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El don más excelente
14-noviembre-2014 20:52
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Vittore Carpaccio, Presentación de Jesús en el Templo

"Sean fecundos y multiplíquense" (Gn 1,28). En toda la Sagrada Escritura es el primer "mandamiento" que encontramos. Apenas se ha mencionado la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios precisamente en su condición complementaria de varón y mujer (cf. Gn 1,27), se sigue la bendición divina y la encomienda fundamental de transmitir la vida.

El Catecismo (nn. 1652-1654) recoge los pasajes fundamentales de este bien preciosísimo del matrimonio, sobre el que se edifica la familia: "Por su propia naturaleza, la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole y con ellas son coronadas como su culminación" (Gaudium et spes, n. 48). Y enseguida: "Los hijos son el don más excelente del matrimonio y contribuyen mucho al bien de sus mismos padres... El cultivo verdadero del amor conyugal y todo el sistema de vida familiar que de él procede, sin dejar posponer los otros fines del matrimonio, tienden a que los esposos estén dispuestos con fortaleza de ánimo a cooperar con el amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos aumenta y enriquece su propia familia cada día más" (Gaudium et spes, n. 50).

A continuación proyecta el bien de la fecundidad más allá del ámbito biológico. "La fecundidad del amor conyugal se extiende a los frutos de la vida moral, espiritual y sobrenatural que los padres transmiten a sus hijos por medio de la educación. Los padres son los primeros y primeros educadores de sus hijos (cf. Gravissimum educationis, n. 3). En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la vida (cf. Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 28)".

 
El amor familiar
07-noviembre-2014 20:42
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Battista Dossi, Sagrada Familia con Juan Bautista

"No es bueno que el hombre esté solo" (Gn 2,18). Esta expresión recoge una certeza antropológica fundamental, contenida en la fe cristiana: hemos sido creados para el amor. Jean Danielou, en referencia a esa cita, lo expresaba así: "Pertenece a la esencia humana el entrar en comunión, es decir, que el hombre no está hecho para la soledad, sino para compartir con otros lo que tiene. El amor humano aparece como la expresión eminente de esa realidad, pero sólo una expresión eminente. El conjunto de las relaciones humanas constituye el conjunto de expresiones de esta naturaleza fundamentalmente comunitaria del hombre" (Escándalo de la verdad, Madrid 19652, 207).

Entre los "fines" del matrimonio siempre se ha mencionado el amor conyugal, indicando también con ello la ayuda mutua que los esposos se dan, su unidad. El Concilio Vaticano II dedicó un número completo a él, en su Constitución Pastoral. Ahí se lee: "Este amor, por ser eminentemente humano, ya que va de persona a persona con el afecto de la voluntad, abarca el bien de toda la persona, y, por tanto, es capaz de enriquecer con una dignidad especial las expresiones del cuerpo y del espíritu y de ennoblecerlas como elementos y señales específicas de la amistad conyugal" (Gaudium et spes, n.49).

El amor matrimonial se expande en el amor familiar. "La familia, fundada y vivificada por el amor, es una comunidad de personas: del hombre y de la mujer esposos, de los padres y de los hijos, de los parientes. Su primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el empeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas. El principio interior, la fuerza permanente y la meta última de tal cometido es el amor: así como sin el amor la familia no es comunidad de personas, así también sin el amor la familia no puede vivir, crecer y perfeccionarse como comunidad de personas... El amor entre el hombre y la mujer en el matrimonio y, de forma derivada y más amplia, el amor entre los miembros de la misma familia -entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas, entre parientes y familiares- está animado e impulsado por un dinamismo interior e incesante que conduce la familia a una comunión cada vez más profunda e intensa, fundamento y alma de la comunidad conyugal y familiar" (Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 18).

 
Un vínculo sagrado
31-octubre-2014
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Pedro Veronese, Bodas de Caná (detalle)

La institución natural del matrimonio es sancionada, en la perspectiva de la fe cristiana, con el más alto estatuto de una comunión de gracia: el de ser un sacramento. El amor humano adivina una grandeza en su propia dignidad, de auténtico valor sagrado, que se ve así corroborada.

