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Arrullando al Niño
19-diciembre-2014
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Caravaggio, Descanso durante la huida a Egipto

Navidad en familia. Todos tienen algo que hacer. Alguien cocina. Alguien más decora. Otro arregla las luces. Otro más, ya cansado, se detiene a conversar sobre el paso del tiempo. Alguno alude a los ausentes. Un niño pregunta y, en tanto, colabora. Una picardía inesperada suelta las risas. No falta quien se ha disgustado.

Un elenco de misterios se enumera. ¿Cómo preparaba la abuela el turrón? ¿En qué momento se nos coló Santa Claus? ¿Los regalos a los pequeños se distribuyen el 25 de diciembre o el 6 de enero? ¡A mí me enseñaron en el kínder que los Reyes (¿sí son tres?) también traían regalos, y mis sorprendidos padres se fueron a buscar hasta los rincones imposibles el último capricho de su primogénito, aunque ya el Niño Dios lo había obsequiado! Aún se lo agradezco, e inevitablemente sonrío.

El ensanchamiento de la familia por los matrimonios hizo que se compartieran costumbres. Los villancicos se nutren de nuevos versos. "Yo me lo sabía de otra manera". Ciertas frases resultan ininteligibles, y se completan con un "la la la" divertido. Se escucha un viejo disco que la magia tecnológica traspasó a formato digital, con todo y ruidos. "¡Órale!"

 
Signo de consuelo
12-diciembre-2014
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Lo que más se busca en el Tepeyac es el consuelo. Lo he constatado muchas veces. La compasión manifiesta en la mirada de la Virgen cautiva a los corazones necesitados de redención.

En realidad, ello mismo corresponde al sentido originario de la advocación. En el Nican Mopohua, al narrarse la primera aparición y pedir que le levanten su "casita divina", Santa María expresamente dice: "donde mostraré, haré patente, entregaré a las gentes todo mi amor; mi mirada compasiva, mi ayuda y mi protección. Porque, en verdad, yo soy vuestra madrecita compasiva, tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta tierra y también de todas las demás gentes, las que me amen, las que me llamen, me busquen, confíen en mí".

Estas palabras se confirman de modo plástico en la imagen, especialmente en sus ojos. Y corresponden con la feliz elección del texto litúrgico para la primera lectura de la misa, del Sirácide, en el que se deja hablar a la sabiduría como la "madre del amor, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza" (Sir 24,18).

 
Rutas
05-diciembre-2014
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André Beauneveu, Profeta Isaías, Salterio del Duc de Berry


Llegó el Adviento. Un nuevo adviento. El adviento de siempre. Con su voz de promesa y su sabor de cielo. Con él, Isaías marca la ruta. "Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos y podamos marchar por sus sendas" (Is 2,3). El místico ascenso sorprende, cuando el tema del tiempo litúrgico es que Alguien viene. Desciende. En el horizonte, el anuncio sorprende, sonándonos incluso a disparate. "De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra" (Is 2,4).

Nuestras rutas se han llenado de bandoleros. El nerviosismo vuelve torpes y violentos hasta a los más mansos. Hace unos días, un choque accidental de dos buenas personas estuvo a punto de convertirse en conflagración callejera. Se esparcían insultos inútiles, que acrecentaban la tristeza. El enojo se contagiaba. Mientras tanto, unos vivales aprovechaban la ocasión para obtener ventaja. Tras el incidente, un sopor desesperanzado se apoderó de algunos de los testigos pasajeros. ¿No se suponía que no les debía afectar? ¿No aseguraban haber acatado la orden individualista de nuestra cultura, que les imponía mantenerse al margen de lo que no les incumbía? Pero era imposible. Las espadas los habían alcanzado.

 
Los dos decretos del 64
28-noviembre-2014 19:11
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Lorenzo Veneciano, Llamado de Pedro y Andrés

El decreto Orientalium Ecclesiarum del Concilio Vaticano II se ocupa de las Iglesias Orientales Católicas. Manteniendo su unión con el Sumo Pontífice, ellas constituyen un tesoro singular de ritos y tradiciones propias.

Así lo reconoce en su introducción: "La Iglesia católica tiene en gran aprecio las instituciones, los ritos litúrgicos, las tradiciones eclesiásticas y la disciplina de la vida cristiana de las Iglesias orientales. Pues en todas ellas, preclaras por su venerable antigüedad, brilla aquella tradición de los padres, que arranca desde los Apóstoles, la cual constituye una parte de lo divinamente revelado y del patrimonio indiviso de la Iglesia universal" (n. 1).

El documento, más bien breve, se enfoca en un problema que en la práctica no ha logrado detenerse: una cierta tendencia a la latinización, es decir, a abandonar los propios usos para adoptar los de las comunidades latinas occidentales. Habiendo enfrentado en muchos momentos persecuciones y dificultades culturales, el aparejamiento con la tradición latina parecería ofrecerles más fortaleza. Lo cierto es que el Concilio tuvo el tino de reconocer que aquel mecanismo tendía, más bien, a empobrecer a todos.

