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Perdonarme
13-marzo-2015
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Goffredo Wals, Paisaje con Cristo y san Pedro

La conciencia y la libertad personales nos hacen tener también una responsabilidad respecto a nosotros mismos. Algunos autores, por ello, no han dudado en desdoblar el mandamiento divino (¡y tan humano!) de "amar al prójimo como a mí mismo" en el deber de no sólo amar al prójimo, sino también de amarme a mí mismo.

Tal vez en los textos bíblicos no se encuentra explicitado de esa manera, porque se da por supuesto que una actitud natural es la del propio aprecio. Sin embargo, no se equivoca la psicología cuando pone en evidencia que muchas de las conductas enfermizas del ser humano se deben a una deficiente autoestima. Y aunque a veces muchas técnicas sugieren con este pretexto un ambiguo (o no tanto) individualismo, lo cierto es que no dejan en muchos casos de tener razón.

Entre las obras de misericordia espirituales se cuenta el "perdonar las injurias". Es una indicación por demás central en la vida cristiana, enseñada por Jesús incluso con una orientación totalizadora y heroica (¡perdonar setenta veces siete!), confirmada por las parábolas y aún por la oración del Padrenuestro. Por si fuera poco, proclamada desde la misma cruz ("Padre, perdónalos...")

 
Condescendencia
06-marzo-2015
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Barnaert van Orley, Virtud de la Paciencia (detalle)

Entre las obras de misericordia, hay una que ha adquirido particular fuerza en nuestro tiempo, aunque con modificaciones no indiferentes. Se solía decir "sobrellevar con paciencia las debilidades del prójimo". No tenía, en principio, una pretensión de superioridad. Suponía el reconocimiento de los propios vicios y defectos, y por lo tanto lo que se excusaba del otro indicaba la conciencia de los errores personales. Era, por lo tanto, una plataforma común, que hermanaba a los seres humanos.

Hoy se habla de "tolerancia". De suyo, es un valor. Concede la primacía de la persona sobre sus gustos, conductas y posturas, y el respeto que nos merece en toda circunstancia. Incluso advierte la riqueza de la pluralidad humana en sus manifestaciones y realizaciones. Contiene, sin embargo, un riesgo latente: renunciar a identificar el recto ejercicio de la condición humana. Plantado en el relativismo, puede considerar indiferente cualquier postura, sin incluir un valor objetivo propio.

Esta oscilación se debió, culturalmente, a una percepción equivocada de la verdad, que en vez de captarse como don, se identificó con autoritarismo y violencia. Renunciar a toda pretensión de "verdad" pasó a considerarse, en una generalización (¡que quiere ser verdadera!), la única actitud que garantizaba el respeto a la autonomía del sujeto. Dejándolo, ciertamente, sin rumbo, al arbitrio de sus caprichos.

 
"Obras son amores..."
27-febrero-2015
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Frans Francken II, Las siete obras de misericordia (detalle)

"Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia".

La cita es de la Regla Pastoral de san Gregorio Magno (3,21,45), y el Catecismo de la Iglesia la toma en toda su contundencia (n. 2446), junto con otra del Crisóstomo: "No hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida; [...] lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos" (In Lazarum, concio 2,6).

En la dimensión que la Cuaresma nos confronta con nuestros semejantes, es siempre oportuno volver a recordar las "obras de misericordia". El Catecismo nos las define como "acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales" (n.2447). Y el Compendio las enumera del modo más tradicional. Inspirándose en la descripción del juicio final (cf. Mt 25,31-46), las siete obras de misericordia corporales son "visitar y cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada el peregrino, vestir al desnudo, redimir al cautivo y enterrar a los muertos".

 
Contra la indiferencia
20-febrero-2015 18:14
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Pieter Bruegel el Viejo, Cristo cargando la Cruz (detalle de los dos ladrones)

Un hermano sacerdote me ha insistido en que el Papa Francisco tiene a la Iglesia en ejercicios espirituales continuos. Y su provocación alcanza a mucha gente de buena voluntad más allá de los límites visibles de la comunidad creyente. ¡Hay tanta sed de Dios! Una deseo que busca testigos auténticos, atendibles. Dar profundidad a nuestras convicciones, confrontándonos en un discernimiento valiente y confiado en el Señor.

La lectura del Mensaje de Cuaresma de este año del Santo Padre confirma esta percepción. Los contenidos son sencillos y contundentes. Tres puntos, como siguiendo una meditación ignaciana. Y en cada uno de ellos un desafío de conversión.

El marco general es la indiferencia. Dios nunca es indiferente ante el hombre, pero nosotros con frecuencia caemos en la indiferencia, sobre todo cuando las cosas son favorables. "Ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen... Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia".

