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La procesión del Corpus
20-junio-2014
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La Eucaristía tiene múltiples facetas. Es ante todo la celebración central de la fe cristiana, que el Concilio Vaticano II no temió llamar "fuente y culmen de la vida cristiana". Remonta su institución a la Última Cena de Jesús con sus apóstoles, aunque previamente había adelantado en su enseñanza la identificación de sí mismo con un "pan vivo", retomando también con ello varios acontecimientos vividos por el antiguo Israel. La Iglesia creció en la comprensión del gran tesoro que se le había dejado, considerando diversos aspectos del misterio: la presencia de Cristo en él, el memorial de su sacrificio en la Cruz, el banquete fraterno compartido por los creyentes...

El auge medieval que tuvo el culto a las reliquias de los santos condujo a la catequesis a recordar que por encima de los santos estaba el "santísimo". Y que ahí, verdaderamente, estaba presente Jesucristo, en toda su realidad personal. Lo más valioso, pues, del tesoro eclesial se encontraba en él, y merecía la auténtica adoración de parte de los fieles.

Si bien litúrgicamente la institución de la Eucaristía se celebra el Jueves Santo, un eco precioso posterior a la Pascua tiene lugar el segundo jueves después de Pentecostés, precisamente en la solemnidad del Corpus Christi. Su nombre hace alusión a la doctrina de la fe que afirma la presencia real de Cristo en el Sacramento, con su cuerpo, alma y divinidad; es decir, la integridad de su ser humano y divino, posible por su glorificación.

 
Dios de paz
13-junio-2014
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Bon Boullgne, La Hija de Jefté

Como resonancias interiores de una buena melodía, la Iglesia prolonga más allá de la Pascua la celebración de algunos contenidos centrales de su fe. El primer domingo después de Pentecostés, ya como parte del tiempo ordinario, se explicita el misterio del Dios Uno y Trino. El "rostro" de Dios en su verdad, tal como se ha dado a conocer, exige una continua depuración de imágenes equivocadas o tergiversadas, auténticos "ídolos". Hoy, en particular, resulta imprescindible desterrar toda pretensión de justificar desde Dios la violencia humana.

El episodio asombroso de la oración en el Vaticano por la paz en Tierra Santa el pasado domingo, en el que Jerusalén -¡ciudad de paz!- se evocó continuamente, muestra el desarrollo en la conciencia de que los episodios de violencia en nombre de la religión son absurdos. Pretender amparar en Dios la guerra es una contradicción de la naturaleza espiritual del ser humano. Con todo, aún la sospecha -y la triste constatación- de que lo más sublime sea ocasión de lo más aberrante es una pregunta inquietante que el creyente no puede ignorar.

Benedicto XVI fue sensible a esta cuestión, y además de sus propias incursiones en el tema, acordó que la Comisión Teológica Internacional abordara la acusación dirigida recientemente a las religiones monoteístas de ser fuente de intolerancia y violencia. El resultado fue un documento extenso, de exquisita factura, aprobado en diciembre del año pasado. Casi en su conclusión, expone:

 
El Espíritu Santo, fuente de paz
06-junio-2014
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Greco, Pentecostés (detalle)

Anclada sobre una antigua fiesta judía de carácter agrícola, que se convirtió en memoria también de la Alianza, el Pentecostés cristiano recuerda la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, cincuenta días después de la resurrección de Jesús. De acuerdo con el Evangelio según san Juan, el don del Espíritu está íntimamente relacionado al perdón y a la paz (cf. Jn 20,19-23).

La reflexión teológica sobre el Espíritu Santo ha conocido un notable florecimiento en las últimas décadas. Como catequesis magisterial, destaca la serie de audiencias papales dedicadas por Juan Pablo II al tema, desde abril de 1989 hasta junio de 1991. Una de las últimas, la del 29 de mayo de 1991, consideró al Espíritu Santo como fuente de la paz.