El Concilio Vaticano II enseñó que "del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente, nace, aun ante la sociedad, una institución confirmada por la ley divina. Este vínculo sagrado, en atención al bien, tanto de los esposos y de la prole como de la sociedad, no depende de la decisión humana. Pues es el mismo Dios el autor del matrimonio, al cual ha dotado con bienes y fines varios" (Gaudium et Spes, n. 48).

Este lazo lo explicaba también Juan Pablo II: "En virtud de la sacramentalidad de su matrimonio, los esposos quedan vinculados uno a otro de la manera más profundamente indisoluble. Su recíproca pertenencia es representación real, mediante el signo sacramental, de la misma relación de Cristo con la Iglesia" (Familiaris Consortio, n. 13).

 
La escuela de Nazaret
24-octubre-2014 19:00
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Francesco Conti, Regreso a Nazareth de Egipto

También de la familia habló el Papa Paulo VI, apenas beatificado por el Santo Padre Francisco. El sentido de humildad y sacrificio paterno que su propio pontificado vivió se sintetiza en una notable frase escrita por el nuevo beato en sus anotaciones personales, justo después de la clausura del Concilio Vaticano II, retomada por Francisco en la homilía de la celebración: "Quizás el Señor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Él, y no otros, es quien la guía y la salva" (Francisco, Homilía del 19.10.2014).

La más conmovedora referencia a la familia de Paulo VI se escuchó en su visita a la Iglesia de la Anunciación, en Nazaret, donde rindió un filial homenaje a María Santísima. Ahí pedía en oración que podamos "ser admitidos por Ella, la Señora, la Dueña de la casa, juntamente con su fuerte y manso Esposo san José, en la intimidad de Cristo, de su humano y divino Hijo Jesús".
Y llamaba a Nazaret "la escuela de iniciación para comprender la vida de Jesús. La escuela del Evangelio", el lugar donde "se aprende a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido, tan profundo y misterioso, de aquella simplísima, humildísima, bellísima manifestación del Hijo de Dios".

La Sagrada Familia es el referente pedagógico que concede descubrir el evangelio de la familia. Y el Papa lo reconocía como horizonte para trascender la letra de los testimonios con una actitud espiritual, de modo que la contemplación pudiera convertirse en imitación. En Nazaret "se aprende el método con que podremos comprender quién es Jesucristo" y "la necesidad de observar el cuadro de su permanencia entre nosotros: los lugares, el templo, las costumbres, el lenguaje, la religiosidad de que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Todo habla. Todo tiene un sentido". Desde la significación exterior, de los sentidos, se alcanza, "con el ojo limpio, con el espíritu humilde, con la intención buena y con la oración interior", el nivel profundo de la revelación de la verdad.

 
Una institución natural
17-octubre-2014 17:18
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Jan Brueghel el Viejo, Adán y Eva en el Jardín

El matrimonio y la familia fueron "queridos por Dios con la misma creación" (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n 3). Esto implica un nivel fundamental de esta institución, que corresponde a la "gramática" presente en la naturaleza. Así lo enseña también el Concilio Vaticano II, señalando el rasgo primario de su identidad:

"Fundada por el Creador y en posesión de sus propias leyes, la íntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable" (Gaudium et spes, n. 48). La institución familiar nace, así, aún ante la sociedad, "del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente".

Aunque en la fe se reconoce un nivel de alcance religioso ya en el sentido de la huella dejada por Dios en su obra, lo cierto es que también se identifica una estructura propia, de orden “natural”, que es posible conocer -incluso independientemente de la actitud creyente que se tenga-, y ante la que se tiene una responsabilidad, tanto desde el punto de vista personal como en el ámbito social.

 
Una emergencia social
10-octubre-2014
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Caravaggio, Virgen del Rosario

Entre los "problemas actuales más urgentes que afectan profundamente al género humano", el Concilio Vaticano II en su Constitución Pastoral Gaudium et Spes trató en primer lugar la dignidad del matrimonio y de la familia.

