Vimos en el post anteriorque una estrategia de comunicación personal para nuestro ambiente profesional involucra definir quiénes somos, qué tenemos para ofrecer, a quién se lo vamos a ofrecer (objetivo/target) y cómo lo vamos a comunicar.
Entonces, desarrollamos los primeros tres aspectos; en esta ocasión, analizaremos "cómo", lo cual engloba los procesos comunicativos.
Ya comentamos sobre la regla 7%-38%-55% (Palabras-Paralingüística-expresión corporal), esta "regla" que fue desarrollada por el psicólogo Albert Mehrabian, profesor de la UCLA, en ocasiones ha sido reducida al absurdo, afirmando que en cualquier interlocución el significado del mensaje se transmite de maneara no verbal, lo cual es totalmente exagerado.
Partamos desde el axioma que "no es posible no comunicar". Todo el tiempo, en todo momento, estamos comunicando algo. No importa que no expidamos una sola palabra.
Las personas observan y se forman ideas e impresiones para luego construirse percepciones, muchas veces "incorrectas" de nosotros. Entre comillas, ya que por un lado las percepciones están afectadas por la cultura y el entorno, empero la responsabilidad de transmitir certeramente quiénes somos es nuestra.
Podría haber escrito esta entrada hace un par de semanas, hubiera parecido más "oportuna", pero decidí esperarme porque allende de compartir mi punto de vista, me gustaría conocer la experiencia en estas fechas de los lectores.
Seguramente para hoy, muchos de ustedes, sobre todo los que están en posición de influir o tomar decisiones con respecto a los proveedores de sus empresas u organizaciones, ya recibieron los, rara vez ausentes, "presentes" de fin de año.
Tenía planeado para esta edición hablar sobre el desarrollo de una estrategia de comunicación profesional efectiva; sin embargo, una experiencia de la semana pasada me lleva a escribir sobre este tema.
Como muchos de ustedes saben, doy asesoría a profesionales que están interesados en desarrollar su carrera, tomar decisiones de cambio de trabajo o consultas situacionales del labor diaria.
Hace tiempo un buen amigo me recomendó un libro, Las 48 Leyes del Poder,de Robert Greene y Joost Elfers. En su forma particular, un excelente libro que expone las actitudes que una persona debe seguir para alcanzar el "poder"; "poder" como coloquialmente solemos llamar a las zonas de influencia de autoridad impuesta, ese del que acostumbramos decir "el poder corrompe"; aunque en mi opinión para alcanzar ese tipo de poder, uno se corrompe antes de llegar, justamente este libro, sin cuestionamiento moral, es una guía práctica de cómo corromperse o si ya se está corrompido, pues, para pulirse al respecto.
Ahora alcanzar ese tipo de poder es una decisión de cada uno, el aspecto moral cada quien lo debe sopesar, comprender y aceptar el legado resultante.
Hace un par de semanas, en una sesión de retroalimentación profesional, un compañero al que respeto mucho y considero uno de los mejores profesionales con los que he trabajado me dijo: "la gente te percibe como alguien duro e inflexible".
Debo reconocer que no me sorprendió mucho porque en parte es la imagen que, con intención, transmito y también forma mi personalidad, con los matices correspondientes. Finalmente en realidad no soy inflexible porque si no me sería imposible adaptarme a los cambios que son una constante en la vida.
Cuando empecé a estudiar la relación entre los valores y el desarrollo profesional, realmente no me esperaba encontrar tanta complejidad en la sociedad. No es que me extrañe, es que realmente sorprende como la mayoría no son conscientes de sus propios valores, no deja de ser una confrontación difícil. Sin embargo, con los ejercicios adecuados descubren que pueden "ser alguien" realmente único, con plena conciencia para trabajar con una base mucho más sólida en su desarrollo personal y profesional.
