A la vista de todos --los que quisieron verlas, claro--, están las tragedias que afectaron a miles de familias de Ecatepec, Tultitlán y Coacalco entre otras delegaciones y municipios--, de la zona conurbada del norte del Distrito Federal con el Estado de México.
Chubascos y precipitaciones pluviales extraordinarias que causaron la muerte a cinco personas --por lo menos--, y que dejaron a miles de familias en el desamparo total.
Todos sabemos que meteoros naturales como las lluvias extremas –sobre todo frente a un fenómeno global como el calentamiento del planeta--, son imposibles de predecir y menos de controlar a tiempo para evitar perdida de vidas y daños materiales.
Buen debate desató una revelación casual –surgida a partir de una fotografía--, en donde se descubrió que el junior de López Obrador es todo un “pirrurris”.
Sin duda habrá muchos enojados hoy en este espacio.
Y es que la provocación no es para menos. Algunos dicen que mientras el congreso debate temas trascendentales para la República, los periodistas nos ocupamos de “banalidades”, como la vestimenta, el calzado, y otras curiosidades del junior lopista.
La de hoy es una provocación que seguramente molestará a muchos o, por lo menos, les quedará el saco a más de uno.
Nos referimos a la corrupción, una de las caras más feas de la quiebra y liquidación de Luz y Fuerza.
En efecto, todos o casi todos los usuarios del servicio eléctrico han sido víctimas de alguna de las muchas formas de la corrupción que por décadas estimularon tanto empresa como sindicato del sector eléctrico.
La provocación parece ociosa. En efecto, nadie puede llamarse ganador del desempleo de 40 mil trabajadores electricistas.
Sin embargo, si hay ganadores. Por paradójico que parezca, todo evento político como la liquidación de Luz y Fuerza reporta una renta para sus promotores y los aliados momentáneos.
Todos tenemos claro –por lo menos eso creemos aquí--, que la liquidación de LyFC no es un asunto menor. Sin duda se trata de una de las decisiones más difíciles en los primeros tres años de gobierno del presidente Calderón.
Una de las polémicas más interesantes de nuestro tiempo se produce --otra vez--, a partir de la reacción de “las buenas conciencias” contra alguna manifestación artística; la literatura y el cine, en este caso.
Seguro conoces la polémica que se dio en torno al proyecto de llevar al cine la novela de Gabriel García Márquez, “Memoria de mis putas tristes”, cuya historia escandalizó a más de uno --y que se puede resumir en los afanes de un anciano que antes de morir paga en el burdel del pueblo por la compañía de una menor de edad--, al grado que el “góber precioso” de Puebla decidió retirar parte del financiamiento, de un millón de dólares.
Seguro estás enterado del nuevo escándalo político.
En efecto, el de la guerra desatada entre el Sindicato Mexicano de Electricistas SME, y el gobierno federal, a través de la Secretaría del Trabajo.
El fondo de la crisis tiene que ver con la elección del dirigente del SME, en donde el líder en turno, Martín Esparza, pretendió reelegirse –lo que es legal en ese sindicato--, pero para ello recurrió a todo tipo de transas, al grado que se detectaron “más de 40 mapacherías”, como las identificó el diario La Razón.
No te creo si me dices que no conoces la experiencia. Ocurre en la casa, la escuela, la oficina, el taller... Sí, es esa gozosa compulsión de creer que eres dueño de “la verdad absoluta”.
¿Y qué tal si el otro, con el que platicas, discutes... tiene la razón?
Bueno, ya no digas que tiene la razón. Déjalo en que puede tener una opinión que vale la pena pensarla… acaso discutirla.
Ese, el ejercicio y el valor de LA OTRA OPINIÓN, es el motor de éste espacio. Un ejercicio de tolerancia, pero también de irreverencia; de ideas sin fanatismo, pero con humor. De libre expresión, pero sin el lastre del insulto y la descalificación. La provocación de arranque, todos los martes y jueves, será LA OTRA OPINIÓN, una chispa para expresar esa idea que no se atreve a salir porque decirla “es políticamente incorrecto”. Atrévete.