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Patria
11-septiembre-2009 20:06 |
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Decir patria. Pensar patria. Sentir patria.
Hace tres años, EL UNIVERSAL invitó a sus colaboradores de opinión a presentar sus expectativas para el futuro de nuestra patria. En aquella ocasión, titulé mi pequeña participación “Memoria y encuentro”. Llegando septiembre, inevitablemente se dice patria, se piensa patria, se siente patria. Se evocan los sabores poblanos que nos identifican, los colores guanajuatenses que nos expresan, las canciones yucatecas que nos conmueven. He tenido la gracia de conocer casi todos los estados de la República, y pienso que los siento míos, como patria, y los digo con alegría.
Pero también con dolor. El parto sigue en camino, y no estamos seguros de que el niño nazca sano. Hace un momento, un sacerdote amigo me recordaba una poesía que casi todos en nuestra educación primaria alguna vez recitamos: “México, creo en ti”. En su primer verso repite una historia conocida: “Tú hueles a tragedia, tierra mía, y sin embargo ríes demasiado, acaso porque sabes que la risa es la envoltura de un dolor callado”.
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La familia “Rodríguez” es originaria de la localidad de Lázaro Cárdenas, Michoacán. Don Roberto, el padre de familia, trabajaba ocasionalmente como ayudante de albañilería; otras, como mesero, según se presentara una oportunidad laboral. Padre de una familia de cinco integrantes, a pesar de que su salario era claramente insuficiente para la manutención de todos, desperdiciaba su dinero en alcohol y otros vicios. Su esposa, Maricarmen, considerando la precaria situación de sus hijos y la nula educación que recibían, acudió a un centro especial de atención para niños que le recomendaron algunos conocidos: la “Casa Marikuecha”.
Los niños de Maricarmen recibieron la atención que requerían: alimento, educación, vestido y transporte, así como un ambiente propicio para su desarrollo integral. Como cada año, se obtuvo para todos los niños de la casa y sus padres una revisión médica general. Trágicamente, don Roberto se enteró de que era portador de VIH. La noticia caló hondamente en él; decidió transformar su vida y trabajar arduamente por sus pequeños, aunque su escasa preparación no le abrió demasiadas oportunidades. De hecho, don Roberto falleció pocos meses después, dejando a su familia en una situación bastante compleja.
Casa Marikuecha mantuvo el subsidio para la formación de los hermanitos Rodríguez, y comenzó una labor de capacitación para que Maricarmen pudiera trabajar. Ella aprendió corte, confección y cultura de belleza. Gracias a ello cuenta ahora con más herramientas para sacar adelante a sus hijos, quienes ya cursan la secundaria.
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La Oruya, Perú, una de las ciudades más contaminadas del mundo |
Caritas in veritate 4
El cuarto capítulo de la Encíclica Caritas in veritate del Papa Benedicto XVI lleva por título “Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente”. El eje del capítulo es el tema de los derechos: no debe olvidarse que el planteamiento de los derechos humanos conlleva el de los deberes humanos, y ello especialmente mirando al individuo, que con frecuencia en nuestro contexto cultural defiende sus derechos olvidando que tiene también una responsabilidad de solidaridad con respecto a su prójimo.
Literalmente lo señala así: “En la actualidad, muchos pretenden pensar que no deben nada a nadie, si no es a sí mismos. Piensan que sólo son titulares de derechos y con frecuencia les cuesta madurar en su responsabilidad respecto al desarrollo integral propio y ajeno” (n. 43). Esto puede conducir a llevar los derechos al ámbito de lo arbitrario, lo que nos lleva a la actual contradicción: “Mientras, por un lado, se reivindican presuntos derechos, de carácter arbitrario y superfluo, con la pretensión de que las estructuras públicas los reconozcan y promuevan, por otro, hay derechos elementales y fundamentales que se ignoran y violan en gran parte de la humanidad” (n.43). Se reclama, por un lado, el derecho a lo superfluo e incluso a la transgresión y al vicio en sociedades opulentas y, por otro, se constata la ausencia de lo elemental en ciertas regiones. Esto es el resultado de los derechos individuales desvinculados de los correspondientes deberes y la ausencia de criterios objetivos para el discernimiento. En realidad, sólo cuando los derechos son delimitados por los deberes, remitiendo a un adecuado marco antropológico y ético, es posible superar la arbitrariedad.
