te sumerges en un laberinto de ladrillos, techos bajos y alargados patios con macetas.
El recorrido es una hoja en blanco que los otros siempre llenan con sus miradas y voces mientras cientos de peces recorren las aguas verdes y cafés de los embarcaderos. El sol golpea con fuerza mi cabeza. En la siguiente cuadra un niño lleva a cuestas un largo crucifijo de madera, las mujeres sonríen, luego un señor prende fuego a la pirotecnia: todos voltean. ¿Ahora qué se celebra? Pregunta alguien. El santo niño de Chalma será alabado en una de las casas de la calle Violeta. Amén. Ese es justamente el punto. Ir y resetear la memoria sólo viendo cómo transcurren las cosas en ese barrio antiquísimo. La ciudad de México no es Paseo de la Reforma, este rincón es la meca del mestizaje, la adrenalina que le da poder al barrio. Esta punta no ha sido descubierta; todavía hay mucho por conocer.
Francisco Mata (México, DF 1958), candidato al premio Henri Cartier-Bresson por el proyecto Centro Habana, insiste en que el espacio público se encuentra cada vez más ocupado por las cámaras de videovigilancia, por eso hay que tomar la calle y que esa sea una protesta que se haga desde la esfera del arte... El Ojo Óptico nos sigue paso a paso todo el tiempo. Esta vez no hay parpadeos: nos registra con desgano y poder y no hay escapatoria. Empresas y partidos políticos usan puentes, bardas y transporte público para saturar con spam el entorno. La calle, agrega el fotógrafo, es el sitio donde se desarrollan los genes de la identidad, la cultura social y la denuncia creativa e inteligente. Uno de sus trabajos más difundidos ha sido su serie de retratos Tepito ¡bravo el barrio!.
Porque es importante reflexionar acerca de los problemas y virtudes de nuestra ciudad, hoy a las 20 horas en el piso 28 de la Torre Latinoamericana, que cumple 43 años, analistas de diferentes ámbitos analizarán y comentarán en qué estado se encuentra la Ciudad Monstruo, qué falta hacer y cuáles son los atrasos en la infraestructura urbana, el transporte público, las obras viales, el arte en el DeEfe también será comentado, entre otros aspectos. Las ponencias son organizadas por la organización Pase Usted. La entrada es libre, pero hay que mandar correo para confirmar asistencia a bromero@gcya.net.
La colonia Guerrero es una zona estigmatizada y se le relaciona con ladrones y asesinos seriales como el supuesto caníbal que devoró a sus novias. También es una de las zonas con mayor tradición en el DeEfe con sus 136 años de existencia. Se construyó en 1873 cuando el entonces presidente Sebastián Lerdo de Tejada ordenó la ampliación de avenida Paseo de la Reforma. El juego de permanecer en sus calles como un avatar que presume invisibilidad no funciona. No hay que intentarlo porque las miradas, por más ausentes que sean, contienen furia reprimida. La nomenclatura de esta érea capitalina hace referencias a personajes mexicanos famosos y aparte del panteón San Fernando ya no quedan más de cinco inmuebles de la época pre-revolucionaria. A unos metros de la tumba de Benito Juárez, la mariguana y la piedra esperan en bolsas de hule y papel periódico. Son la una de la tarde: dos sexoservidoras van por la banqueta y se meten a uno de los tantos hoteles que proliferan cerca de Reforma. El trabajo es el trabajo. Los pegajosos rayos de sol estupidizan, por eso abandonan sus cuevas sin muros alcohólicos y ladrones. En el pavimento sólo quedan trapos mugrientos y envases de plástico. Total, no hay diferencias entre el bien y el mal ni entre preguntas y respuestas.
El ensayo y el articulo son dos géneros que bien explotados no tienen la caducidad de otros formatos de escritura. Cuando el autor se vuelca sobre su contexto para conocer más acerca de sus obsesiones se transforma en un arma más peligrosa que la idiotización impulsada por la televisión y otros medios de información. La paradoja es que pocas veces, contadas ocasiones, dentro de los entes decodificadores de información hay alguien que reflexiona asuntos que para la mayoría simplemente no existen.
La semana pasada el editor de este blog conversó con César Cortés [México, 1969], autor del libro Periferías y mentiras [publicado por el programa editorial y de fomento a la lectura de Ecatepec] donde el acento se pone en la frivolidad de las neosociedades construidas desde pantallas de televisor, computadoras o smart phone que aíslan, por paradójico que sea, a los individuos.
Esa noche de cafeína lo ví como alguien que nunca quiere salir de su madriguera interior, pero asomó la naríz fuera de su mundo interior. Intuí que el contacto con las personas le duelen, que les huye aunque a los 40 los años lo doman las mismas inercias que años antes retó con gran insolencia. Ahora, quizá sólo por la banalidad de una entrevista sale y con sus audífonos voluminosos hojea de nueva cuenta las páginas de la antología de ensayos suyo, como si los tuviera frente a si por vez primera. Se distrae y yo lo observo antes de cruzar la puerta transparente. Dice que para él la literatura es una recuperación del presente. La restitución de sensaciones perdidas porque estamos neurotizados: por eso siempre pensamos en el pasado y futuro y nunca no nos detenemos en el presente.
México es el segundo país a nivel mundial en cícadas, plantas primitivas con aspecto de palmeras y que alcanzaron el punto más elevado de su evolución hace 200 millones de años, en el Mesozoico. Les denominan fósiles vivientes por el tiempo que llevan en el planeta.
Periodista.
En el ciberespacio creó una red de fotógrafos llamada Ciudad Monstruo, escenario de convivencia de mutantes urbanos que salen a la calle en busca de un triunfo que siempre se les ha negado, pero que se sobreponen a la adversidad.