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Indagar


26-julio-2010
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El espacio de los hechos es un escondite secreto en Alakamanda, La Ciudad Ideal. Esquina con un canal de Xochimilco, la ciudad de la realidad. No hay manera de conocer con anterioridad las indicaciones del canal adecuado. La/el interesada/o en saber...Se echa a nadar. Nade que te nade terminará descubriendo en algún momento (Si el encuentro es deseable y está escrito) una veleta de viento junto a una casita de piedra con chimenea. Al lado hay un pozo. Si sale humo de la chimenea se puede tocar a la campana, si no la persona empapada se regresa a su casa. Si se llega en día de tormenta, aún mejor. La conjunción de las aguas que corren y de las aguas que caen provocan -en la deseosa-de-ser-iniciada- un estado de particular receptividad que facilita la escucha de las palabras del Maestro, por misteriosas que estas sean.

La personaja, quien ya nadó casi hasta quedarse sin aliento, descubrió la veleta y el pozo, escaló las piedras tierra arriba, se preguntó si no estaría ya de plano demente, tocó a la campana, saludó amable y titiritante y dejó un rastro acuífero desde la entrada hasta el sofá. Se llama Margarita.

Su mamá la llamó así en memoria de la Gautier, de la Duras (Amén) de la Yourcenar, de la Margarita de Rubén Darío, de la de Luisa May Alcott, y de una Margarita Anzieu, a la que Lacan volvió célebre en una tesis –por deschavetada- con el nombre de “Aimée”. Quizá la madre haya pensado también en Doña Margarita Maza, pero no estoy segura de que la inspirara. El personaje masculino, para los fines de este viaje, se llama Jasón.

 
Carlos Monsiváis. Rompecabezas
21-junio-2010
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Carlos Monsiváis, y uno/a de sus felinos/as tan amados
"Monsi, ¿qué vamos a hacer sin ti?", Elena Poniatowska.

(La lectura completa de la carta de Elena para Monsiváis, está en Milenio.com)

"Si la actividad de la máquina de escribir se transformara en electricidad, Monsiváis podría iluminar una ciudad de buen tamaño", Juan Villoro.

 
Tomemos los tejados II
14-junio-2010
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Magritte
El paraíso sobre los tejados...

Cesare Pavese.

Será un día tranquilo, de luz fría/como el sol que nace o muere, y el cristal/cerrará el aire sucio fuera del cielo.

 
Farewell Bolívar Echeverría
01-junio-2010
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Bolívar Echeverría
Hoy domingo, Raquel despidió a su esposo Bolívar Echeverría. Hoy, los hijos de Raquel y Bolívar, y el hijo mayor de Bolívar, despidieron a su padre. En una ceremonia muy triste y muy bella, de una ambivalencia implacable. ¿Se puede nombrar tantísimo dolor? Quizá se pueda, como en murmullos. ¿Se puede nombrar tantísimo amor? Quisiera intentarlo. En el espacio funerario: el ritual del desprendimiento imposible. Atónitos. Todos. Fue tan súbito. El viernes Bolívar se quedó dormido. ¿En qué soñaría en esos segundos? Atravesó el umbral. ¿Hacia dónde? Un niño –en los años cuarenta- corre las calles de una ciudad pequeña en Ecuador. Una ciudad llamada Riobamba. En la cordillera de los Andes. Dicen que la rodean volcanes de nombres igualmente mágicos: Carihuayrazo, Tungurahua.

Algo habrán tenido que ver los volcanes con la personalidad de Bolívar. Con su fuerza creativa y sus cabellos alborotados. Con su presencia casi intimidante. Con su manera de amar a esa mujer brillante y dulce, a la que conoció hace más de dos décadas.

Habrá susurrado “Tungurahua” al oído de Raquel. A sus horas. Segurito que también le susurraba “Plusvalía”, “Proletariado", "justicia social" y “Carlos Marx”. Y Raquel, la muchacha judía apasionada de la literatura, (y pareciera que de los volcanes) se fugó del “deber ser” de sus orígenes, y se enamoró –fulminada- de un filósofo ecuatoriano. Izquierdista y goy. ¿Además goy?” “Ajá. Además”.

 
Modelos para desarmar
24-mayo-2010
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Nahum Zenil. Frida de mi corazón.
Primera parte

La alteridad interior. Doppelgänger

Hay una Frida y otra Frida. Una mujer se desdobla. Hay dos mujeres diferenciadas, pero son la misma. Sucede también en la pintura de Nahum Zenil. Un Nahum vestido de charro posa junto a una Nahum vestida de china poblana.

