Aunque este blog vaya a salirel 24 de diciembre, que creo que es cuando llegas con los regalos, te escribo para pedirte no que me traigas cosas, bueno sí algunas, quizá un par, pero más que nadaque te lleves varias...
De ninguna manera pretendo alterar tu sistema, de llevarte en vez de traer, son simples deseos que ojala me puedas cumplir es todo.Para esta Navidad me gustaría tener, lo que tenía cuando era una chamaquita de 6 o 7 años: me refieroa la ilusión, el volver a creer en verdad que esta época es mágica, de amor y paz, de felicidady abundancia.
Ya viste la nueva película de Woody Allen, “Vicky Cristina Barcelona”, si no, corre a verla. La historia es buena, muy al estilo de Allen, con su ya clásica personalidad neurótica impregnada en la manera de actuar y el marcado tartamudeo en algunos de los personajes.
No te voy a contar la historia para no echártela a perder, tampoco soy crítica de cine, así que no la criticaré ni hablaré a favor de ella. Cada quien que haga su propia opinión. Yo entendí que el tema central de la película es el amor, o mejor dicho lo que los seres humanos entendemos por amor.
Sin poner etiquetas, la catalogan como de romance, y sí podría ser una comedia romántica, pero que a mí percepción, más bien es un drama de la vida real; y me refiero a drama porque ninguno de los personajes en la historia lleva a cabo lo que realmente esperan del amor. Los personajes son entrañables, uno se llega a identificar con cada uno, aunque no en todas las situaciones, pero finalmente son cuestiones del amor y el desamor que vivimos todos los días.
Hace unas semanas recibí el correo de una lectora, me proponía escribir sobre lo que se siente ser una pelusita de alfombra… La verdad como que no había entendido bien a qué se refería, o tal vez no se había aparecido una imagen de la pelusita en mi cabeza.
Hasta que un día amanecí rara y sin poder identificar qué era esa rareza, entonces pensé: “claro a lo mejor así es como se siente ser una pelusita de alfombra”. Después me di cuenta que días así, he tenido montones, sólo que ahora ya le podía dar un nombre y una imagen a esa sensación.
Esos días en los que no estás con los pies en la tierra, no atiendes conversaciones, requieres que te repitan todo, es preferible no manejar un coche, y mucho menos maquinaria pesada, en fin, en la distracción total oscilando fuera de órbita para llegar prácticamente directito a la luna.
Ya viste la nueva película de Woody Allen, “Vicky Cristina Barcelona”, si no, corre a verla. La historia es buena, muy al estilo de Allen, con su ya clásica personalidad neurótica impregnada en la manera de actuar y el marcado tartamudeo en algunos de los personajes.
No te voy a contar la historia para no echártela a perder, tampoco soy crítica de cine, así que no la criticaré ni hablaré a favor de ella. Cada quien que haga su propia opinión. Yo entendí que el tema central de la película es el amor, o mejor dicho lo que los seres humanos entendemos por amor.
Sin poner etiquetas, la catalogan como de romance, y sí podría ser una comedia romántica, pero que a mí percepción, más bien es un drama de la vida real; y me refiero a drama porque ninguno de los personajes en la historia lleva a cabo lo que realmente esperan del amor. Los personajes son entrañables, uno se llega a identificar con cada uno, aunque no en todas las situaciones, pero finalmente son cuestiones del amor y el desamor que vivimos todos los días.
Ahí les va cómo estuvo el mega fraude que se aventó una tal Guadalupe Garza Martínez junto con su hermano Javier, los dos provenientes de Monterrey, de la empresa Neoskin.
Primero contrató la imagen perfecta de Gabriel Soto, al que se dice sólo se le pagó un 50% de lo que habían tratado. Generaron una campaña de marketing impresionante: vallas, espectaculares, comerciales en televisión, radio y prensa, entre otros medios masivos de comunicación; explotaron la imagen a más no poder.
Gran diferencia entre una y otra, aunque muy parecidas también porque finalmente se dan entre dos personas que se atraen por un sinfín de razones muy similares. Sólo que el enganche es desde lo enfermo y la conexión desde lo sano.
¿Cómo sucede? Puede ser por elección o sin que nos demos cuenta. Quizá cuando la persona está en la búsqueda del autoconocimiento se puede ir con la finta y engancharse, pero está consciente de ello y puede llegar a detenerse antes de que ya no se exista escapatoria. No digo que el conecte o el enganche sean producto de la suerte, sino de saberse relacionar sanamente con uno mismo y con los demás.
Estás esperando a que algo suceda, llevas a lo mejor un día, tal vez meses o años, se aparecen señales frente a ti que muestran que “eso” que esperas no va a suceder, y que si te desprendes estarás mucho mejor. ¿Cuánto tiempo más crees que te de la tripa para aguantar la espera, de eso que piensas y sientes en lo más profundo de tu ser que está a punto de suceder? Esa emoción, no siempre necesariamente positiva o que se sienta bien tener, es una sensación en la boca del estómago, que sube hasta la garganta, mueve los pensamientos y las acciones y definitivamente nos altera la vida.
A veces esta sensación es lo que nos ayuda a seguir adelante, nos impulsa a permanecer en un constante estado de alerta, y bueno quizá para muchas personas el vivir con la esperanza es lo que precisamente nos llega a mantener vivos.
Sin embargo me parece un tanto paradójico tener esperanza por algo, cuando estamos inmersos en un mundo lleno de incertidumbre, en donde un día amaneces y ves que dos aviones atraviesan uno de los íconos más importantes de la economía en el país que es la primera potencia del mundo (al menos en su momento). Cuando quizá estés tomando un café en cualquier lugar y al lado están baleando a una persona, o a ti mismo a las dos de la tarde llegue un ratero y te asalte. Todas estas situaciones son realidades que vivimos el día de hoy, estemos donde estemos, todos los días sucede algo nuevo y una cosa peor que la otra, tal como los acontecimientos de hace unos días, las tragedias nunca nos dejan de sorprender.
Me llamo Regina, me encanta la música, leer novelas, correr en las mañanas y ver a los perritos en la calle. Podría vivir dentro de un cine y amo que una actuación me conmueva tanto que me haga llorar. Lo que más me gusta es soñar de preferencia dormida, aunque lo hago más despierta por el mal dormir.
Estudié la carrera actuación en La escuela Rusa e Historia del arte quesque para saber cosas. Tengo arduos estudios prácticos y teóricos en adicciones. He vivido todo lo que he querido, por supuesto con sus merecidas consecuencias buenas y malas. Una de las buenas es la oportunidad de abrir éste espacio pa ti y pa mí, para compartir experiencias, reír a carcajadas, girar en un tacón y lo que se nos vaya ocurriendo.