 
Lumen Gentium: 50 años
21-noviembre-2014
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Greco, Pentecostés

El día de hoy se cumplen 50 años del cierre de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, fecha en que fueron promulgados tres documentos: la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y los Decretos sobre las Iglesias Orientales Orientalium Ecclesiarum y sobre el Ecumenismo Unitatis Redintegratio. También en aquella ocasión el Papa Paulo VI declaró solemnemente a María como Madre de la Iglesia.

La Lumen Gentium es el eje de los documentos conciliares. De manera peculiar, se había planteado como objetivo que la Iglesia dijera una palabra sobre sí misma, expresando la conciencia que tiene de su naturaleza y misión. Esta finalidad la realizó precisamente este documento, el más extenso que haya emanado del Magisterio eclesial para tocar este tema. También, como el mismo Papa lo reconoció en su discurso conclusivo, confesándose profundamente conmovido, por primera vez "un Concilio Ecuménico concentra en una única y tan amplia síntesis la doctrina católica sobre el lugar que se debe atribuir a la Santísima Viren María en el misterio de Cristo y de la Iglesia".

De alguna manera, podemos considerar su antecesor inmediato la Encíclica Mystici Corporis de Pío XII, de la cual en algunos aspectos es continuación, pero a la cual trasciende notablemente en perspectivas. También debe mirársele como un complemento a la Constitución Pastor Aeternus del Concilio Vaticano I, que por razones históricas había limitado su enseñanza a la figura del Papa, aunque originalmente se había pretendido reflexionar también sobre el episcopado. En Lumen Gentium convergen las mejores tradiciones de la teología de la Iglesia con las inquietudes que se habían ido tejiendo durante la primera mitad del siglo XX. Entre los múltiples aspectos de su riqueza, podemos destacar lo siguiente:

 
El don más excelente
14-noviembre-2014 20:52
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Vittore Carpaccio, Presentación de Jesús en el Templo

"Sean fecundos y multiplíquense" (Gn 1,28). En toda la Sagrada Escritura es el primer "mandamiento" que encontramos. Apenas se ha mencionado la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios precisamente en su condición complementaria de varón y mujer (cf. Gn 1,27), se sigue la bendición divina y la encomienda fundamental de transmitir la vida.

El Catecismo (nn. 1652-1654) recoge los pasajes fundamentales de este bien preciosísimo del matrimonio, sobre el que se edifica la familia: "Por su propia naturaleza, la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole y con ellas son coronadas como su culminación" (Gaudium et spes, n. 48). Y enseguida: "Los hijos son el don más excelente del matrimonio y contribuyen mucho al bien de sus mismos padres... El cultivo verdadero del amor conyugal y todo el sistema de vida familiar que de él procede, sin dejar posponer los otros fines del matrimonio, tienden a que los esposos estén dispuestos con fortaleza de ánimo a cooperar con el amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos aumenta y enriquece su propia familia cada día más" (Gaudium et spes, n. 50).

A continuación proyecta el bien de la fecundidad más allá del ámbito biológico. "La fecundidad del amor conyugal se extiende a los frutos de la vida moral, espiritual y sobrenatural que los padres transmiten a sus hijos por medio de la educación. Los padres son los primeros y primeros educadores de sus hijos (cf. Gravissimum educationis, n. 3). En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la vida (cf. Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 28)".

 
El amor familiar
07-noviembre-2014 20:42
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Battista Dossi, Sagrada Familia con Juan Bautista

"No es bueno que el hombre esté solo" (Gn 2,18). Esta expresión recoge una certeza antropológica fundamental, contenida en la fe cristiana: hemos sido creados para el amor. Jean Danielou, en referencia a esa cita, lo expresaba así: "Pertenece a la esencia humana el entrar en comunión, es decir, que el hombre no está hecho para la soledad, sino para compartir con otros lo que tiene. El amor humano aparece como la expresión eminente de esa realidad, pero sólo una expresión eminente. El conjunto de las relaciones humanas constituye el conjunto de expresiones de esta naturaleza fundamentalmente comunitaria del hombre" (Escándalo de la verdad, Madrid 19652, 207).

Entre los "fines" del matrimonio siempre se ha mencionado el amor conyugal, indicando también con ello la ayuda mutua que los esposos se dan, su unidad. El Concilio Vaticano II dedicó un número completo a él, en su Constitución Pastoral. Ahí se lee: "Este amor, por ser eminentemente humano, ya que va de persona a persona con el afecto de la voluntad, abarca el bien de toda la persona, y, por tanto, es capaz de enriquecer con una dignidad especial las expresiones del cuerpo y del espíritu y de ennoblecerlas como elementos y señales específicas de la amistad conyugal" (Gaudium et spes, n.49).

El amor matrimonial se expande en el amor familiar. "La familia, fundada y vivificada por el amor, es una comunidad de personas: del hombre y de la mujer esposos, de los padres y de los hijos, de los parientes. Su primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el empeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas. El principio interior, la fuerza permanente y la meta última de tal cometido es el amor: así como sin el amor la familia no es comunidad de personas, así también sin el amor la familia no puede vivir, crecer y perfeccionarse como comunidad de personas... El amor entre el hombre y la mujer en el matrimonio y, de forma derivada y más amplia, el amor entre los miembros de la misma familia -entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas, entre parientes y familiares- está animado e impulsado por un dinamismo interior e incesante que conduce la familia a una comunión cada vez más profunda e intensa, fundamento y alma de la comunidad conyugal y familiar" (Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 18).

