Desde que el Protocolo de Kyoto fue firmado en 1997 hasta la fecha, las emisiones de gases de efecto invernadero, lejos de reducirse en los niveles planteados por el propio protocolo continúan con un ascenso constante, lo mismo que el de la temperatura del planeta. El cambio climático es innegable y los gobiernos del mundo han puesto como meta para llegar a un acuerdo de solución, el último día de la reunión de Copenhague.
La cumbre de Copenhague del próximo diciembre, probablemente la reunión intergubernamental más importante de los últimos años, se acerca cada vez más y le incertidumbre respecto a la posibilidad de lograr nuevos acuerdos con respecto al clima que sustituyan al protocolo de Kyoto se ve cada vez más distante.
Los países están divididos respecto a la postura que mantendrán en dicha reunión. Por una parte tenemos a los países que están buscando la continuación y ampliación del Protocolo de Kyoto, lo que significaría renovar sus compromisos de cumplimiento (no alcanzados en las fechas límite que se habían acordado originalmente) así como el establecimiento de nuevas metas -y quizá más ambiciosas- que las trazadas en el Protocolo original. La mayor parte de los países miembros de Naciones Unidas apuesta por este escenario, excepto Estados Unidos que está buscando modificar esta visión y llevar el tema a un marco operativo distinto al del protocolo.
El martes pasado, el Ministro de Asuntos Exteriores de Francia hacía declaraciones fuertes respecto a la paz entre Israel y Palestina y se decía muy consternado porque a su parecer el fuerte movimiento ciudadano que pugnaba por la paz entre ambos pubelos ya no existía y señalaba "me parece, y espero estar completamente equivocado, que el deseo de paz de Israel se ha desvanecido completamente ya que la gente ya no cree en ella".
Los hechos indican que puede tener razón. El proceso de paz ha tenido tantos vericuetos que entre las idas y venidas, los otrora fuertes grupos sociales (de ambos lados) que buscaban impulsar el camino de la paz cada vez tienen menos adeptos. Y no es una cuestión de falta de interés es, a mi parecer, hartazgo, decepción, falta de esperanza.
Pero si esto es así y el gobierno de Netanyahu se sale con la suya y logra terminar con lo poco que queda de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) habría que preguntarnos: ¿hay alguna esperanza para la paz?
Albert tenía 12 años cuando vio como caía el muro que durante décadas dividió a su país en dos. Décadas en las que cada parte se desarrolló de manera distinta con diferencias que apenas hoy comienzan a difuminarse pero que en los pasados veinte años se aferraban a las casas, a las calles e incluso a la mirada de la gente.
"Estaba feliz claro, pero era como si festejara la victoria de mi equipo de futbol. Claro que me sentía contento, pero para mi era sólo una pared y no fue sino hasta varios años después que comencé a comprender la trascendencia de lo que había vivido. Aquel día todo eran vítores y aplausos, gente gritando y aplaudiendo por doquier y para mi sólo eran paredes que caían”.
Al paso de los años, cuando por fin pudo conocer más “el otro lado” entendió las diferencias no sólo estructurales sino también ideológicas que lo separaban de la gente a la que ahora veía como extraños. “Fue un proceso difícil, la reunificación nunca fue sencilla, de hecho fue golpe tras golpe, primero aceptar que aquel país ruinoso y monocromático era también mi patria y que aquella gente, a primera vista lánguida y triste, era también ‘mi gente’ me resultó sumamente complicado”.
Noor es una joven que conocí hace ya más de tres años. De cabello y ojos muy obscuros, cejas muy pobladas, pómulos saltados y una mirada muy dulce. Acaba de cumplir 32 años hace unos días, pero no quiso celebrarlo “imposible sentirme contenta cuando toda mi familia está en peligro inminente”.
Hace varios meses, la amenaza talibán aún no se cernía sobre Peshawar, sus habitantes tenían noticias diarias sobre lo que ocurría al noreste de su país y aún cuando existían posibilidades de que la guerra se trasladara a la ciudad, la mayoría se seguía sintiendo relativamente seguro en casa.