Ante todo, reconoció que "el bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar", y expresó por ello su alegría por "los varios medios que permiten hoy a los hombres avanzar en el fomento de esta comunidad de amor y en el respeto a la vida y que ayudan a los esposos y padres en el cumplimiento de su excelsa misión".

Pero inmediatamente alertó sobre la situación que se percibía entonces. "La dignidad de esta institución no brilla en todas partes con el mismo esplendor, puesto que está oscurecida por la poligamia, la epidemia del divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones; es más, el amor matrimonial queda frecuentemente profanado por el egoísmo, el hedonismo y los usos ilícitos contra la generación".

 
Miguel León Portilla
03-octubre-2014 22:59
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En un homenaje más que justo, Don Miguel León Portilla recibió el Doctorado Honoris Causa de parte de la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia de México. "Ya se habían tardado", expresó jocoso el maestro cuando se le invitó a recibirlo. Por primera vez, una instancia eclesiástica mexicana rendía el debido reconocimiento a uno de los más notables promotores de nuestra cultura.

Ciertamente, no le hacía falta una condecoración más. Él mismo, con exquisita delicadeza y alegre buen gusto, dejó ver la motivación que hacía de esta una ocasión especial: le permitía recordar al que fuera su propio tlamatini, el padre Ángel María Garibay. El tributo a su persona se volcó en una ponencia magistral de gratitud a quien abriera tantas fuentes de investigación sobre la Antigua Palabra.

La lección estuvo llena de recuerdos sobre él. El buen humor de Don Miguel retrató con fina pluma el genio del padre Garibay, el que parecía hosco pero cuando encontraba a alguien "que no fuera ni tonto ni flojo" podía dejarlo entrar desde su gran corazón el universo de su investigación. Aquel hombre del que se cuenta que sus parroquianos pedían al obispo que les mandara a alguien que ya hubiera terminado de estudiar. El que en su erudición grabó para nuestro país el testamento de la gran herencia que ha recibido como patrimonio, y que no siempre sabe valorar: la confluencia de la cultura mesoamericana y la mediterránea en un mosaico multicolor. Al mismo que Don Miguel consagró ya una obra exquisita, de memoria compartida: Ángel María Garibay K. La rueda y el río (México 2013).

 
Hacia el Sínodo de la Familia
26-septiembre-2014 20:05
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Pompeo Baton, Sagrada Familia

Durante el mes de octubre que se avecina tendrá lugar en la Ciudad del Vaticano la III Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, que tratará el tema de "Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización". Será la primera etapa de un discernimiento que continuará en la Asamblea Ordinaria del Sínodo en 2015, con el tema "Jesucristo revela el misterio y la vocación de la Familia".

El mismo Papa Francisco, que convocó este ejercicio de reflexión eclesial apenas a ocho meses de iniciado su pontificado, ha querido que se prepare inmediatamente con una intensa jornada de oración, este domingo 28 de septiembre. Se ha propuesto para ello utilizar un texto escrito por el mismo Papa para la fiesta de la Sagrada Familia del pasado mes de diciembre. Aquí la plegaria:

"Jesús, María y José, contemplamos en ustedes el esplendor del verdadero amor, con confianza nos dirigimos a ustedes. Sagrada Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias lugares de comunión y cenáculos de oración, auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas Iglesias domésticas. Sagrada Familia de Nazaret, que nunca más se experimente en las familias violencia, falta de acogida y división: que todo el que haya sido herido o escandalizado reciba pronto consolación y curación. Sagrada Familia de Nazaret, que el próximo Sínodo de los Obispos pueda restablecer de nuevo la conciencia del carácter sagrado e inviolable de la familia, su belleza en el proyecto de Dios. Jesús, María y José, atiendan nuestra súplica. Amén".