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San Maximiliano María Kolbe, mártir en 1941 |
Anecdotario sacerdotal 2
«Soy un sacerdote católico», dijo el preso 16670 del Campo de Concentración de Auschwitz. Así se presentó, en el momento en que la ausencia de nombres y la desfiguración de los rostros impedían reconocer a las personas. Fue toda la explicación necesaria para ofrecer su vida a cambio de otra.
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“Venid a mí y encontraréis tesoros ocultos y maravillosos. Dedicadme sólo un poco de vuestro tiempo y de vuestra atención. Dejad por un momento la prisa, el bullicio, y aceptad mi invitación. Entrad, entrad por mis puertas a un mundo maravilloso y en el silencio de vuestro corazón podréis descubrir mis tesoros a través de las Voces de Catedral”.
Digna de la más sincera felicitación ha sido la iniciativa del Deán de la Catedral Metropolitana de México, Mons. Manuel Arellano, de volver a ofrecer los miércoles a las ocho la noche, al punto de cerrarse las puertas para las actividades cotidianas, esta “visita guiada con apoyo de voz, luz y sonido”. La idea original y el guión provienen del P. José de Jesús Aguilar, cuando era sacristán mayor del templo. A través de un recorrido por algunos de los lugares más emblemáticos de la catedral –desde el altar del perdón hasta el altar de los reyes pasando por el coro, el altar mayor y la sacristía– la belleza concentrada en una de las principales iglesias de América Latina se va dejando ver y escuchar como un descubrimiento fascinante, al mismo tiempo antiguo y sorprendentemente actual.
Los contornos de los pasillos rescatados de las sombras por cauces de velas introducen al visitante en un recinto que, de día, suele tener un ambiente diverso. Personajes del pasado se asoman para confiarnos secretos contenidos en leyendas, acontecimientos históricos, desafíos arquitectónicos y proyectos estéticos del más alto nivel.
La primera narración es una leyenda: la que se encuentra a la base de la devoción al “Cristo del veneno” que se encuentra en el altar del perdón. No sería ésa la única memoria de envidias que buscan acabar con la vida del opositor y que terminan por ser salvados por alguna intervención inexplicable.
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Continuamos este primer viernes de mes la presentación de iniciativas sociales y eclesiales de promoción y asistencia humana. Quisiera hoy retomar una de las actividades que más curiosidad generó cuando fue presentada, la de los “centros de escucha”, pero en una modalidad diversa: la de acudir a ciertos espacios donde se desarrolla la vida cotidiana que constituyen “observatorios sociales” donde se puede prestar dicho servicio, verdaderos oasis de humanización en nuestra vertiginosa ciudad.
Un miércoles a media jornada puede parecer un día habitual en la Secundaria Benito Juárez. Los chavos entre clases se reúnen, conversan, se divierten con sus amigos. De repente entran al lugar varios personajes vestidos con camisetas rojas marcadas con la leyenda “Estoy para escucharte” y un carrito singular, con un anuncio sencillo: “Dame tus problemas, yo te doy una canción”. Algunos estudiantes por curiosidad se acercan y piden una “rola”, entregando al mismo tiempo un papelito narrando algún problema o anécdota. “Cuéntame una historia” y “escuchando tu onda” dicen, animando, algunos letreros.
A muchos les sorprendería descubrir el nivel de cuestiones problemáticas planteadas por los jóvenes en esta edad. Es verdad que se reciben todo tipo de contenidos en los papelitos doblados: leyendas, dibujos o grafos, simples frases. Pero finalmente brotan las situaciones duras propias de algunas colonias del centro de la Ciudad de México: la inseguridad, la violencia, las drogas, la pobreza, la indigencia. Se crean así espacios “curativos” a través de la escucha, el diálogo e inicio de procesos de apoyo a las personas. Lo principal de esta iniciativa no mira a paliativos instantáneos para las dificultades de las personas a quienes se escucha; se busca, en primer lugar, dignificarlas en su integridad moral con la atención que merecen al ser reconocidos antes que nada como personas, dignas de ser tomadas en cuenta, y a partir de ello se les orienta para lograr apreciar los recursos propios con los que cuentan para salir adelante. Casos más delicados pueden ser encauzados hacia instancias pertinentes que están capacitadas para ayudarlos en sus procesos más complejos.