Iniciaba con una constatación: "La paz es el gran deseo de la humanidad de nuestro tiempo. Lo es de dos formas fundamentales: la exclusión de la guerra como medio de solución de las diferencias entre los pueblos -o entre los Estados- y la superación de los conflictos sociales mediante la realización de la justicia. ¿Cómo negar que la difusión de estos sentimientos representa ya un progreso de la psicología social, de la mentalidad política y de la misma organización de la convivencia nacional e internacional? La Iglesia que -especialmente frente a las recientes experiencias dramáticas- no hace sino predicar e invocar la paz, no puede menos de alegrarse cuando constata los nuevos logros del derecho, de las instituciones sociales y políticas y, más a fondo, de la misma conciencia humana acerca de la paz" (n.1).

 
Frutos de paz
30-mayo-2014
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Giotto, San Francisco ante el Sultán

La paz se construye lentamente. Para ser auténtica, no puede imponerse por la fuerza. Requiere la convicción interna de las personas, la estructuración sensata de las instituciones y los modelos de relación, la configuración de una cultura capaz de resolver los conflictos.

A su regreso de Tierra Santa, el Papa Francisco recordó que, en síntesis, tres habían sido sus propósitos al realizar dicha peregrinación: "El primero, conmemorar el encuentro del Papa Paulo VI y del Patriarca Atenágoras, hace cincuenta años". El segundo, "animar el proceso de paz en Oriente Medio". El tercero, "confirmar en la fe a las comunidades cristianas, que sufren tanto, y expresarles la gratitud de la Iglesia por su valiente presencia en Oriente Medio y su impagable testimonio de esperanza y caridad".

Sobre la primera intención, un resultado inmediato es ya la Declaración conjunta de Francisco y del Patriarca Ecuménico Bartolomé I. En ella, además de recordar los esfuerzos de diálogo que se realizan en el ámbito teológico, adelantaron el "deber de dar testimonio común del amor de Dios a su pueblo colaborando en nuestro servicio a la humanidad, especialmente en la defensa de la dignidad de la persona humana, en cada estadio de su vida, y de la santidad de la familia basada en el matrimonio, en la promoción de la paz y el bien común y en la respuesta ante el sufrimiento que sigue afligiendo a nuestro mundo", reconociendo "que el hambre, la pobreza, el analfabetismo, la injusta distribución de los recursos son un desafío constante", y que es común deber "intentar construir juntos una sociedad justa y humana en la que nadie se sienta excluido o marginado". También se refirieron a la responsabilidad ecológica y a tutelar la plena libertad religiosa.

 
El Papa Francisco hacia la Tierra Santa
23-mayo-2014 16:58
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Benozzo Gozzoli, José de Constantinopla

La peregrinación que en próximos días emprenderá el Papa Francisco a Tierra Santa busca conmemorar un evento histórico de particular relevancia para el cristianismo: el encuentro del Papa Paulo VI y el Patriarca Atenágoras en la Epifanía de 1964.

En ese momento, a la expectativa se añadía, sobre todo, la esperanza. Aunque no se ignoraban las dificultades que habrían de enfrentarse aún en el diálogo teológico y eclesial, dominaba el sentido del diálogo caritativo.

El gesto de su abrazo de paz tenía un claro acento profético, considerando el dramático antecedente del Cisma de Oriente y el insuficiente acercamiento tenido en torno al Concilio de Florencia. De hecho, fue entonces, en 1439, la última vez que se dio un encuentro directo entre el Papa romano y el Patriarca de Constantinopla, a la sazón Eugenio IV y José II. Este último moriría en Florencia ese mismo año, encontrándose su tumba en Santa María la Nueva.

 
Mis maestros
16-mayo-2014 17:30
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G.P. Birago, Libro de Gramática Latina

La memoria de mis maestros me mueve siempre a una honda gratitud. Me sorprende reconocer lo poco que conozco de sus vidas, a pesar de la huella imborrable que dejaron en mí. Lo decisivo de su influencia no se debe tanto a la información que podían compartir en sus cursos y las evaluaciones que realizaban sobre ello, sino a la trasmisión de determinadas experiencias en las cuales se convirtieron en auténticos testigos.

La muerte de Gabriel García Márquez me hizo recordar al profesor de Español en la secundaria. La primera vez que leí Cien Años de Soledad fue gracias a él. Me facilitó el libro que él mismo había utilizado, en el cual había dibujado un diagrama que explicaba la genealogía de los Buendía, para no perderme en la lectura. Nunca olvidaré la certeza que tuve, en los inicios de la adolescencia, de que aquel recorrido por Macondo se imponía como una vivencia del más alto nivel estético.