Ayer no, ayer fue un día negro para Pakistán y especialmente para Peshawar. Aproximadamente 95 personas perdieron la vida al estallar un coche bomba en un mercado. En las últimas semanas, la ciudad ha sufrido al menos nueve ataques que han provocado la muerte de cientos de personas, pero se recrudecieron con este atentado que coincide con la visita de la Secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton a Islamabad.
El viento sopla con fuerza a través de las ramas de los pinos y añade una nota de misterio al recorrido. El camino desde Miraflores de la Sierra a La Cristalera dicen que está encantado; el mismo que lleva al Puerto de la Morcuera y que ha sido utilizado desde hace más de tres siglos, escoltado por valles interminables y olor a hierba. Los vecinos dicen que éste es un camino corto pero encantado y lleno de historias. Según se aparecen duendes y brujas, algunos dicen que están en el bosque y otros de aseguran haberlos visto en el pueblo.
Son pocos los que conocen las leyendas que rodean al pueblo, pero quienes las saben están plenamente seguros de lo que afirman. Alejandra tiene 23 años, tiene los ojos avellana y lleva el cabello castaño sujeto con un pasador en la nuca. Afirma que ha visto mujeres vestidas de negro caminando cerca de la iglesia, pero cuando ha intentado acercarse a ellas, éstas desaparecen. Su voz se vuelve temblorosa a medida que avanza su narración y las cosas que ha visto en la entrada del pueblo, incluyendo las voces que, dice que se escuchan cerca de La Cristalera.
La tercera noche de mi estancia al fin me decidí a caminar por ahí y me metieron un buen susto. Regresaba de Miraflores de un recorrido por las cafeterías en el centro; una luna pálida y gris hacía como que alumbraba pero sólo era una ilusión, la noche estaba obscura. Hacía ya más de diez minutos que el pueblo se había quedado atrás, yo caminaba con cuidado antes de llegar al camino que lleva al convento de las agustinas descalzas cuando comprendí que esta sería la primera vez que caminaría sola por ahí de noche. Después de escuchar en voz de los vecinos la posible existencia de “apariciones” en el camino mi imaginación comenzó a jugarme algunas malas pasadas.
A escasos ocho meses y medio de haber asumido la presidencia de Estados Unidos, Barack Obama, el viernes pasado el comité de los Nobel sorprendió al mundo cuando decidió otorgarle el galardón por “sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”.
La elección de Obama para convertirse en el Premio Nobel de la Paz 2009 ha sido duramente criticada, especialmente porque, aunque no es la primera vez que se pone en duda la “calidad pacifista” de la persona que resulta ganadora de dicho premio, esta vez el ganador tiene (aún con todo su carisma) pocos resultados que ofrecer en los hechos a la paz mundial.
Después de leer la explicación publicada en la página de Internet de la Fundación Nobel es de resaltar que éste ha sido entregado en esta ocasión a “las buenas intenciones”, a un hombre que, a decir del comité “ha captado la atención del mundo y le ha dado a la gente esperanza para un futuro mejor” ambos tópicos muy loables pero que tienen poco que ver con hechos tangibles.
Si alguien cree que el presidente de su país es único e irrepetible, seguramente tendría que pensárselo dos veces antes de apostar por ello. Lo crean o no, si existe uno peor que el que ustedes tienen al frente de su gobierno.
¿Tu presidente se muestra insensible ante un desastre nacional? Lee esto:
Después de un terremoto de grandes dimensiones ocurrido en abril que dejó a la ciudad prácticamente destruida y a sus habitantes sin hogar viviendo en casas de campaña les dijo " Hay que tomárselo como un fin de semana de camping".
¿Alguna vez tus abuelos, quizá tus padres o alguna que otra persona mayor te contaron sus aventuras -al estilo Tom Sawyer- cuando iban de vacaciones “al campo”? Nadar en ríos tan claros y limpios que era posible ver a los pececillos del fondo, trepar árboles para arrancar su fruta y comerla ahí mismo, fresca y rica; avistar un animal pequeño como un mapache, ardillas o incluso alguno más grande y quizá más peligroso; sentir el aire fresco ahí, a la vuelta de sus pasos. ¿Has visto que sus ojos brillan y su cara se ilumina cuando te cuentan esos recuerdos?