 
Tomemos los tejados
17-mayo-2010
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Santi en la toma de tejados. Foto tomada por su amigo Hernán Rodrigo Peirce.
“Intento penetrar las tinieblas con una lámpara pequeña….a oscuras. Los cilindros de neón se agotaron, nos quedan las velas”, Rafael Pérez Gay. “¿Escuchaste Fantasma? Rafa tiene una lámpara para indagar en las tinieblas. No es un faro. Ni una súper lamparota. Es una lámpara pequeña”. “No seas divanera compulsiva, está hablando de los apagones en la ciudad de México”. “También de eso está hablando. Es que se ha vuelto cada vez más metafórico. Y cada vez me gusta más, esa escritura suya. Es sonámbulo. Se convierte en una especie de otro de sí mismo que deambula por las calles de la Condesa, cuando es de noche y se siente desamparado”.

“¿Tú cómo sabes que se siente desamparado?”. “¿Cómo lo sé? Mmmmhh….mira, saber lo que se dice saber, no lo sé, pero su escritura muestra las características nebulosas, penumbrosas, ternurosas, friolentosas… de un desamparo explícito y hondo. Fisurado de tantísimas fisuras. Y asumido como tal. Ese es el punto: asumido como tal”.
“¿Alguien puede hablar de las fisuras del otro? ¿Cómo sabes qué asume el otro?”.“¡Ah! Fantasma, porque no soy sorda, y no soy ciega“. "¿Y será el único fisurado del barrio?”.“Claro que no, ¿allí sigues? inexistente producto decimonónico de mi imaginación en domingo. Todos estamos fisurados. Eso es lo valioso de su escritura. Que nos recuerda las fisuras. Él. Tú. Yo. ¿Quién se salva?”. “Los completitos ‘se salvan’”. “¿No me digas? ¿Y esos quiénes son? ‘Los completitos’. Me suena pésimo”. “Pues te suena bien, porque ser ‘completito’ es un oficio agotador y de tiempo completo en la vida. Tapar y tapar y tapar. Y tapar y tapar y tapar”. “¿Y qué es lo que ‘tapan y tapan?’”. “Las fisuras. ¿Qué no es el tema?”.

“¿Y si te reconoces fisurado/a qué pasa?”. “Ah, es complejo. Mira, corres el riesgo de encontrarte hablando sola, o con algún otro de contigo misma….todo eso entre las chuletas y el puré de la cena, cambiarle el agua a las tortuguitas, la tarea". "Zut. La aspiradora devoró a la más pequeña de mis Matrushkas, y no logro recuperarla". "Espero que no sea una imagen simbólica". "Yo también lo espero. La aspiradora con la que se aspira (Aspirar. Aspiración) huele a quemado".

 
Una página casi en blanco
10-mayo-2010
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Estatuto del cuerpo. Jacob Jiménez. Homenaje a Néstor Braunstein.
Quisiera recomenzar el tranvía con una página casi en blanco. O con una página llena de signos de interrogación. ¿Cómo están? Es primavera. Florecieron las Jacarandas y los Maculies. ¿Qué hacían justo antes de entrar a internet? ¿Qué tienen que hacer después? Y si no tuvieran algo específico que hacer en el futuro más inmediato: ¿qué les gustaría hacer después? Mientras leen ¿dónde están? ¿En la oficina? ¿En la casa? ¿En un café? ¿Solos? ¿Más o menos? Vamos por las palabras.

Cayó la primera tormenta del año. Bella y fresca. Releía el poema largo de Tedi López Mills, “Muerte en la Rúa Augusta” (Premio Villaurrutia 2009) Su personaje, Gordon, un día se queda medio catatónico. Hacía números en su trabajo, y de golpe deja de entenderlos. Se le crea una especie de confusión en la cabeza. Una distancia con el mundo.

Gordon se traslada a otra dimensión, en la que habita la realidad, pero como de ladito. ¿Se fugó? ¿Se medio fugó? Su esposa le da consejos, para hacerlo reaccionar, “comportarse”, adecuarse un poco. Pero el punto es que a Gordon ya no se le da adecuarse, ni tampoco le interesa. Ni tantito. Y de todas maneras no daña a nadie, con sus sueños, sus divagaciones, las visitas de un amigo y confidente imaginario, que se llama “Anónimo”, la redacción de su diario, y sus dibujos de albercas.

Es hermosa la escritura de Tedi. Y la lucidez que va adquiriendo un Gordon disparatado, que sabe lo que no quiere saber y se aferra a no saber lo que ya sabe. Y entonces vive como si no supiera. Porque no podría soportar saber (a ciencia cierta y sin pretextos) que ya sabe. No es un trabalenguas. Es más bien un parte aguas.