 
¡Cuidémonos!
19-septiembre-2014 22:06
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Francesco di Giorgio Martini, Nuestra Señora del Terremoto

El dramático recuerdo del temblor de 1985 trae también, con todo, la memoria de una de las gestas de solidaridad más notables que ha conocido nuestra ciudad en las últimas décadas. Y desde ella quedó el aprendizaje de una aspiración que se ha madurado como una cultura de protección civil. No es necesario esperar que las calamidades ocurran: podemos adelantarnos a ellas previendo el modo conveniente de reaccionar. No sólo se han afinado los protocolos de construcción y los mecanismos de acción en caso de siniestros: también se ha cultivado una mentalidad que incluye la valoración y el cuidado de la vida, tanto la propia como la de los demás. Sabemos por experiencia que una perspectiva individualista es siempre más peligrosa que una comunitaria. Velar unos por otros es siempre una buena idea.

Podemos crecer aún más si nos detenemos a hacer conscientes algunos de los elementos antropológicos y pedagógicos incluidos en esta cultura. Por un lado, el aprecio por la existencia misma. Es un hecho que cuando nos enfrascamos en los ritmos ordinarios, podemos perder de vista el dato básico, siempre precioso, de estar vivos. Y ello nos lleva a no reconocer el hecho admirable de tener un corazón que palpita y unos pulmones que respiran. La ausencia de grandes problemas nos lleva a complicarnos el camino con auténticas naderías, y a veces sobre ellas construimos un aparato complejo de relaciones tortuosas y violentas. Las emergencias tienen la virtud de despertarnos de ciertos letargos o inercias.

Sobre la sorpresa inicial de vivir, brota también la responsabilidad más simple: la de estar confiados a nosotros mismos y a nuestro prójimo como una familia. La madurez personal incluye aprender a hacerse cargo de uno mismo, y también el de extender esta disposición a quienes nos rodean. Desde el punto de vista de la colectividad, es creciente el cuidado que se suele tener, incluso organizado e institucionalizado, a los hermanos más vulnerables. Siempre será un índice de la mejor civilidad el lugar que se concede a los más pequeños, a los enfermos y a los ancianos, a los pobres y a los menos favorecidos.

 
Entremés en Yencuictlalpan
12-septiembre-2014
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Thania Anahí Palma Orozco, Capilla del Señor de Yencuictlalpan

"Los mexicanos son muy hospitalarios. Siempre te reciben bien, y te hacen sentir como en tu casa". La percepción del turista bienintencionado puede ser verdadera. Aunque se complementa con otra, no menos frecuente. "Hay un grupo de vivales buscando aprovecharse de ti en cualquier ocasión". En ambos casos, el anecdotario es abundante.

Hojeando la notable antología Antigua y nueva palabra, que recoge textos mesoamericanos de muy variada índole, editados por don Miguel León-Portilla, Earl Shorris y otros colaboradores (México 2004), me encontré con un pintoresco entremés, publicado originalmente por Fernando Horcasitas. Se trata de una breve farsa, escrita en náhuatl, que se representaría en las fiestas del Señor de Yencuictlalpan, en San Pedro Atocpan, y que pudo ser dictado a R. H. Barlow por el indígena anciano N. Zacatzin, hacia 1948.

La hospitalidad queda bellamente descrita por la pieza. Un grupo de peregrinos, encabezados por Xocohuica, el cargador de fruta, llega a las cercanías del santuario del Señor de las Misericordias, y pide permiso al "gobernador" para descansar. El cuadro así lo plasma:



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Acerca del autor
 
Julián López Amozurrutia

Este espacio anhela ser una búsqueda compartida. Juan Pablo II decía que tenemos que dar el paso “del fenómeno al fundamento”. En el fundamento hay siempre buenas noticias: la de la vida humana, la de la dignidad de la persona, la de su trascendencia. Porque la realidad se nos presenta como un conjunto de VALORES por descubrir; porque la persona humana puede cultivarse en la VIRTUD; porque la mente se eleva hacia la VERDAD.

Soy ciudadano mexicano, discípulo de Jesucristo, sacerdote católico.

Página personal: www.amoz.com.mx Twitter

 
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