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Puede resultar sorprendente la relevancia que adquiere el tema de la gratuidad en la encíclica social del Papa Benedicto XVI. Más aún sin consideramos el marco en el que lo propone. El tercer capítulo del documento, que lleva por título “Fraternidad, desarrollo económico y sociedad”, analiza en particular las condiciones en que debe desarrollarse el mercado y la empresa, apelando a la visión más amplia de la justicia y las relaciones interpersonales. Es ahí donde la gratuidad se constituye en principio que salvaguarda las relaciones humanas como base anterior de todo intercambio comercial.
El Papa constata que la gratuidad está en la vida del hombre de muchas maneras, “aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad” (n.34). Lo cierto es que es necesario hacer ver que una antropología que pretenda plantear a un ser humano que se basta a sí mismo en la consecución de su propia plenitud en realidad falsea la realidad, pues la misma vida constituye un don.
Antes que nada, es necesario observar que gratuidad y justicia no se oponen. Por un lado, “la lógica del don no excluye la justicia ni se yuxtapone a ella como un añadido externo en un segundo momento”, y, por otro, “el desarrollo económico, social y político necesita, si quiere ser auténticamente humano, dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad” (n. 34).
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A lo largo del Año Sacerdotal convocado por el Papa Benedicto XVI quisiera dedicar el penúltimo blog de cada mes a compartir un “anecdotario sacerdotal”, a través del cual podamos ponernos en contacto con ejemplos insignes de desempeño ministerial. Me referiré sólo a personas que ya hayan muerto, de preferencia no muy distantes en el tiempo, que para mí han resultado por algún motivo cercanas.
La primera e imprescindible referencia es el mismo cura de Ars, san Juan María Vianney. Todo seminarista y sacerdote encuentra en él una luz singular. Yo recuerdo haber tenido mi primer contacto con su testimonio a partir de una biografía que leí cuando iniciaba mis estudios en el seminario. Lo que más me atrajo en aquel momento de su figura fue el sólido compromiso con el sacramento de la confesión: las horas abnegadas dedicadas a atender a los fieles en él.
Tuve la gracia de visitar Ars en la primera semana de pascua de 1997. Era mi primer año de estudios en Roma, que estuvo sacudido para mí por muchos eventos dolorosos, particularmente la muerte de mi padre. Como un signo que me exigía en aquel contexto levantar los ojos, una cometa inolvidable surcaba entonces los cielos europeos. La Providencia quiso que un sacerdote francés estuviera conmigo en un seminario sobre Rahner que seguíamos con el Prof. John McDermott en la Universidad Gregoriana. Gracias a él fui a dar a la parroquia de Cluny, motivado inicialmente por el deseo de visitar Taizé.
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El pasado martes 7 de julio fue hecha pública la tercera carta encíclica del Papa Benedicto XVI, que lleva por título “Caritas in veritate”, es decir, “La Caridad en la Verdad”, firmada el 29 de junio, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Se trata de la primera encíclica social del Papa Benedicto, aunque una orientación de este tipo se incluía en la “Deus caritas est” del inicio de su pontificado. Este documento es también el primero que brota del Magisterio eclesiástico después del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que recogía y sistematizaba las enseñanzas sociales de los anteriores pontífices.
En realidad, ya desde hace tiempo se había anunciado que se encontraba en preparación esta encíclica, y se esperaba su publicación para el cuadragésimo aniversario de la “Populorum progressio” de Paulo VI, que se celebró en 2007. De hecho, “Caritas in veritate” puede considerarse un homenaje a aquel gran documento de Paulo VI poco después de concluido el Vaticano II, y una actualización del mismo.
El texto amerita, sin duda, una lectura atenta. Son muchas las orientaciones sugestivas que presenta, tanto en el análisis de las condiciones actuales como en el reclamo de un orden ético.
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Julián López Amozurrutia
Este espacio anhela ser una búsqueda compartida. Juan Pablo II decía que tenemos que dar el paso “del fenómeno al fundamento”. En el fundamento hay siempre buenas noticias: la de la vida humana, la de la dignidad de la persona, la de su trascendencia. Porque la realidad se nos presenta como un conjunto de VALORES por descubrir; porque la persona humana puede cultivarse en la VIRTUD; porque la mente se eleva hacia la VERDAD.
Soy ciudadano mexicano, discípulo de Jesucristo, sacerdote católico. Hoy tengo la bella misión de acompañar como rector a los jóvenes que se preparan en el Seminario Conciliar de México.
Página personal: www.amoz.com.mx
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