Les dejo los siguientes ejercicios de evaluación tomados de la misma fuente que comenté en Cuestionando Valores I, si tienen oportunidad compren el libro, es realmente bueno, sencillo y corto; no estoy de acuerdo en todo el contenido, pero tiene conceptos realmente interesantes.
Estaba terminando de escribir la segunda parte de "Cuestionando los valores", pero, regresando de comer, abrí un periódico on-line sudamericano (suelo leer periódicos de todo el mundo) y me encontré una nota que hacía referencia a un video motivacional, decidí verlo, era un video corto pero realmente interesante, no conocía la historia de esta persona, entonces entré a YouTube y busqué más. Encontré una conferencia completa que más adelantes les voy a compartir.
Son experiencias como estas, las que me hacen creer con firmeza, que no se trata del entorno, ni de las limitaciones, se trata de la visión, de la capacidad que nosotros mismos nos desarrollemos para trazar el camino a donde queramos llegar. He aprendido con muchos años, sobre todo desde que nació mi hijo, que no hay discapacidad más grande, que la discapacidad cultural, esa que nos hace creer, que siempre hay alguien más que es responsable por nuestro fracaso profesional, por nuestra pobreza económica, por nuestra incapacidad para construirnos oportunidades, o por la "falta" de ellas.
La semana pasada fue algo intensa en el trabajo, estamos en un proceso de estabilización por un cambio tecnológico y de procesos que se dio en todo el país a cargo de mi departamento. Además, tuve que salir de la ciudad por cuestiones laborales y esto ha hecho que esté más ocupado de lo normal; he aquí la razón de que el último sábado no alcancé a publicar, de hecho este post lo estoy escribiendo a casi doce mil pies de altura y ascendiendo (me sigo preguntando porque usan pies y no metros).
El lunes pasado antes de salir de viaje fui al restaurante de ensaladas que habitúo todos o casi todos los días para comer, a unas cuatro cuadras de la oficina; recientemente incorporaron en el mismo local un "carrito" de nieves y paletas.
Tengo ya un tiempo estudiando e investigando cómo los valores afectan directamente al desarrollo profesional de las personas. Como lo comenté en uno de los primeros posts, "Los valores propios ligados a mi profesión",estar ligados a profesiones o empresas con valores que se contraponen a los nuestros, provoca frustración, malestar y/o estancamiento.
Es un efecto similar a tener una pareja con valores diferentes a los nuestros. El problema, como lo comentaba en aquella ocasión, es que muchas veces ni siquiera conocemos cuáles son nuestros valores.
El camino de nuestra vida profesional no se parece en nada a lo que nos enseñan en la escuela o en la casa, ni siquiera es un camino en el que podamos avanzar con el objetivo de ver qué hay adelante para luego retroceder y tomar las decisiones convenientes, más bien es una de esas carreteras que sólo recorreremos kilómetro a kilómetro una vez en la vida. Todo hacia adelante siempre será nuevo y para llegar al final con éxito dependeremos de la hoja de ruta que tracemos.
Esto es lo que buscaremos en el blog: desmenuzar cada una de las circunstancias que atoran nuestro desarrollo profesional, empezando por lo que está en nuestra cabeza, en nuestras manos y, por supuesto, analizando el entorno: los jefes, los colaboradores, recursos humanos, la empresa, la familia, la cultura y la sociedad.
También analizaremos lo que se denomina GAP (Generación de Alternativas Profesionales) que nos puede permitir dar saltos cuánticos (atajos), alcanzar objetivos y cerrar etapas recorriendo semana a semana nuestra Ruta Profesional.
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Marcelo Tedesco es Master en International Business por la Universidad La Salle de Barcelona, cursó Estudios Avanzados de Negocios en China por la Universidad FUDAN de Shanghái, y es Project Management Professional acreditado por el Project Management Institute (PMI).
Ha trabajado como consultor para más de 100 empresas multinacionales y PyMEs en México y Latinoamérica; es miembro activo de organizaciones que desarrollan el liderazgo a nivel mundial como Toast Master International y el PMI.