 
Identidad y conciencia
13-febrero-2015
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Antiveduto Gramatica, El tocador de tiorba

El sujeto social se construye desde una identidad. No puede fungir en el anonimato. Este es, tal vez, el mayor desafío en las actuales condiciones culturales, tanto por el creciente urbanismo como por los sistemas de comunicación electrónica, que tienden a masificar y despersonalizar.

Es necesaria la certeza de que a partir de la propia originalidad se debe participar en la obra común, y que las características personales son una posibilidad para el conjunto. El mejor tejido social es el que no abruma la riqueza de sus participantes, sino les respeta el espacio de integración precisamente considerando la aportación peculiar que puede dar en razón de sus afanes singulares, de sus talentos y aún de sus decisiones.

Pero existe también una identidad compartida, que se relaciona con la historia de cada grupo humano. Es la que hereda del pasado un bagaje de experiencia, una "hipótesis" de humanidad probada, que ha manifestado sus alcances y sus riesgos. Como en el ámbito personal, la historia requiere ser digerida y asumida. En ello hay mucho que necesita ser asimilado.

 
Participación y congruencia
06-febrero-2015 18:54
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Peter Wtewael, Escena de Cocina

El sujeto social debe participar en la vida pública. Y los cauces de participación efectiva no pueden darse por supuestos: deben ser creados, afinados, evaluados. Requieren la fatiga de la perseverancia, y superar la tentación del desencanto y la capitulación. Descargar siempre en los otros la responsabilidad y luego quejarse por lo mal que funcionaron las cosas no tiene sentido. El paternalismo que ha cobijado mucho tiempo nuestro sistema social tendrá muy diversas explicaciones como fenómeno, pero al haber hurtado de los ciudadanos la conciencia y la ejecución de su propio papel, ha sido uno de los más dañinos ingredientes de nuestra cultura.

"El bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad: ninguno está exento de colaborar, según las propias capacidades, en su consecución y desarrollo. El bien común exige ser servido plenamente, no según visiones reductivas subordinadas a las ventajas que cada uno puede obtener, sino en base a una lógica que asume en toda su amplitud la correlativa responsabilidad. El bien común corresponde a las inclinaciones más elevadas del hombre, pero es un bien arduo de alcanzar, porque exige la capacidad y la búsqueda constante del bien de los demás como si fuese el bien propio" (Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n. 167).

El sujeto social debe esforzarse por ser congruente en su vida. Esta es una de las facetas que más claramente demuestran que la ética, por muy personal que quiera considerársele, implica siempre una dimensión social. El doblez y la simulación en la esfera más individual terminan por repercutir en las fórmulas de convivencia. Apelar a un derecho puramente formal, que ignora en la práctica las costumbres y los valores en ellas implicada, se percibe por lo tanto como una realidad ajena, que no vincula interiormente, sino sólo desde fuera.

 
Sujeto social
30-enero-2015 18:48
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Lorenzo Costa el Viejo, Concierto

"Hay que reconstruir el tejido social". La frase es más o menos recurrente. Y ciertamente me parece que es necesario suscribirla. Un tejido, se dice, que se ha fracturado ante la pérdida de valores. También es verdad otra perspectiva: de modo lento, pero hemos ido avanzando en el camino de la participación ciudadana. A México le urge engrosar y fortalecer las filas de la sociedad civil, para no permitir que los detectores fácticos del poder sigan con impunidad en la búsqueda de sus propios beneficios.

Pudiera parecer que ambos planteamientos son contradictorios. Al fin, ¿hay o no hay cohesión social? Considerando el cambio de época que vivimos, me parece que ambas condiciones son reales. Los principios que han mantenido unida a la sociedad han cambiado. En muchos casos, lamentablemente, perdiendo un patrimonio riquísimo de experiencia humana. Pero la inercia de nuestras tradiciones también había venido cargando con lastres que el nuevo estado de cosas exige superar. La característica irresponsabilidad social, que ha descargado en los caciques y caudillos la conducción de los tiempos serenos y de los tiempos revolucionarios, cada vez es menos tolerada, aunque no se ha logrado extinguir y amenaza con reinstalarse ante muchas frustraciones acumuladas. Con todo, se puede reconocer un avance cultural. Con creciente insistencia, y aun superando la evidente falta de liderazgos convincentes, la colectividad encuentra cauces para manifestarse y organizarse.

El momento presente, entonces, en verdad se juega su futuro en el nivel de fortaleza que se logre dar a la interacción de todos los ciudadanos. Los golpes, sin embargo, que se han venido dando a la familia, a la amistad, a la confianza, a la valoración y respeto de leyes e instituciones, nos dejan con gran fragilidad ante la dictadura del individualismo, el relativismo y el hedonismo.