El laberinto de la aceptación-negación de la realidad. Claro-oscuros. No sabe el señor Gordon que su esposa lo engaña con el amigo de ambos, pero lo sabe con una claridad mucho mayor, que cuando aún era capaz de hacer números, responder con sonrisas a los saludos de los vecinos. “Funcionar”.

Quién sabe cuántas cosas más tuvo que saber el señor Gordon, (siempre tan sin saber) antes de mudarse hasta por allá. A su tan “deslucida” lucidez. Probablemente el engaño de la esposa no es sino un dato menor (dada la intensidad desvariada de la respuesta). Un engaño que encubre vivencias mucho más antiguas y definitorias. En todo caso el señor Gordon se hartó de las puestas en escena, de la” funcionalidad”, de las sonrisas congeladas, y de los números.

“Antes el señor Gordon trabajaba en una oficina, /tenía que revisar los números de los productos vendidos./ Y cotejarlos con las cuentas, pero una mañana/ya no pudo conectar las cifras con las palabras,/comenzó a tachar los números que se movían/con su lápiz negro, rasgó la hoja/se tapó la cara con las manos,/ya no recordaba nada/ni qué era ese escritorio donde estaba él,/el señor Gordon, ni el teléfono/ ni la mujer en la puerta que le reclamaba:/ ¿qué le pasa, señor Gordon?/ ¿por qué llora?/por qué tira todo al piso y él respondía/porque yo soy el señor Gordon/Yo Gordon/Y ya no sé nada de nada”.

¿Se volvió demente el señor Gordon? ¿O se volvió cuerdo ante una vida suya que no entendía, ni le gustaba? No lo resuelve en el poema. Quizá tampoco haya tenido ganas de resolverlo.Se dedicó a observar. A languidecer y a intentar entender.

“’El ruido es una cárcel”, / se dice, ‘no puedo salir de aquí'”.

“Otra vez hurga Gordon; /…no recuerda cómo recordar, / se le atora el tiempo en el rectángulo/como un animal salvaje/que se azota contra los muros/y se va matando de tanto querer salir/…extravió la pista de su persona/en el rectángulo de su persona, / y ahí está todavía/”.

La esposa (Donna) le pregunta en dónde escondió su dinero. Gordon le responde que en la alberca. La esposa busca infructuosamente en la alberca de la realidad. Le dice que está loco. Donna no entiende que la riqueza de Gordon está a salvo, en el fondo de una de sus numerosas albercas imaginarias. En ese lugar secreto, que nadie podría saquear.

“(Un día Donna le pide/a Gordon que aprenda a fingir, / Se le nota cada cosa/que siente en la cara, / le dice,/es de mala educación/ le dice,/ no debe entenderse lo que ocurre/ en la mente de alguien/sólo por sus gestos,/ hay que fingir,/ le dice,/ ¿todos lo hacen?, pregunta Gordon,/todos salvo tú,/, pero yo, Gordon, creo que nadie nunca finge/en Alaska o en la Patagonia/ para qué además si el hielo/esconde cualquier detalle visible,/ las personas se van perdiendo/ en la escarcha, he visto/los programas,/no digas tonterías, Gordon/finge con Ralph por ejemplo/siempre se ve que te hiere/te domina, te enoja/es que me hiere/tú me hieres Donna/ya ves bobo/te repito/finge)”.

Es verdad lo que dice Gordon. “El hielo esconde cualquier detalle visible” y “las personas se van perdiendo en la escarcha”. Otros también lo hemos visto. No necesariamente en un programa.

Gordon dice: “Ayer me dictó Anónimo/ una de sus sabias sentencias: /la primera condición/para la jardinería correcta/ es tener un jardín, / y yo Gordon, quise fabricar/ mi propio jardín”.

 
La rabia más prohibida (2) La pintura de Julio Galán.
16-diciembre-2009
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Julio Galán. Galería Arte Actual Mexicano.
"La verdadera Patria es la infancia".

Baudelaire.

Fragmento de Julio Galán imposible”, ensayo de Magali Tercero, a la memoria del pintor: Julio dice: “’Mi obra es un psicoanálisis…refleja mi interior, es como un eco del pasado en mi memoria. También revela mis pensamientos secretos, mis deseos, mis miedos, el dolor y la muerte. El medio de la pintura me dio todas las posibilidades para explorar mi propia identidad, de seguir el anhelo existencial de reencontrarme conmigo mismo”. “De ahí sus temas –escribe Magali- indefensión, reclamo y sadismo infantiles, dolor emocional, nostalgia del paraíso”.