Ese recuerdo me llevó más atrás. También en la primaria había habido quien me permitió tocar con emoción la belleza de la palabra. León Felipe se asomó por primera vez a mi vida en los tiempos en que viví en la frontera sonorense, gracias a una "trilogía poética" que recitamos en grupo, cuyos primeros versos aún me vienen a la mente: "¡Oh, este dolor, este dolor de no tener ya lágrimas; este dolor de no tener ya llanto para regar el polvo…!"

 
Amor materno
09-mayo-2014
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Istvan Dorffmeister, Madre del Buen Consejo

La primera certeza vital nos viene de él. Así lo describía, desde una psicología de insuperable talante humanista, Erich Fromm, al decir que las experiencias originarias "se cristalizan o integran en la experiencia: me aman. Me aman porque soy el hijo de mi madre. Me aman porque estoy desvalido. Me aman porque soy hermoso, admirable. Me aman porque mi madre me necesita. Para utilizar una fórmula más general: me aman por lo que soy, o quizá más exactamente, me aman porque soy" (El arte de amar, Barcelona 1981, 46).

Más adelante lo desglosaba: "El amor materno es una afirmación incondicional de la vida del niño y sus necesidades". Y acotaba: "La afirmación de la vida del niño presenta dos aspectos: uno es el cuidado y la responsabilidad absolutamente necesarios para la conservación de la vida del niño y su crecimiento. El otro aspecto va más allá de la mera conservación. Es la actitud que inculca en el niño el amor a la vida, que crea en él el sentimiento: ¡es bueno estar vivo, es bueno ser una criatura, es bueno estar sobre la tierra!" (ibid., 54).

San Juan Pablo II podía reconocer, a este propósito, la insustituible deuda de gratitud que todo ser humano, y en particular el padre, tiene con la madre. "El humano engendrar es común al hombre y a la mujer... Sin embargo, aunque los dos sean padres del niño, la maternidad de la mujer constituye una 'parte' especial de este ser padres en común, así como la parte más cualificada. Aunque el hecho de ser padres pertenece a los dos, es una realidad más profunda de la mujer, especialmente en el período prenatal. La mujer es 'la que paga' directamente por este común engendrar, que absorbe literalmente las energías de su cuerpo y de su alma. Por consiguiente, es necesario que el hombre sea plenamente consciente de que en este ser padres en común, él contrae una deuda especial con la mujer" (Mulieris dignitatem, n. 18).

 
Santo polifacético
02-mayo-2014
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El Papa Juan Pablo II fue un hombre polifacético. Es tan rica y prolija su producción escrita y la impronta que dio a la Iglesia como pastor, que difícilmente podemos delinearla. Me parece, sin embargo, que determinados rasgos sobre los que no siempre se habla delatan la fuerza de su personalidad y la eficacia con la que la supo poner al servicio de su ministerio. Lo propongo a partir de algunos de sus versos, que reflejan de modo más fino el manantial de su interioridad.

Juan Pablo II es el hombre del asombro. Todo su recorrido brota del instante primordial de su experiencia humana. Sobre él construye, de hecho, todo su edificio filosófico. "Pon tu mirada un instante en las gotas de fresca lluvia; mira reluciente en ellas todo el verdor de las hojas de primavera. Enteras las ves en las gotas lo mismo que en sus naturales confines. El asombro llena tus ojos y no puedes llegar al fondo de tu pensamiento. En vano tratas de acallarlo, como si fuera un niño que acaba de despertarse. ¡Permanece así, en tu estupor, no te apartes del resplandor de las cosas! ¡Vanas palabras! ¿No me oyes? Inmerso en la claridad de las cosas, debes por eso mismo encontrar dentro de ti un espacio más hondo" (K. Wojtyla, Poesías, Madrid 2005, 44).