 
"Dame de beber"
23-enero-2015 18:56
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Catacumbas de Via Latina, El pozo de Sicar


"'Todo el que bebe de esta agua sigue volviendo', dice un proverbio brasileño que siempre se repite cuando un huésped se marcha. Un refrescante vaso de agua, de chimarrao, de café, de tereré, son signos de aceptación, de diálogo, de convivencia. El gesto bíblico de ofrecer agua a quienquiera que llegue (Mt 10,42), como un modo de dar la bienvenida y de compartir, es algo que se repite en todas las regiones de Brasil".

Este año, los materiales para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que tiene lugar en estos días, fueron preparados por el Consejo Nacional de Iglesias Cristianas de Brasil. Su texto de inspiración ha sido el encuentro de Jesús con la Samaritana, en el pozo de Jacob. Y la explicación que han dado para la ocasión es por demás sugestivo:

 
¿Y los otros?
16-enero-2015
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Daniele Crespi, Caín

Espeluznante. En los mismos días que el mundo entero se horrorizaba ante el episodio violento en la Ciudad Luz, una noticia aún más horrible -si cabe decirlo- llegaba de Nigeria. No generó las movilizaciones de la primera, pero el exceso del mal en ella no era menor: una niña, acaso de unos diez años, utilizada como bomba humana para atentar contra un mercado. A pesar de nuestras historias nacionales, gracias a Dios no hemos perdido la capacidad de indignación, sobre todo cuando constatamos que la crueldad humana puede desbordar todo límite.

Los casos que los medios de comunicación nos vuelven accesibles hacen intuir, lamentablemente, que muchos otros quedarán en la oscuridad, en el anonimato. Como las preguntas ante las fosas clandestinas que se encuentran de pronto. ¿Quiénes son? Arman el macabro desfile de los otros desaparecidos, aquellos de los que tal vez no tenemos ni el nombre, ni el testimonio, ni la narración. Los que despiertan el reclamo de Job y explican el impulso creyente que sabe que Dios, tarde o temprano, hará justicia, sin que ello nos exima, como sociedad y como humanidad, de comprometernos en lo que nos toca.

La violencia fraterna nos muestra que el mal no es nunca una cuestión que se quede en el nivel moral, o de la organización social. Hay en ella un alcance metafísico. Es un enigma radical, ante el que es necesario asumir una postura global. Hoy algunos caen en la tentación de la indiferencia. Tal vez porque es demasiado duro de digerir. Pero otros se suben al tren de la venganza, ampliando el radio de acción del mismo mal.

 
Tregua
09-enero-2015 19:03
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Domenico Ghirlandaio, Adoración de los magos (detalle)

El armisticio es posible. Lo fue hace cien años, en la recordada "Tregua de Navidad" de la Gran Guerra. Enfureciendo a los altos mandos, que no pudieron sino ver en ello una retractación o un acto de debilidad. Y, sin embargo, es más humano que la guerra misma. Es verdad que la agresión como estilo de vida se extiende, invade los corazones limpios, contagia y se agrava. Incluso nos acostumbramos a ella. Pero no está dicho que así deba ser el hombre. Más aún, ahí está la prueba de nuestra insensatez. Escuchar el interior mueve a deplorar la violencia, como un fracaso. Y a desear con sinceridad la paz. Pero más allá del deseo, ¿cómo se construye?

¿Qué hubo entre los soldados de aquella tregua? Villancicos. Cantos que les evocaban el hogar seguro, la alegría familiar, la inocencia latente. Un impulso interior que les hacía captar la necedad de la guerra. Los contendientes no llegaban a identificar la justificación de aquel estado, que ponía en riesgo sus vidas y los convertía potencialmente en criminales. Hay algo más grande, intuían. Aún podemos ser felices.

Varias décadas después, cuando el mundo había sido testigo en aquellos mismos lugares de otra conflagración, Hannah Arendt habló de la "banalidad del mal", a propósito del proceso contra Adolf Eichmann. Las treguas de Navidad parecen aportar el contrapunto: la persistencia del bien. No sólo son posibles las más grandes atrocidades en personas que no parecen particularmente perversas. También es posible -y tal vez más frecuente- que el milagro de la vida afirmada como un valor se levante en los espacios donde todo parece perdido. Inesperados actos de generosidad en medio de la más cruel miseria. Sonrisas frescas en medio de duelos.



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Acerca del autor
 
Julián López Amozurrutia

Este espacio anhela ser una búsqueda compartida. Juan Pablo II decía que tenemos que dar el paso “del fenómeno al fundamento”. En el fundamento hay siempre buenas noticias: la de la vida humana, la de la dignidad de la persona, la de su trascendencia. Porque la realidad se nos presenta como un conjunto de VALORES por descubrir; porque la persona humana puede cultivarse en la VIRTUD; porque la mente se eleva hacia la VERDAD.

Soy ciudadano mexicano, discípulo de Jesucristo, sacerdote católico.

Página personal: www.amoz.com.mx Twitter

 
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