 
Un vínculo sagrado
31-octubre-2014
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Pedro Veronese, Bodas de Caná (detalle)

La institución natural del matrimonio es sancionada, en la perspectiva de la fe cristiana, con el más alto estatuto de una comunión de gracia: el de ser un sacramento. El amor humano adivina una grandeza en su propia dignidad, de auténtico valor sagrado, que se ve así corroborada.

El Concilio Vaticano II enseñó que "del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente, nace, aun ante la sociedad, una institución confirmada por la ley divina. Este vínculo sagrado, en atención al bien, tanto de los esposos y de la prole como de la sociedad, no depende de la decisión humana. Pues es el mismo Dios el autor del matrimonio, al cual ha dotado con bienes y fines varios" (Gaudium et Spes, n. 48).

Este lazo lo explicaba también Juan Pablo II: "En virtud de la sacramentalidad de su matrimonio, los esposos quedan vinculados uno a otro de la manera más profundamente indisoluble. Su recíproca pertenencia es representación real, mediante el signo sacramental, de la misma relación de Cristo con la Iglesia" (Familiaris Consortio, n. 13).

 
La escuela de Nazaret
24-octubre-2014 19:00
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Francesco Conti, Regreso a Nazareth de Egipto

También de la familia habló el Papa Paulo VI, apenas beatificado por el Santo Padre Francisco. El sentido de humildad y sacrificio paterno que su propio pontificado vivió se sintetiza en una notable frase escrita por el nuevo beato en sus anotaciones personales, justo después de la clausura del Concilio Vaticano II, retomada por Francisco en la homilía de la celebración: "Quizás el Señor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Él, y no otros, es quien la guía y la salva" (Francisco, Homilía del 19.10.2014).

La más conmovedora referencia a la familia de Paulo VI se escuchó en su visita a la Iglesia de la Anunciación, en Nazaret, donde rindió un filial homenaje a María Santísima. Ahí pedía en oración que podamos "ser admitidos por Ella, la Señora, la Dueña de la casa, juntamente con su fuerte y manso Esposo san José, en la intimidad de Cristo, de su humano y divino Hijo Jesús".
Y llamaba a Nazaret "la escuela de iniciación para comprender la vida de Jesús. La escuela del Evangelio", el lugar donde "se aprende a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido, tan profundo y misterioso, de aquella simplísima, humildísima, bellísima manifestación del Hijo de Dios".

La Sagrada Familia es el referente pedagógico que concede descubrir el evangelio de la familia. Y el Papa lo reconocía como horizonte para trascender la letra de los testimonios con una actitud espiritual, de modo que la contemplación pudiera convertirse en imitación. En Nazaret "se aprende el método con que podremos comprender quién es Jesucristo" y "la necesidad de observar el cuadro de su permanencia entre nosotros: los lugares, el templo, las costumbres, el lenguaje, la religiosidad de que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Todo habla. Todo tiene un sentido". Desde la significación exterior, de los sentidos, se alcanza, "con el ojo limpio, con el espíritu humilde, con la intención buena y con la oración interior", el nivel profundo de la revelación de la verdad.

 
Una institución natural
17-octubre-2014 17:18
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Jan Brueghel el Viejo, Adán y Eva en el Jardín

El matrimonio y la familia fueron "queridos por Dios con la misma creación" (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n 3). Esto implica un nivel fundamental de esta institución, que corresponde a la "gramática" presente en la naturaleza. Así lo enseña también el Concilio Vaticano II, señalando el rasgo primario de su identidad:

"Fundada por el Creador y en posesión de sus propias leyes, la íntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable" (Gaudium et spes, n. 48). La institución familiar nace, así, aún ante la sociedad, "del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente".

Aunque en la fe se reconoce un nivel de alcance religioso ya en el sentido de la huella dejada por Dios en su obra, lo cierto es que también se identifica una estructura propia, de orden “natural”, que es posible conocer -incluso independientemente de la actitud creyente que se tenga-, y ante la que se tiene una responsabilidad, tanto desde el punto de vista personal como en el ámbito social.



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Acerca del autor
 
Julián López Amozurrutia

Este espacio anhela ser una búsqueda compartida. Juan Pablo II decía que tenemos que dar el paso “del fenómeno al fundamento”. En el fundamento hay siempre buenas noticias: la de la vida humana, la de la dignidad de la persona, la de su trascendencia. Porque la realidad se nos presenta como un conjunto de VALORES por descubrir; porque la persona humana puede cultivarse en la VIRTUD; porque la mente se eleva hacia la VERDAD.

Soy ciudadano mexicano, discípulo de Jesucristo, sacerdote católico.

Página personal: www.amoz.com.mx Twitter

 
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