Juan Pablo II posee una delicada conciencia sobre el ser humano y su dignidad, y encuentra en Cristo la clave de su comprensión. Admirable, aquí, su vuelta a temas que le fascinaban: la corporeidad, la temporalidad, el existente concreto: "¡No separes jamás a los hombres del Hombre que se ha hecho Cuerpo en la historia de ellos: la esencia humana no podrá ser salvada por las cosas, sino únicamente por el Hombre! Henos aquí, frente al pasado, a las puertas del porvenir, que se cierra para nosotros y al mismo tiempo se abre. No encerremos la unicidad de los que van y los que vienen en una conciencia abstracta: en ellos pulsaba la vida, fluía la sangre caliente" (ibid., 109).

 
Una bondad serena y luminosa
25-abril-2014
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Juan XXIII siendo Patriarca de Venecia

El Papa Juan XXIII, que goza de una particular devoción en su tierra de origen, es recordado ante todo como el "Papa bueno". A pesar de haber seguido una carrera diplomática, en tiempos y sitios de particular complejidad, y que su indiscutible inteligencia era desbordada por una gentileza cultivada y exquisita, las causas de su canonización deben encontrarse en la intimidad que logró con Jesucristo. Su pontificado fue muy breve, y sin embargo marcó a la Iglesia no sólo con la convocatoria del Concilio Vaticano II, sino también con su estilo personal caracterizado, justamente, por la bondad. Rasgo distintivo que cultivó durante su vida, pero que alcanzó sus mejores frutos en su período como Papa.

El mejor retrato de su talante espiritual lo encontramos en su Diario del Alma. Ahí podemos reconocer cómo la manifestación exterior de sus relaciones humanas prolongaba la relación con Dios. "En el trato con los demás, siempre dignidad, simplicidad, bondad: bondad serena y luminosa. Y luego manifestación constante del amor a la Cruz: amor que cada vez más me desapegue de las cosas de la tierra; me haga paciente, inalterable de carácter, que me olvide de mí mismo, siempre alegre en las efusiones de la caridad episcopal" (n. 650).

Esta disposición se aterrizaba en los detalles. "Mucha discreción e indulgencia en el juicio de los hombres y de las situaciones; inclinación a orar especialmente por quien sea para mí motivo de sufrimiento; y luego en todo, gran bondad, paciencia sin límites, recordando que cualquier otro sentimiento no es conforme al espíritu del Evangelio y de la perfección evangélica. Con tal de que triunfe la caridad a toda costa, prefiero ser tenido por poca cosa. Me dejaré aplastar, pero quiero ser paciente y bueno hasta el heroísmo. Sólo entonces seré digno de ser llamado obispo perfecto, y merecedor de participar en el sacerdocio de Jesucristo" (n 691).

 
Via Crucis
18-abril-2014 19:19
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Camino de la Cruz. Itinerario de Jesús desde su condenación hasta su descendimiento. Compañía en las "estaciones", cada una de las cuales da ocasión para una reflexión que incorpora las enseñanzas del maestro a la espiritualidad y a la vida cotidiana.

Hay otro sentido posible. La Cruz como camino. No mirar el desplazamiento que Jesús sigue con ella, sino mirarla a ella como senda. "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6), dijo el Señor. Y lo hizo tras la pregunta de Tomás, cuando Él había anunciado su ascenso al Padre. "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn 14,5).

El camino es la Cruz. Cumple la figura de la escala abierta al cielo, mirada por Jacob en sus propias jornadas (cf. Gn 28,11-19). Así lo demuestra la apropiación que de ella hizo, ya en clave cristológica, el evangelista san Lucas al narrar el martirio de Esteban. No murió en cruz, en sentido estricto, pero su lapidación fue la primera participación discipular en el camino de la Cruz. "Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios" (Hch 7,56).



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Acerca del autor
 
Julián López Amozurrutia

Este espacio anhela ser una búsqueda compartida. Juan Pablo II decía que tenemos que dar el paso “del fenómeno al fundamento”. En el fundamento hay siempre buenas noticias: la de la vida humana, la de la dignidad de la persona, la de su trascendencia. Porque la realidad se nos presenta como un conjunto de VALORES por descubrir; porque la persona humana puede cultivarse en la VIRTUD; porque la mente se eleva hacia la VERDAD.

Soy ciudadano mexicano, discípulo de Jesucristo, sacerdote católico.

Página personal: www.amoz.com.mx Twitter

 
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