Aquello era espacio limpio, silvestre hoy claramente amenazado por el acelerado desarrollo humano alrededor del mundo. Hoy, tu y yo y seguramente nuestros hijos no tenemos la oportunidad de ver aquello. El bosque es algo más que el de Chapultepec y los animales eran libres antes de estar en zoológicos, único lugar donde muchos de nosotros hemos podido conocerles.
Wilderness, en español Tierras Silvestres, son aquellas áreas que se encuentran “menos tocadas” por el ser humano, espacios silvestres a los que el ser humano aún no ha llegado o que aún no han caído en su control y no han sido usadas para hacer carreteras, viviendas o industrias.
Cuando en 2001 Estados Unidos invadió Afganistán y junto con sus aliados occidentales derrocaron al régimen talibán, las voces de muchos alrededor del mundo aplaudieron lo que en ese momento se consideró como el fin de una época de represión y brutalidad contra las mujeres en el país; su liberación fue una más de las excusas para invadir el país y destruirlo.
En aquel lejano 2001 George W. Bush y su gobierno criticaban duramente la represión y aseguraban que la invasión a Afganistán era una lucha “contra el terrorismo pero también una lucha por los derechos de las mujeres” que durante años “han sido tratadas como prisioneras virtuales en sus propias casas por los talibán”; la imagen más buscada entonces era la de una mujer liberándose del burqa frente a cámaras de todo occidente, una muestra de que la democracia había llegado para quedarse: en la figura turbia de Hamid Karzai, nombrado presidente interino y que después ganó el cargo en las urnas en 2004.
Pero hoy la esperanza de una vida de libertad, equidad y respeto sigue sin cumplirse; y es que aunque en la Constitución Afgana de 2004 las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres, la realidad, especialmente en las zonas rurales sigue superando la ficción. Miles de ellas siguen sufriendo violencia doméstica, golpes y violaciones; 60% son obligadas a casarse aún siendo niñas en matrimonios arreglados; el uso del burqa en algunas zonas aún es obligatorio y más allá de ser una prenda sigue siendo un símbolo de opresión.
“Cuando el miedo se instala en tu corazón eres capaz de hacer lo que sea para defenderte” así es como Tahir comenzó su relato sobre su paso por el Ejército de Resistencia del Señor (LRA por sus siglas en inglés), el ejército de rebeldes de Uganda acusado de terrorismo y de cometer crímenes terribles incluida la mutilación de mujeres y la utilización de niños soldado. Tahir fue uno de ellos.
Fue secuestrado cuando tenía doce años, un día los soldados llegaron a su aldea y se llevaron a todos aquellos que se veían suficientemente fuertes. Tahir tenía tres hermanos más pequeños que él pero no se los llevaron a todos “nos dijeron que no podíamos ir juntos; a los más pequeños de ocho y nueve años los ataron y los golpearon hasta morir, a mi y a mi otro hermano de once nos obligaron a estar ahí y verlo todo; los dos murieron”.
Tahir, como miles de niños no sólo en Uganda sino en muchas otras partes del mundo, fue entrenado como soldado y obligado a matar “a sus enemigos”, enemigo que para el LRA es el ejército del gobierno ugandés que también secuestra y recluta niños para convertirlos en combatientes.
De mundo a mundo se ocupa sobre todo de temas y política internacional. Pretende ser la otra cara de la moneda y proporcionar una visión distinta. Hablaremos de política internacional, de medio ambiente, de conflictos y de la globalización, de Barack Obama y John McCain; de Irán, de India y de Rusia; de Putin y de Soros; de Naciones Unidas; de armas nucleares y del Protocolo de Kyoto.
Todo ello desde la perspectiva de una viajera apasionada, caminante del mundo... una ciudadana global curiosa, muy curiosa.
Me atrae conocer distintas culturas y estilos de vida. Afortunadamente mi curiosidad me ha llevado a lugares que jamás pensé poder explorar. Países y ciudades prósperos y otros sumidos en una terrible pobreza; algunos con recursos naturales extraordinarios y otros en los que los paisajes sucios y destruidos lastiman la vista.
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