 
La rabia más prohibida
09-diciembre-2009
Comentarios: 55        Lecturas: 127236

 
 
La familia. Julio Galán.
Compañeras/os: les agradezco de todo corazón sus cartitas cariñosas de la semana pasada...Estaba pensando en esto del maltrato...me duele mucho...huí (cobarde que soy) a Alakamanda....a veces una es un venado fugitivo, que termina trayéndose de regreso a la realidad....un poco por los cabellos...de veras gracias. ¿Y si no huímos qué hacemos?...nos miramos...nos sentamos a conversar. Con el miedo cósmico a cuestas. No pasa nada. Nos sentamos bien pegaditos...a conversar. ¿No pasa nada?

“La crueldad más grande que se inflige a los niños reside en el hecho que se les prohíbe expresar su cólera o su sufrimiento, so pena de correr el riesgo de perder el amor y el cariño de sus padres. Esta cólera de la infancia se acumula en el inconsciente…Pero el verdadero drama, el conflicto entre la nostalgia por el ‘verdadero yo’ y la necesidad de adaptarse a las necesidades de los padres, no puede ser experimentado (conscientemente) mientras el sujeto quiera proteger a sus padres de sus propios reproches…el amor filial le impide al niño descubrir la crueldad psicológica de sus padres, ya sea esta consciente o inconsciente…”

Alice Miller

 
Refugios contra la violencia. Romper el aislamiento y el silencio.
24-noviembre-2009
Comentarios: 53        Lecturas: 127367

 
 
Frida Kahlo. La venadita.
Refugio. Ese lugar escondido. / Ese espacio secreto/alcanzable sólo cuando la vida/ se enfila hacia un escenario tan imprevisto/como escalofriante. / Esa puerta de salida cuando las opciones/ se cierran en un laberinto de miedo, dolor e injusticia. / En un refugio, una mujer acosada y en peligro/sacia la necesidad de sentirse segura,/de ver a los suyos felizmente vivos./ Es el lugar de un nuevo principio,/ la estación de llegada/ para sentirse otra vez ella misma. Fuerte y confiada./ Es el espacio único,/ en el que se interrumpen las guerras domésticas/ y se inicia la otra batalla/ donde se juega la salud, la alegría,/ la vida digna sin violencia./ Al frente de los refugios, están las otras./ Un puñado de ciudadanas, tan ordinarias como guerreras/. Mujeres también./Intrépidas y sensibles,/ Mueres como tú que protegen y atienden a esas otras:/ las vulnerables y en riesgo inminente./ Mujeres que instalan refugios en todo el país,/ sitios que para cumplir su misión necesitan de otros./Los otros somos nosotros./ Y por eso te digo, gracias por asociarme al proyecto,/ por sentirme cerca/ y dejarme tocar por la urgencia de fervor y compasión/ que tiene nuestra sociedad./”

Angeles Mastretta. Compañera solidaria de la Red Nacional de Refugios.

En el principio, en cada uno de los casos, hay una mujer desamparada (la mayoría de las veces con sus hijas/os) frente a otra, que escucha su desamparo. Hay una mujer que tiene miedo. Y otra que desea ayudarla a no tenerlo. Para cuando este encuentro se da, la mujer que padece violencia familiar ya dio un primer paso fundamental: rompió el silencio. Pidió ayuda. Abrió la puerta. Hacia la huída y hacia la esperanza. ¿Habrá tenido un poco menos de miedo? O tuvo, más miedo que nunca. Por ella y por sus hijas/os. Descoser la mordaza. Y una vez comenzando a descoserla darse cuenta, que de tanto no decir fue sintiendo – sin asimilarlo, sin entender- como si una fuerza extraña, le hubiera cosido los labios.



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Acerca del autor
 
María Teresa Priego

Tabasqueña. Feminista (tendencia retro) Estudió Letras en la Universidad de Monterrey. Diplomado en Historia del Arte en Roma. Maestría en Estudios de lo femenino en París VIII. Vivió en Suiza y en Estados Unidos.

Integrante del Comité Editorial de Debate Feminista. Fundadora del Instituto de Liderazgo para Mujeres Simone de Beauvoir. Traductora. Divanera compulsiva. Aprendiz de psicoanálisis. Fóbica del avión. Los elevadores y la vida social intensa. Es muy feliz en las bañeras, los mares, los ríos, las lagunas y la lluvia. La existencia de Plutón, es su más rotunda certeza científica.

Autora del libro de cuentos “Tiempos oscuros”. Cuentos en antologías de Cal y Arena. Planeta y en Debate Feminista.

Ha colaborado en distintos periódicos y revistas, desde hace cuatro años es articulista en la sección de Opinión de EL UNIVERSAL.



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