Sin duda, la mejor etapa de tu vida. La sensación es única, irrepetible, imposible de transmitir con precisión y totalmente cambiante. Un día sientes unas cosas, otro día otras, cada día es diferente y todos son súper importantes.
¿Quieres tener buena salud y que tu bebe nazca sano? Sigue estas sencillas recomendaciones y verás que todo sale bien.
1. Sigue al pie de la letra las recomendaciones de tu médico.
Comer sano es importante pero complejo, vale la pena hacer un esfuerzo por incluir estos alimentos en tu dieta diaria...
Verduras de hoja verde oscuro: la espinaca y el berro son famosos por su alto contenido de hierro pero pocos saben que además son una importante fuente de omega 3 y folatos que reducen el riesgo de complicaciones cardiovasculares, infartos y osteoporosis. Los folatos además favorecen la irrigación sanguínea a algunas regiones. La espinaca contiene también luteína, compuesto que protege contra la degradación muscular y protege la visión.
Jitomate: son rojos por su alto contenido en licopeno (fuerte antioxidante). De hecho, procesados o crudos, son igual de potentes. Se sabe que éste antioxidante es protector contra algunos tipos de cáncer (hígado, riñón, próstata, piel y estómago). También reduce el riesgo de padecer enfermedades arteriales. Entre 8 y 10 jitomates cherry o un vaso de jugo al día aportan 22 mg de licopenos.
Cuando hablo con los pacientes me doy cuenta que la principal duda que tienen es ¿cuántas calorías deben consumir? La verdad es que en todas partes escuchamos, leemos, vemos el tema de las calorías como si fuera lo más importante en una dieta.
Si bien es cierto que el balance calórico importa, lo más difícil es calcular cuántas calorías gasta o “quema” un paciente. Cuántas consume, o debe consumir, es mucho más sencillo. Además, no sólo cuentan las calorías, también importa de qué están dadas. Cada dieta deberá ajustarse a los requerimientos del paciente y aportar diferente cantidad de macronutrimentos (hidratos de carbono, proteína, grasa) de acuerdo a sus necesidades.
Para calcular las calorías que necesita el paciente en 24 hrs se debe considerar: metabolismo basal (MB) que suele ser cerca del 70% del gasto diario, efecto térmico de los alimentos, que es más o menos el 10% del MB y la actividad física (todo lo que sea NO estar en reposo). El primer paso es el cálculo del MB y a partir de éste lo demás.
Sol, casi no como y no bajo, por más que hago ejercicio no quemo grasa, tengo piernas y caderas anchas, me siento cansada todo el tiempo... bla, bla, bla.
Pues yo, les creo. A cada uno de mis pacientes que me ha contado su historia, le creo. Es el primer paso para entablar una relación basada en la confianza. Es decir, si crees que yo te puedo ayudar, tu debes decirme la verdad... y si me dices que casi no comes, te creo. Si me dices que te sientes mal, te creo.
Es necesario, claro, analizar la dieta y el concepto de “casi no como”, pero muchas veces los pacientes realmente se matan de hambre y no bajan, o comen mucho y no suben tanto como deberían o hacen mucho ejercicio y la cantidad de grasa corporal casi no se mueve: tiroides, debe ser la tiroides.
Inició una dieta y la dejó, se inscribió a un gimnasio y no va, es la quinta vez que intenta dejar de fumar... mi abuelo decía que tiene más disciplina quien en su vida hizo una sola dieta que aquellos que la empezamos todos los lunes.
El obstáculo más frecuente a sortear por los especialistas, entrenadores, médicos es, precisamente, la adherencia al tratamiento. En mi caso, no siempre lo consigo, de hecho, tengo muchos expedientes de pacientes que vinieron una o dos veces y no volvieron y no porque la dieta no les funcionara o yo no fuera de su agrado sino porque “decidieron” no seguir con el tratamiento.
En psicología se utiliza un modelo por etapas que favorece la adherencia al tratamiento derivando en un verdadero cambio en el estilo de vida, que es la meta final.
Entrenó y entrenó... y finalmente, abandonó. No hay situación más triste para el deportista (y sus seguidores) que no poder concluir la prueba para la que se entrenó por meses.
Resulta que los problemas gastrointestinales en lo deportistas son de lo más frecuente. ¿Cuántas veces hemos visto a la esperanza olímpica quedar rezagado porque durante la competencia tuvo diarrea o vómito? ¡Acaba de pasar en caminata!
Sucede que el aparato digestivo, a diferencia de otros sistemas como el músculo-esquelético, cardiovascular y el respiratorio, no tiene una función primordial durante el ejercicio, pero si tiene un papel básico en la asimilación de alimentos, líquidos y el aporte de energía para su realización.
Puntos, asteriscos, equivalentes, menús, con proteína, sin carbohidratos, con platillos ya preparados, por tipo de sangre, de jugos o sopas, de la tía o del entrenador: dietas hay miles... pero, aprender a comer es otra cosa.
Una dieta es un plan al que te apegas, sigues instrucciones y reglas y al paso de las semanas habrás alcanzado total o parcialmente tus objetivos. Aprender a comer es un proceso educativo en el donde hace falta concentración, análisis y compromiso para entender qué es lo que necesitas o lo que te hace bien, por qué y cómo puedes llegar a donde quieres o debes estar.
Es decir, como nutrióloga podría entregarte cada 7 o 15 días un menú que diga qué tienes que comer y a qué hora, sin importarme tú estilo de vida o tus gustos. De hecho, suelen ser dietas ya elaboradas y lo único que se hace, en el mejor de los casos, es ajustar algunos detalles. La idea es que el paciente adapte toda su vida a un plan de alimentación nuevo que supuestamente lo ayudará a alcanzar sus objetivos en determinado tiempo.
Si preguntamos cuáles son los trastornos de alimentación por excelencia, la mayoría contestaría anorexia y bulimia. Al menos, son los más conocidos.
En el primero se deja de comer o se limita la alimentación a muy pocos productos y casi sin calorías. En el segundo, la persona que lo padece come (ya sea en exceso o no) y después busca una conducta compensatoria para “eliminar” de su cuerpo las calorías consumidas. En ambos casos el objetivo es no subir de peso.
Suelen ser problemas muy difíciles de tratar y que necesitan ser atendidos desde un enfoque multidisciplinario. Deben involucrarse el paciente, su familia y amigos y un equipo integrado por médicos, psicólogo o psiquiatra y nutrióloga especializados en manejo de estos casos.
Estudié Comunicación en la Universidad Iberoamericana y ejercí varios años. Descubrí el deporte y me volví adicta. Ello me llevó a la nutrición y cursé el Diplomado de Nutrición y Antropometría aplicados al deporte y la licenciatura de Nutrición y Ciencia de los Alimentos. He dado asesoría a deportistas y personas con actividad física de cualquier nivel así como pláticas de nutrición.
Tengo un consultorio donde aplico mi filosofía de combinar nutrición y comunicación: creo en la educación, en la importancia de aprender a comer para tomar buenas decisiones, creo que la comida es un bagaje cultural, es uno mismo. Mi propuesta es “que sea la última vez que vuelves a empezar”, que te sientas apoyado hacia el logro de tus objetivos. Comer sano no es una dieta, es un estilo de vida. Estoy dispuesta a colaborar contigo para que te des cuenta que sí se puede.